Cuando diversas situaciones de nuestra realidad nos abordan, redirigimos nuestros pensamientos en buscar un eje en el cual esté puesta nuestra mirada. Esa mirada tratará de buscar testificaciones de los momentos vividos, sin embargo, cada una de las acciones cometidas son pura y exclusivamente mérito propio.

Cualquier instancia de la vida que se encuentre teñida por causas que surgen de situaciones extremas, las personas nos encontramos sintiendo más de lo que “normalmente” se siente. Los sentimientos están a la vista de todos en mayor dimensión, nos abrazan sin pedirnos permiso y pasan a formar parte de nuestra diaria sin máscaras que los contengan. Expresarlos, vivenciarlos, hacernos parte de ellos, para que el rincón del alma no logre censurarlos nunca más. No se guardan ni se limitan, al salir a la luz de hoy, se van disipando hasta llegar a convertirse en parte de nuestro ser. No existe condición alguna que nos haga culpables o no de nuestras acciones, sin antes ya haber estado latentes en algún punto.

Cuando se estigmatizan situaciones de la vida diaria y se necesita con urgencia buscar el quién, el por qué, una causa… ¿A qué nos conduce?

Yo prefiero el "para qué”. Los “para qué” abren posibilidades de crecimiento y mejora

experiencias atípicas que nos interpelan en un mundo nuevo que está apareciendo, y del cual aún nos estamos adaptando.

Viviendo cada día con diversas y nuevas situaciones, se busca en el otro lo que genera mi sentimiento. Y nada que surja con tanta fluidez es generado sólo por otra persona. Para que la vivencia se dé, seremos dos los partícipes.

Que por estos días, cada una de las situaciones que sucedan logren reactivar y generar una nueva manera de ver el mundo. Empecemos a preguntarnos: “¿para qué”? y luego, ¿esto es lo que quiero para mi vida?

Siempre mirarnos primero, lo demás… lo demás tendrá sus propios “para qué”. Comencemos por nosotros mismos, la mejor manera de buscar nuevos caminos y que tal vez, con suerte, se hagan eco en otros.

 

 

 

                                                                                                         María Celeste Pescio.

“Counselor” R.S.E 212/98

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