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10 de febrero de 2026

“Es el enero más seco que recuerdo y la lluvia nos esquiva”

Según el INTA San Pedro fue el enero más seco desde 1965. Desde la zona de Pergamino, el productor Juan Matkovich describió cultivos “castigados” entre Ramallo y el sur santafesino y advirtió: “Si no llueve ahora, se va a poner muy complicada la cosa”.

Después de un arranque de campaña con lluvias que habían recargado los suelos, el verano dio un giro brusco. Enero cerró prácticamente sin precipitaciones y encendió las alarmas en la región agrícola del norte bonaerense. De acuerdo con datos del INTA San Pedro, fue el mes más seco desde 1965, un escenario que hoy se traduce en lotes desparejos, plagas y pérdidas de potencial.

Desde la zona de Pergamino, el productor agropecuario Juan Matkovich describió un panorama dispar, con algunos milímetros aislados que apenas dieron alivio. “La verdad, preocupante”, resumió. Y explicó que en su sector cayeron entre 40 y 50 milímetros la semana pasada, lo que cambió momentáneamente el aspecto de los cultivos: “Acá se ve otra cosa, están más vigorosos, cambió el color”.

Sin embargo, esa mejora no se repite hacia el corredor del Paraná. “Nuevamente la zona de Ramallo, Rosario, Arroyo Seco, Villa Constitución… estamos castigados y el panorama es totalmente distinto”, advirtió.

Matkovich remarcó que la única razón por la que los lotes todavía resisten es el agua acumulada en primavera. “Arrancamos con el perfil un poquito más cargado y eso ayudó a sobrevivir este enero tan seco”, señaló. Pero la reserva se agota rápido: “Se están perdiendo plantas, se están perdiendo kilos”.

El productor contó que, además del estrés hídrico, crecen los problemas sanitarios. “Con la seca aparecen trips, arañuela, y eso retrasa el desarrollo y suma costos de aplicación en un cultivo que no sabés si se va a cosechar”.

Los mapas meteorológicos alimentan la frustración. “Todos los modelos dan lluvia, pero hay un hueco arriba de Ramallo y Rosario. Es increíble, nos esquiva”, graficó. “Ves el radar y se abre una media luna y quedamos mirando cómo la tormenta pasa de largo”.

Para los cultivos de segunda, el margen es mínimo. “Si llueve este fin de semana, se salva; si no, se va a poner muy aguda la cosa”, alertó. Y agregó: “Hoy lo que sea suma. Un chaparrón que estire hasta fines de febrero ya nos daría una oportunidad”.

La rutina tampoco se detiene. Lejos de la imagen de un campo en pausa, Matkovich relató jornadas largas de monitoreo y aplicaciones. “Arranqué a las cinco de la mañana. Hacemos 50 hectáreas por hora. No hay un día que alcance”, contó. “El descanso del productor casi no existe, somos multitarea”.

Consultado sobre alternativas como el riego, fue tajante respecto a su viabilidad en la zona. “La inversión mínima ronda los 200.000 dólares para 80 hectáreas. Pensar en amortizar eso en ocho o diez años en este país es muy difícil”, explicó, y consideró que apenas serviría para “mantener vivo el cultivo”, sin grandes mejoras de rinde.

A la falta de agua se suma la incertidumbre por los precios. Con una cosecha récord en Brasil, anticipa presión bajista. “Vamos a tener soja de 300 dólares para abajo. El panorama es incierto y preocupante”, sostuvo.

Aun así, el ánimo no se pierde. “Somos optimistas crónicos”, dijo entre risas. Y cerró con la misma esperanza que comparten muchos productores: “Nos duele el cuello de mirar para arriba, pero creemos que va a llover y que nos va a dar una oportunidad”.

 

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