Jueves
17 de Septiembre de 2026
LOCALES
17 de septiembre de 2026
A más de dos décadas del hecho que conmocionó al país, la reconstrucción de las horas más oscuras de Villa Ramallo y el histórico rol de nuestra radio, que blindó sus estudios para proteger a las familias de las víctimas y priorizó los derechos humanos frente al morbo nacional.
La mañana del 16 de septiembre de 1999 amaneció fresca en Villa Ramallo. A las 7:50, aprovechando que el empleado de correo golpeaba la puerta para entregar la correspondencia, tres delincuentes armados —Martín Saldaña, Javier Hernández y Carlos Martínez— se colaron en la sucursal del Banco Nación. El plan era rápido: robar la bóveda y escapar. Sin embargo, un vecino notó movimientos extraños y llamó al comando radioeléctrico. En pocos minutos, un imponente cerco policial rodeó el edificio. El plan perfecto se había frustrado. Los ladrones estaban atrapados con seis rehenes.
Entre los capturados se encontraban el gerente de la sucursal, Carlos Chaves, su esposa Flora Lacave, y el contador Carlos Santillán. Durante las siguientes horas, el país entero se paralizó. Los canales de televisión enviaron móviles de urgencia y transmitieron en vivo las negociaciones. El propio gerente, Chaves, hablaba por teléfono con los medios de comunicación y con la policía para intermediar, teniendo un pan de trotyl (explosivo) atado al cuello por sus captores.
La voz local ante la parafernalia nacional
Mientras los grandes conglomerados de Buenos Aires montaban un show televisivo que por momentos rozaba la imprudencia, la comunidad de Ramallo se informaba a través de su medio más cercano. Desde los históricos estudios de la Radio Ramallo en la calle Rivadavia 258, el aire se volvió denso. Bajo la conducción de Ariel Ribak, la emisora se convirtió en el faro informativo de la región, logrando un equilibrio milagroso: mantener a la población informada minuto a minuto sin ceder al morbo generalizado.
En las veredas del banco, esquivando el despliegue desmedido de las fuerzas de seguridad y las cámaras nacionales, se encontraba el cronista Miguel Villalba. El trabajo de Villalba en la calle fue un ejemplo de periodismo de trinchera. En medio de un clima asfixiante, el movilero siguió los movimientos de los francotiradores y el pulso de la negociación con una labor meticulosa, precisa y sumamente cuidadosa, consciente de que cualquier dato erróneo transmitido al aire podía poner en riesgo la vida de los rehenes que estaban a solo unos metros.
El quiebre y el fusilamiento en vivo
Pasada la medianoche, ya en la madrugada del 17 de septiembre, el quiebre fue definitivo. Los asaltantes sabían que las negociaciones no prosperarían. Decidieron jugar su última carta: una huida desesperada usando a los rehenes como escudos humanos.
A las 4:10 de la mañana, el portón del estacionamiento del banco se levantó pesadamente. Los delincuentes obligaron a subir al Volkswagen Polo verde, propiedad del gerente. Carlos Chaves fue forzado a sentarse al volante. A su lado, el contador Santillán era sostenido en las rodillas de uno de los ladrones para cubrir el parabrisas. En el asiento de atrás viajaba Flora Lacave, rodeada por los otros delincuentes.
El auto arrancó y avanzó lentamente hacia la avenida principal. Ni bien asomó la trompa a la calle, el infierno se desató. Sin ninguna planificación táctica ni orden judicial, los policías apostados en las inmediaciones abrieron fuego de manera masiva e indiscriminada.
Fueron exactamente 37 segundos de balacera ininterrumpida. Una ráfaga ensordecedora de fusiles FAL, escopetas e itakas que iluminó la noche. En total, se dispararon más de 170 proyectiles. El auto, sin control, terminó chocando contra un poste de luz a los pocos metros.
El búnker del cuidado humano: Rivadavia 258
Cuando las ráfagas cesaron y el silencio cubrió la avenida, la tragedia golpeó directo al corazón de la comunidad. El gerente Carlos Chaves y el contador Carlos Santillán yacían acribillados en el acto por balas de la propia policía.
Fue en ese momento de desesperación absoluta cuando el rol de la radio local trascendió lo estrictamente periodístico para convertirse en un verdadero escudo civil. Mientras el aire continuaba informando el desgarrador desenlace bajo el impacto de la noticia, las hijas de una de las víctimas se encontraban resguardadas físicamente dentro del edificio de la emisora.
Consciente del riesgo emocional y del salvajismo de la prensa exterior, Mirta Capozuca, directora de Radio Ramallo, tomó una determinación inquebrantable. Decidió blindar las instalaciones: por estricto cuidado del personal hacia las jóvenes, nadie ajeno a la radio podía acceder a los estudios de Rivadavia 258. Aquella dirección no solo fue la usina de la primicia responsable, sino un búnker de protección humana donde se contuvo, protegió y aisló a las hijas del dolor circundante, impidiendo que las cámaras de la voraz parafernalia nacional violaran su intimidad en el peor día de sus vidas.
El delincuente Martín Saldaña, que se había quedado rezagado dentro del banco y se entregó con vida, apareció muerto a la mañana siguiente en una celda de la comisaría de Villa Ramallo, con signos de haber sido golpeado para ocultar una red de complicidad con la propia policía de la provincia.
Reconocimiento al periodismo con conciencia
La cobertura de Radio Ramallo marcó un hito en la historia de los medios bonaerenses. Tiempo después, la impecable labor de Ariel Ribak al frente de los micrófonos fue galardonada con el prestigioso Premio Caduceo, otorgado por el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Provincia de Buenos Aires.
Este reconocimiento no premió la espectacularidad, sino una cobertura periodística donde primó en todo sentido el respeto, la ética y el cuidado fundamental de los derechos humanos, demostrando que se podía informar con rigurosidad sin vulnerar la dignidad de las víctimas. Del mismo modo, el trabajo de Miguel Villalba en la calle quedó registrado como el contrapeso ético necesario frente a la voracidad de los medios nacionales, priorizando siempre la vida, la veracidad y el respeto a sus propios vecinos.
La Masacre de Ramallo provocó un cimbronazo político inmediato en la Argentina, obligando a renuncias ministeriales y modificando para siempre los protocolos de actuación ante la toma de rehenes en el país, pero en la memoria de Ramallo, quedó grabado el eco de su radio local, la que eligió la humanidad por sobre el espectáculo del dolor.