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17 de julio de 2026
En el marco del centenario del Colegio de Abogados del Departamento Judicial de San Nicolás, el historiador Ricardo Primo reconstruyó el nacimiento de una institución clave para el norte bonaerense. Recordó cómo surgió la Caja de Previsión de los abogados, el enorme esfuerzo de los primeros profesionales y la transformación económica de una región que pasó del modelo agroexportador a la industrialización y hoy enfrenta nuevos desafíos.
Hay instituciones que cumplen años. Otras, en cambio, terminan contando la historia de toda una región. El Colegio de Abogados del Departamento Judicial de San Nicolás pertenece a este último grupo. Al celebrar sus cien años de vida, no solo recuerda el nacimiento de una entidad profesional, sino también un siglo de cambios sociales, económicos y políticos que atravesaron a San Nicolás, Ramallo, San Pedro, Baradero, Capitán Sarmiento y Arrecifes.
En diálogo con Radio Ramallo, el historiador Ricardo Primo, autor del libro El alma de la abogacía, repasó el recorrido de la institución y destacó el papel que desempeñó en la consolidación del ejercicio profesional en la provincia de Buenos Aires.
"No solamente estamos frente a uno de los colegios de abogados más antiguos de la provincia, sino también ante una institución cuyos matriculados elevaron permanentemente la calidad de la profesión", afirmó.
Para reconstruir esa historia, Primo explicó que realizó un profundo trabajo de investigación en libros de actas, archivos judiciales, bibliotecas y documentos históricos.
"Soy historiador y quise reflejar cómo fue creciendo el Colegio a partir de un análisis de documentos, boletines, archivos de tribunales y material histórico. Es una historia muy importante para toda la región", señaló.
Viajar un siglo atrás implica encontrarse con una región completamente diferente.
En 1926, San Nicolás todavía no era el polo industrial que décadas después modificaría la identidad del norte bonaerense. La economía giraba alrededor del puerto, el ferrocarril y la producción agroexportadora.
"Era una ciudad muy distinta. Todavía no se había desarrollado industrialmente. Se vivía del modelo agroexportador, con una actividad vinculada al puerto y al ferrocarril", explicó Primo.
El historiador recordó que fueron las grandes crisis internacionales las que impulsaron el proceso de industrialización del país.
"El campo aportó las primeras divisas que permitieron desarrollar la industria pesada. Eso cambió la fisonomía de San Nicolás y de todo el cordón del Paraná", sostuvo.
Con la instalación de industrias sobre la ribera del Paraná y, más tarde, la llegada de SOMISA a Ramallo, la región modificó definitivamente su matriz productiva.
Pero mientras el país cambiaba, los abogados enfrentaban desafíos impensados para la actualidad.
No existían computadoras, internet, expedientes digitales ni inteligencia artificial.
"Los abogados tenían que leer durante horas para interpretar una ley. No había digitalización de documentos, no existía la inteligencia artificial y algunos ni siquiera tenían máquina de escribir", relató.
Ni siquiera el propio Colegio contaba con una sede propia en sus comienzos.
"El Colegio tampoco tenía máquina de escribir ni edificio. Con el tiempo compraron una casa, después construyeron su sede y años más tarde inauguraron el edificio actual junto a Tribunales", recordó.
A eso se sumaban las enormes distancias que los profesionales debían recorrer para presentar escritos judiciales.
Carretas, caminos de tierra y comunicaciones precarias formaban parte del trabajo cotidiano.
Uno de los aportes más trascendentes del Colegio de San Nicolás trascendió incluso las fronteras del departamento judicial.
Primo contó que la actual Caja de Previsión Social para Abogados de la provincia tuvo su origen en esta ciudad, luego de la muerte accidental de uno de los primeros matriculados.
"Los abogados tomaron conciencia de la precariedad en la que quedaban las familias cuando fallecía un colega. Así nació una caja mutual que luego se transformó en la Caja Forense y finalmente en la Caja de Previsión de los Abogados de la provincia de Buenos Aires", explicó.
La conversación también permitió recorrer la evolución económica del norte bonaerense.
Primo recordó que primero predominó la ganadería; luego llegaron la vitivinicultura, los frutales y la agricultura. Más tarde apareció la industrialización impulsada por SOMISA y las empresas siderometalúrgicas.
Hoy, sostiene, la región atraviesa una nueva transformación.
"La industria del acero ya no es la misma que en los años noventa. El mundo cambió y eso obliga a buscar nuevas actividades vinculadas con la energía, la minería, el turismo y otras industrias que permitan sostener el desarrollo regional", analizó.
Para el historiador, el desafío consiste en adaptarse a una economía global que exige mayor competitividad y nuevas oportunidades de inversión.
El centenario del Colegio de Abogados encuentra a la institución convertida en un actor de referencia para toda la región, con presencia en organismos provinciales, nacionales e incluso internacionales.
Pero, para Ricardo Primo, el mayor patrimonio no está únicamente en sus edificios o en sus archivos.
Está en las generaciones de profesionales que, durante cien años, acompañaron la evolución de la sociedad, defendieron derechos y ayudaron a construir las instituciones democráticas del norte bonaerense.
Porque detrás de cada expediente presentado a caballo, en carreta o con una vieja máquina de escribir, también se escribió una parte de la historia de San Nicolás, Ramallo y de toda una región que sigue transformándose cien años después.