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14 de enero de 2021

En memoria de Rubito Sbuttoni

El hombre que tenía en el piano su alma y que se inspiró en la fortaleza de su corazón para salir adelante.

“Hay un momento en la vida en que debemos buscar dentro de nosotros para decidir”. “Rubito” Sbuttoni era y seguirá siendo de esos seres que cuando los conoces nunca los olvidas, porque ellos mismos tejen la grandeza de la vida – de su propia vida.

Lo despedimos a Rubito publicando la crónica que escribiera Irama Rodríguez para REPORTE SEMANAL DE RAMALLO en junio 2018

Un piano, una vida, un hombre

 

 

Por Irama de Jesús Rodríguez Pedraza

 

 

El genio se compone del dos por ciento de talento

y noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación.

Frase de Ludwig Van Beethoven.

 

 

Conocer a Rubito Sbuttoni es recibir ese aire de vida que te llena de fortaleza y que te dice que siempre hay que luchar para lograr lo que se quiere. Cuando conocí a este argentino nacido el 5 de abril de 1941 en Capital Federal, vi a un ser que aunque tiene una mirada un poco triste su rostro siempre refleja tranquilidad, serenidad, seriedad y mucha perseverancia… “Rubito Sbuttoni” es de esos seres que cuando los conoces nunca los olvidas, porque ellos mismos tejen la grandeza de la vida –de su propia vida-.

Les contaba que Rubito nació un 5 de abril y desde muy niño sintió esa pasión por el piano. Yo quise saber su edad y tomándome del brazo y acercándose a mí me dijo con el rostro brillando de la picardía –“ yo tengo más que vos 77 y te cuento algo, cuando nací pesaba más de lo que peso ahora”. Yo lo miré asombrada y le dije que me explicara esto pues no le entendí, entonces con las mejillas sonrojadas de la emoción al traer a su mente los recuerdos de su niñez me contó (recuerdos que seguramente le contaron en el calor del hogar), primero se rio a carcajadas y dice: es que cuando yo nací pesaba 5 mil 800 gramos (era grande para esa edad) en cambio ahora apenas llego a los 63 kilos, ves que entonces era más gordito que ahora? Y sigue sonriendo

mientras nos mira a Mirta Capozucca, Ariel Ribak y a mí. Y es que esta crónica surgió un sábado cualquiera en el programa de Ariel.

 

 

Por qué dejarte vencer,

por qué dejar de luchar,

por qué tener que rendirte,

por qué querer desmayar…

si la guerra no es perder una batalla…

y si se pierde una,

es dar un paso atrás

para dar un salto adelante

cual un imperioso león

que ruge aclamando Victoria…

Apartes del poema “SEGUIR ADELANTE SIEMPRE”.

 

 

Rubito Sbuttoni y el piano

 

Mientras cuenta sobre su vida Rubito se sienta sobre varios libros para poder alcanzar la altura del piano que acaricia tanto con las manos como con los ojos… dice que tiene 2 pianos en su casa pero que éste que ha traído a la radio especialmente para tocar a los oyentes lleva a su lado más de 30 años y entrecerrando los ojos dice: El órgano cumplió 34 años… lo adquirí durante la época de Alfonsín cuando la inflación corría de un lado para otro…

Y su rostro se volvió triste al recordar: “Durante muchos años no tuve instrumento (piano) para tocar… quería hacerlo pero no tenía los medios económicos para ello”. Recuerda que faltando dos años para recibirse de profesor de piano el maestro Ortigaza le propuso que el profesorado se lo daban en San Nicolás y él con mucha entereza y decisión les dijo que si no le daban el piano él se retiraba, “y ahí dejé porque cuando le pregunté a mi papá me dijo que no se podía. Y dejé y no quise más”...

 

Cuando se recibió de maestro de piano a los 14 años y su papá le dijo que no podía tocar piano porque no tenían para comprarlo, encontró dos ángeles que le brindaron su apoyo incondicional: Norma Otero y el Club Independiente donde él iba y le dejaban tocar el piano... Trae también a su memoria una anécdota: como el piano ya no se usaba Rubén Pastor decidió cambiarlo por un televisor… lo que no sabía Rubén era que todas sus partituras estaban dentro del piano y estas se perdieron con el piano, más de 74. Se entristece y al mismo tiempo crece en su silla como diciendo “no importa si todo lo que sé lo tengo en mi mente y en mi corazón”. - Creo que nunca más volvió a tener tantas partituras- . Y así en medio de las maravillosas melodías que nos transportaban por todos los rincones de la música, Rubito nos contaba su vida… Uno tiene que nacer para amar la música verdad…

 

“La única cosa que se interpone entre un hombre

y lo que quiere de la vida es a menudo simplemente

la voluntad de intentarlo

y la fe para creer que es posible.” Richard M.Devos

 

 

Ritmo 3

 

Rubito nos dijo que aunque ha estado compartiendo escenarios con otras personas, la mayor parte de su vida lo ha hecho solo pero recordó con mucha alegría los años con Ritmo 3 (nombre que le colocó al grupo Néstor Chiappari). “Yo toqué el piano en Ritmo 3 con Néstor Chiappari en la batería, López tocaba el bajo, la guitarra y cantaba los fines de semana eran para nosotros nuestra esencia, una oportunidad de tocar, trabajábamos viernes, sábados y domingos, incluso llegamos a tocar en La Emilia para 300 o 400 personas, esto fue entre el 90 y 94, un 31 de diciembre tocamos de segundos en el baile de Paraje Zino y se agregó Milaraña con el fuelle, Néstor Guerrina con el acordeón, fue algo hermoso e hicimos una presentación de 20 temas… Nadie dejaba de bailar y eso que se comenzaba el baile a las 12 y 30 de la noche.

 

“El futuro tiene muchos nombres.

Para los débiles es lo inalcanzable.

Para los temerosos, lo desconocido.

Para los valientes es la oportunidad. “

 

 

Anécdotas y anécdotas

 

Entre las muchas anécdotas que tiene Rubito con sus amigos recuerda estas con mucha risa y emoción: “hace muchos años se realizó un corso en Villa Ramallo, para bailar en el corso se juntaron Coco Belo con Tatita Benedetti y alquilaron un disfraz de dominó (con caretas, capuchas y todo) para meterse en el corso sin ser reconocidos… decidieron entonces encontrarse a las 8 de la noche para preparar todo porque los corsos comenzaban después de las 10 de la noche hasta la 1 de la mañana…ellos llegaron temprano al punto de reunión y decidieron ir al Cucharón de Oro a comer milanesas con papas fritas y para hacerlo se destaparon la cara, comieron y tomaron una damajuana de vino y a las 11 de la noche decidieron irse al corso, en el camino se sorprendieron cuando escuchaban que la gente del barrio La Cruz de Palo –donde vivía Tatita- los saludaba con su nombre “adiós Coco, adiós Tatita” y Tatita le preguntó ¡Será que nos disfrazamos tan mal que todos nos reconocen? A lo que él contestó, “hagámonos los pelotudos y vamos para lo del doctor Navas que NOS OLVIDAMOS DE PONERNOS LAS CAPUCHAS”. Al recordarlo sus carcajadas estremecen todo su cuerpo y su rostro se ilumina con esas anécdotas que evocan la maravillosa juventud…

Luego nos dice: tengo algo más para contarles: la historia de las palomas mensajeras –él vuelve a reírse y entre carcajadas nos cuenta: Resulta que Independiente va a la final en preparatorio con Defensores y cada equipo había ganado un partido en cada cancha por lo que decidieron jugar el tercer partido en cancha neutral y escogieron la de Pérez Millán (en esa época -hace 60 años- no había radio ni nada) y Luis Alberto Sbuttoni le prestó 5 palomas mensajeras a Sabino Saizi para que cada vez que Defensores hiciera un gol soltara una paloma mensajera para que los de Ramallo se enteraran de cómo iba el partido.. Entonces hace un gol Defensores y salió la primera paloma, luego empató Independiente y no salió la paloma… y entonces otro gol de Defensores -otra paloma- y dijimos si sale la tercera paloma la volteamos –ese día perdimos 3-1- pero no le hicimos nada a las palomas… y se reía sin parar de recordar como esperaban ver el vuelo de las palomas mensajeras… (Eran los tiempos en que las comunicaciones eran muy escasas).

 

“El reto de mi vida no era otro que descubrir

hasta donde podía llegar haciendo lo que me gustaba.”

 

Sin lugar a dudas la anécdota que más recuerda y que nos contó con mucha seriedad: “una vez fuimos a Salta y mi esposa y una amiga de ella se fueron a una tienda a comprar y entonces el esposo de ella y yo nos fuimos a caminar por la peatonal y cuando pasamos por una casa de instrumentos musicales vi un hermoso piano Yamaha (en esa época yo estaba emperrado en comprar un Yamaha y lo encontré) le dije al vendedor -tengo interés en comprar el Yamaha yz 85 a lo que me dijo ¿quiere tocar? Y empecé a tocar y en la peatonal comenzó a amontonarse la gente a escucharme y yo me concentré tanto en lo que hacía que se me olvidó el tiempo y de pronto y el vendedor me dijo ¡hay que hacer una sola cosa… acá hay que tocar o vender! “pues mientras usted toca yo no vendo”. Entonces le pregunté cuánto vale el piano y me dijo que 30 mil pesos, yo me planté y dije que solo tenía 25 mil… me contestaba el vendedor ¡no Señor el piano vale 30 mil!... así regateamos por varios minutos y me decía -hasta 26 mil- y no lo compré porque ninguno cedió… yo tenía los 30 mil pesos pero él no cedió y yo tampoco!…

 

Las grandes empresas de la vida,

no llegaron al azar…

sino con la perseverancia,

con ahínco, esfuerzo, coraje,

amor y voluntad…

con deseos de llegar lejos,

a la cima de donde todo

se puede observar

cual águilas reales

que dejan huellas al volar…

Apartes del poema “SEGUIR ADELANTE SIEMPRE”.

 

Y así en medio de anécdotas y muchos recuerdos en el tintero terminó esta entrevista. Al final luego de un fuerte abrazo “Rubito” guardó con mucho cuidado y amor su piano y se marchó a su casa en donde lo esperaba con amor su familia –esa misma familia que ya yo conocía por hacer unos de los tallarines más deliciosos que he probado en mi vida-. Y creo que así como la dedicación y la perseverancia que Rubito pone en todas sus cosas, así mismo moldea la vida de su familia para vivir en armonía, amor y hermosas melodías que brotan de su piano inspirados en su fortaleza para salir adelante…

 

“Hay un momento en la vida en que debemos buscar dentro de nosotros para decidir.”

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