Viernes 13 de Febrero de 2026

Hoy es Viernes 13 de Febrero de 2026 y son las 20:18 - Somos Acero FM | La Radio de Ramallo | TENEMOS 36 AÑOS DE RADIO |

LOCALES

13 de febrero de 2026

“Ramallo me abrió las puertas”: el camino de un docente que encontró un nuevo hogar lejos de su país

Eleardo y su esposa Sonia

Eleardo Cabrera, exintegrante de la selección venezolana de vóley, hoy profesor del club Los Andes, reconstruyó su vida en nuestra comunidad tras dejar su país. Entre recuerdos del deporte, la distancia de su familia y el dolor del exilio, eligió apostar al futuro sin perder la esperanza.

En el silencio de una mañana cualquiera en Villa Ramallo, la voz de Eleardo Cabrera viaja miles de kilómetros hacia el pasado. Habla pausado, con serenidad, pero cada palabra lleva el peso de una vida atravesada por el esfuerzo, la pérdida y la reconstrucción. Profesor universitario, entrenador, migrante y exjugador de la selección nacional de vóley de Venezuela, su historia es también la de millones que debieron dejar atrás su tierra para empezar de nuevo.

Yo vine en el 2018, con un permiso de la universidad por cuatro meses, pero las cosas estaban difíciles y decidimos quedarnos. Ya tengo ocho años aquí en Argentina”, cuenta en diálogo con Radio Ramallo.

En Venezuela había construido una carrera sólida. Durante más de dos décadas fue docente universitario y coordinador deportivo. Pero antes, en su juventud, integró la selección nacional de vóley en la década del 80, cuando el nivel sudamericano era feroz y los duelos con Argentina y Brasil eran verdaderas batallas deportivas.

Recuerda especialmente aquellos enfrentamientos con figuras que marcaron una época en el vóley argentino.

Argentina y Brasil eran los grandes rivales. Nosotros jugábamos contra jugadores extraordinarios como Castellani, Hugo Conte, Waldo Kantor… eran partidos muy duros, pero también muy lindos, porque uno aprendía mucho de ese nivel”, evoca.

Aquellos nombres no eran simples adversarios: representaban el más alto nivel del continente. Para Eleardo, formar parte de esa generación fue un orgullo que aún conserva intacto.


Una vida que cambió para siempre

En Venezuela, Cabrera había alcanzado la estabilidad que muchos buscan durante toda una vida. Tenía casa, vehículo, una carrera consolidada y la expectativa de jubilarse dignamente. Pero todo cambió.

Nos robaron todo. Nos robaron la dignidad, la reputación, la aspiración, los sueños. Las personas que entregamos toda la vida al trabajo perdimos el derecho a retirarnos dignamente”, afirma.

Recuerda que su salario, que alguna vez fue suficiente para vivir con tranquilidad, se volvió insignificante.

Cuando me vine, el sueldo era de tres dólares mensuales. No alcanzaba para nada. No se conseguía comida, no se conseguían medicinas”, explica.

La crisis no solo le arrebató su estabilidad económica, sino también algo más profundo: la cercanía con su familia. Su hijo, su hermano, sus nietos quedaron lejos, dispersos por distintos países.

A los abuelos nos quitaron el derecho de ver crecer a nuestros nietos. Eso es lo más duro. Separarse de la familia cuesta mucho”, confiesa.


El desarraigo y el renacimiento

Llegó primero a Buenos Aires. Durante dos años buscó oportunidades, trabajando donde podía, tratando de encontrar un lugar donde reconstruir su vida. Fue el vóley, una vez más, el puente hacia el futuro.

Un contacto le habló de Ramallo.

Me dijeron que aquí iba a estar tranquilo, que podía trabajar y vivir mejor. Me vine y aquí estoy”, dice.

En esta ciudad encontró algo que no esperaba: contención.

Aquí me han tratado demasiado bien. Cuando te tratan bien, tú das todo por ellos. Por eso en las clases doy lo máximo, porque uno tiene que ser agradecido”, asegura.

Hoy trabaja como entrenador de Los Andes y docente, formando nuevas generaciones. En cada entrenamiento, en cada corrección, transmite no solo técnica, sino también valores.

Uno no solo enseña deporte, también tiene que preocuparse por las personas, por su vida, por su crecimiento”, sostiene.


El país que dejó, el país que lo recibió

El recuerdo de Venezuela sigue presente, pero el regreso ya no es un proyecto definitivo.

Podría ir de visita, pero mi vida está aquí. Ya tengo mi trabajo, mi rutina. Empezar otra vez sería muy difícil”, admite.

El miedo también persiste.

Uno siempre tiene temor. Cuando sales de tu país, te ven como opositor. Te revisan todo. No es fácil”, explica.

Sin embargo, la distancia no ha borrado el amor por su tierra ni el dolor por lo perdido.

Uno se alegra por algunas cosas, pero también se preocupa. No es fácil salir de todo esto. Solo esperamos que algún día todo mejore”, dice.


El deporte como refugio y esperanza

En Ramallo, el vóley volvió a darle un propósito. Aquella pasión que lo llevó a enfrentar a los mejores jugadores del continente hoy se transforma en una herramienta para construir futuro.

Cada entrenamiento es también una forma de sanar.

Me da orgullo ver crecer a los chicos. Uno viene con la misión de enseñar, de ayudar, de aportar algo bueno”, afirma.

Su historia es la de un hombre que perdió mucho, pero que nunca perdió lo esencial: la voluntad de seguir adelante.

Desde aquel joven que enfrentaba a las grandes selecciones sudamericanas hasta el profesor que hoy forma a nuevos deportistas en una ciudad del interior bonaerense, Eleardo Cabrera es testimonio de resiliencia.

Porque, a pesar de todo, eligió quedarse, trabajar y volver a soñar.

Aquí estoy, agradecido, trabajando y construyendo una nueva vida”, concluyó.

COMPARTIR:

Comentarios