Por: Irama de Jesús Rodríguez Pedraza

 

 

“Ganador de mil batallas
Un verdadero guerrero
Excelente ser humano
Ante usted me quito el sombrero”

Apartes de la canción Alzo mi Voz –Tercer Cielo-

 

Les contaré que decidí escribir esta crónica en homenaje a ese ser de luz que fue Leandro Manuel Mansilla , y también les confesaré que como muy pocas me costó trabajo hacerla, no porque no tuviese material para hacerla, -por el contrario- tengo tanto que contar que no se por dónde empezar ni que decir… y ha sido muy difícil que sus amigos me cuenten algo porque el dolor es tan reciente que rompen a llorar con solo mencionarlo… pero tomando de aquí, de allá, de sus familiares, de sus amigos –los que pudieron hacer al lado el dolor y contarme sus anécdotas- y de mi interior, escribo esta crónica a esa voz que jamás podrá silenciarse porque seguirá vibrante eternamente… A ti, León de Acero, mi humilde homenaje al cumplirse un mes de tu triste partida.

 

El niño alegre

Leandro Manuel nació en Ramallo, el jueves 20 de diciembre de 1973, sagitariano que le hizo honor a su signo zodiacal: “Sagitario es un ser libre, ama viajar, aprender cosas nuevas, le gusta la aventura y el desafío”. -Dios, cuánto cuesta escribir sobre él en pasado-. Bueno, Leandro nació en el hogar formado por Angelita Solís y Juan Domingo Mansilla, hijo mayor de 5 hermanos, Elio, Leonel, Juan Pablo y Alfonsina. Al ser el primer hijo sus primeros años estuvieron dedicados únicamente a él, era muy consentido por su papá con quien le gustaba jugar al fútbol.  Los recuerdos sobre Leandro se remontan a aquella niñez cuando junto a un grupo de chicos  les gustaba  subir a un monte, esconderse, tirar frutas y regresar y esto lo marcó tanto que cuando se sentía enojado con la familia, se iba solo al monte a esconderse y prendía fuego para que sus amigos supieran que estaba ahí, también se escapaba por las noches con otro amigo en la época de la adolescencia, salían a fumar –aprendiendo a fumar-  y Leandro siempre recordaba que su amigo Cristian dejaba una almohada tapada en la cama para que no notaran su ausencia y pensaran que dormía y resulta que la madre del amigo siempre le echaba la culpa a él porque decía que Leandro era quien sacaba a su hijo, -esto siempre lo hacía reírse-.

Sus viajes al monte marcaban un poco lo que le gustaría años más tarde, recorrer montañas, caminar, subir, bajar y sentir la adrenalina que le daba el estar en contacto con la naturaleza.

“Se sabe poco de mí, y los que saben algo,

creen que es verdad. Qué loco no?”

Frase de Leandro Mansilla

Leandro crecía como cualquier niño feliz al lado de sus hermanos y le inquietaba descubrir de dónde salía la voz de los locutores de la radio y siempre trataba de desarmar una radio para averiguar qué era lo que había adentro, escuchaba radio de día y de noche y así fue aprendiendo a manejar su voz que era muy fina y que algunos amigos le colocaron el sobrenombre de “mascarita” por el timbre de la voz y le costó mucho trabajo para poder cambiar el tono hasta lograr la voz profunda que lo caracterizó siempre. Y es que este era Leandro Manuel Mansilla, un hombre que no le temía a nada y que cuando algo lo apasionaba luchaba por lograr perfeccionarse y buscar la excelencia que él quería.  Leandro logró llegar a la radio antes de cumplir los 17 años (más adelante les contaré detalles de esto) y su hermano Juan Pablo lo seguía siempre hasta el punto de hacerle todas las grabaciones y se convirtió en el productor del primer programa de radio que Leandro inició junto a Cristian Mansilla.

A Leandro le gustaba mucho jugar al fútbol el cual hizo su profesión durante mucho tiempo, después se dedicó a hacer profesor de tenis, después locutor y le encantaba animar eventos, no había fiesta en la que Leandro no fuese el alma de la misma, a cualquier evento al que él asistió jamás pasó desapercibido. Leandro tenía una magia especial que lograba atrapar la atención de quienes lo escuchaban. Quizá era la cadencia de su voz, su fuerza y la pasión que ponía en cada una de sus presentaciones lo que lo hizo único.

 

Juventud,  sueños y la radio

Pasaban los años y en medio de alegrías y travesuras crecía en Leandro el gusanillo de obtener respuesta a la pregunta: cómo era que salía el sonido de la radio?, así desarmaba una radio para conocerla por dentro y fue alimentándose en él el sueño de algún día poder estar en una radio…  (esta parte de la historia es contada por el mismo Leandro en una entrevista que concediera a los alumnos de sexto año de comunicación de la escuela secundaria 5 de Villa General Savio, Azul Mena, Abril Guevara y Josías Córdoba), y aquí comienza su historia sobre cómo llegó a la radio… con una voz fuerte pero ya un poco pausada  por su enfermedad, Leandro se dejó llevar por los recuerdos y se remontó a sus 17 años: “un amigo me invitó a una radio en Ramallo y yo arranqué de cara dura, pero no tenía ni idea que se hacía, fui a conocer una radio por dentro, una radio nueva , me fascinó,  mi primer programa fue algo que había escuchado en Buenos aires… las 40 principales… y la hice con un top 10 porque era lo que podíamos hacer, porque era muy difícil, era un lujo tener un cd… con un casette hacíamos un ranking… así arranqué, trabajando casi con las uñas, pero me fascinaba tanto lo que hacía que me dije que  me tenía que preparar y me fui a San Nicolás a estudiar…

Luego, me fui descubriendo y otro medios también y me llevaron a un evento en Ramallo a hacer una presentación ante el público algo que jamás había hecho… fui el líder de la noche, -la emoción se siente en su voz y yo escuchándolo, me parece ver el brillo en sus ojos por esto de la radio que él llevaba tan adentro como su sangre-, y siguió contando Leandro “desde ahí no paré de trabajar en eventos, muchísimos, de ahí  me llevaron para NBA donde trabajé 12 años y luego fui a trabajar a Radio Acero durante 16 años…

 

De la Radio a eventos

Le preguntan a Leandro cómo había sido el cambio de la radio a ser locutor de eventos públicos, entonces su voz se volvió aún más pausada, y esa misma voz se llenó con su ya conocida sonrisa,  cargada de emociones por los recuerdos y dijo: “yo era muy tímido, me costaba mucho estar rodeado de mucha gente, y es que pasé de ser desapercibido a ser la mirada de muchos, el centro de atención de todos, al principio fue muy duro pero lo logré y fue en un segundo: y frente al micrófono por primera vez en mi vida dije: Buenas noches, saludé, hice un chiste y como que me metí a todo el mundo en el bolsillo y eso me dio margen a relajarme y sentí que todo fluía y a partir de ahí me solté y dije si nadie lo hace lo hago yo y a partir de ese momento el micrófono fue mío… siempre donde iba conducía los eventos, el micrófono me buscaba, -suelta una carcajada y continua diciendo- yo era un caradura total.. para ser conductor de eventos no hay escuela que te enseñe… en ese momento me iba haciendo como podía… hacía lo que sentía, era re improvisad y traté de ser lo más profesional posible, buscar lo que mejor me salía, buscaba la mejor energía en mi trabajo, a partir de ese momento y hasta hoy, yo siempre tenía que irme satisfecho, no tenía que esperar que  me dijeran que mi trabajo era bueno, tenía que sentirlo yo”… “los locutores terminamos siendo casi lo mismo, venimos luchando con el conocimiento y  por un mismo sueño de estar en un medio, de estar delante de un micrófono… descubrir nuestra cabeza por dentro y exponerla delante de un micrófono a través de esa cajita negra que yo soñaba desde cuando era chiquito.

.- qué fue lo más intenso en un show? Qué te conmovió más?

“Cada escenario es distinto, siempre tengo nervios hasta que lo rompo cuando el micrófono se abre y estoy delante de la gente, siempre el nervio está porque es la responsabilidad que tienes con el público, pero si me das a elegir entre todos los escenarios por los que he pasado, el que me marcó sin duda es un Viva el Rio en el 2005 si mal no recuerdo cuando hice la conducción de los 10 años de Viva el Rio, pero hubo un momento que me impactó que fue cuando me tocó presentar a Los Auténticos Decadentes y ese día, temblé mucho porque tenía delante de mí a una de las bandas más importantes de Argentina,  más de 30 mil personas delante de mi… fue impactante, que entrara al escenario Jorge Serrano y que me diera un abrazo y un beso cuando lo había presentado, no lo podía creer, yo temblaba por todos los lados, y eso que he presentado muy buenos artistas, sin lugar a dudas en ese instante me sentía Mick Jagger –vuelve a sonar la risa contagiosa-.”

 

.- qué es lo mejor y lo peor de ser locutor?

Leandro suspira profundo, toma aliento y sigue regalándonos su entrañable voz a través de esta, -la que sería su última entrevista en radio- “Yo lo disfruto mucho, a lo mejor no es algo que da  mucho dinero, a lo mejor yo no tuve la oportunidad de ganar mucho dinero haciendo lo que me gusta, pero hasta acá pude vivir de la radio. Me siento frente a un micrófono durante 3 horas y hago lo que me gusta y que  no es poco, no me quejo y para mí lo mejor es la radio, es lo mejor que me ha podido pasar, es mi vida. Yo hace 30 años que trabajo en la radio y es mi vida, no le he encontrado nada negativo… vivo y soy feliz y ya con eso me alcanza…”

“ A la radio tienes que amarla totalmente, uno cuando piensa en el futuro dice: yo quiero ser locutor, piensa que va a trabajar así toda la vida y que se te van a abrir muchas puertas que van a tener mucho valor, a lo mejor esas puertas no tienen mucho valor,  no gané mucho económicamente pero se me abrieron otras puertas y las valoro mucho más que lo económico. En la vida hay que ser buena persona, ser buen estudiante, no mentir sobre todo, hoy están muy contaminados los medios de comunicación, hay que tratar de ser la mejor persona posible y muy buen profesional. Entregar todo con el mayor profesionalismo posible… yo en la radio y en mis presentaciones entrego hasta mi última gota”.

 Y finalizando esta entrevista, los alumnos le pidieron un consejo y luego de una pausa –tal vez pensando que decir- Leandro les dijo en el tono más serio que le he podido escuchar y con la melancolía cabalgando sobre cada palabra: “yo les aconsejo que estén seguros de la decisión que se toma, que si es su sueño lo van a lograr, es cuestión de que el bichito que le picó una vez diga voy para adelante porque es lo que me gusta, a lo mejor no se le abre la puerta de la radio y se le abren las puertas de la tv, del espectáculo, de enseñar en una escuela, siempre que estudies vas a tener una forma más fácil de enfrentar la vida, que sea lo que sea que hagas, lo hagas con cariño y con amor y metiéndole toda la pasión posible…” y sus palabras de despedida quedaron enmarcadas en medio del aplauso de estos alumnos que disfrutaron de una charla de casi 30 minutos con el que quizá será el más grande locutor de la radio en Ramallo: “Es un gusto hacerlo, ojalá se levante pronto esta pandemia y está cuarentena y pueda visitarlos y abrazarlos…

“No todos los superhéroes usan capas y tienen poderes!

Algunos tienen una gran sonrisa y una maravillosa VOZ”.-

Buscando detalles de la vida de Leandro, entrevista que no quise hacerle cuando ya transitaba por el penoso camino de su enfermedad, logré tener las emocionadas palabras de uno de sus amigos Andrés Caputo quien con voz entrecortada y con mucho dolor mientras las lágrimas resbalaban por cada una de sus palabras me dijo que tenía guardadas sus charlas por el WhatsApp, que Leandro está lejos físicamente pero no espiritualmente y que duele su partida, aunque sabemos que a todos nos va a tocar pero cuando duele mucho es porque hiciste mucho bien y ese era Leandro una persona de bien. Andrés y Leandro se conocieron en el 2011 Andrés pasaba a visitarlo en la mañana a la radio y Leandro en la noche a su programa.

Irama, “Leandro era un loco lindo, divertido, con  buen humor, siempre buscábamos cualquier momento para reírnos, manejábamos la misma ironía, él era muy especial y  sin darnos cuenta nos fueron uniendo muchas cosas. La radio, la enfermedad,  yo pasé por la misma situación en el 2002, por un tumor en la rodilla y  yo la gané, mi final fue diferente  al de él. Constantemente  los dos hablábamos de un camino que yo había transitado y que él recorría porque en ese momento yo entendía su dolor, el no saber cómo iba a terminar todo…  el año cuando se fue a Salta creció más la amistad entre los dos,  él pensaba que yo debía ocupar su lugar en Estación Macondo en Radio Acero, imagínate ese honor, pensar que yo podía continuar con lo que él hacía desde tantos años era para mí imposible, pero algo muy importante…

Con Leo teníamos proyectos en común, sueños en común y ganas de ir por más. Luego de venir a verme al teatro, quedamos que manejaría las funciones de La Patrulla Italiana en el interior, le dije que si al toque. El año pasado fue quien me ayudó a coordinar el viaje de los chicos del Club Italiano y pasamos un hermoso día con su empresa EcoAventura, para este año íbamos a crear nuevos recorridos. Desde que dejé de vivir en Ramallo, me sacaba al aire de la radio y hacíamos un ida y vuelta muy divertido, me dejaba hacer lo que yo quería, eso habla mucho de la persona que fue.

Leandro  era un gran amigo… -nuevamente se le quiebra la voz y tiene que parar para que las lágrimas que le hacían un nudo en la garganta le permitan continuar contándome sobre Leandro- él era una persona que no hace falta describir para mostrar lo que luchó estos últimos tiempo… en el último café que nos tomamos en Capital me dijo que admiraba mucho mi trabajo en el teatro y de ahí surgieron proyectos para que él manejara mi compañía en el interior del país, eran sueños, proyectos en medio de la crisis por la enfermedad pero con su férrea voluntad de pelearla, nosotros nos mensajeábamos casi todos los días, había mucha energía, muchos te quiero… dar fortaleza y mucha entereza…

Irama, Leo es tanto pero no merece que resumamos lo que sentimos por él, a mi me dejó un mensaje de mucha lucha pero por sobre todo de aventurero, nos gustaba a los dos la aventura, ir tras nuestros sueños, no nos interesaba nada en el buen sentido porque él siempre estaba atento a todo, hasta para contar la peor noticia estuvo atento…

Leo es sinónimo de amistad, de respeto, fuerza, sensibilidad, amor, yo hablaba con él y me daba ganas de hacer de todo… nuestras formas de ser son muy parecido… hablábamos dos segundos y nos queríamos comer el mundo…

Ahora me hacen falta sus mensajes en las mañanas para contar que había amanecido sin fiebre, que estaba luchando, que estaba dando batalla, por eso nos duele tanto, porque no se fue cualquiera, se fue Leo que aparte de ser un amigo era una persona que siempre sembraba una buena semilla en la otra persona, vivíamos conectados, su partida duele mucho, pero peor duele olvidarlo y por eso siempre debemos tenerlo presente…

Leo siempre dejaba algo en alguien, te cuento una anécdota que me marcó mucho cuando estaba internado, yo le dije que yo me tomaba un trago de tequila invocando a los dioses aztecas y que si estábamos con los dioses él y yo, él iba a mejorar y la fiebre comenzó a ceder, de esta forma todos los días a las 10 de la mañana y a las 10 de la noche yo me tomaba el trago de tequila, Leo se reía porque me decía que era muy bravo tomar tequila a las 10 de la mañana y yo le hacía un video todos los días…  Y mira ahora que no está, el día del amigo mi hijo de 7 años me dijo papá tendrías que tomar un trago de tequila porque tu amigo se va a poner muy contento y me tomé 2 tragos en honor de mi amigo… Irama será grande Leandro que  hasta un pibe de 7 años tiene algo guardado deLleo… y con la voz ya totalmente rota por los recuerdos del amigo que se fue Andrés Caputo se despidió y dio gracias a Dios por conocer a un ser tan especial.

 

Leandro y Yeyo

Y continué buscando anécdotas, recuerdos de sus seres queridos y hablé con Jessica Barberis, la mujer que compartiera los últimos 15 años al lado de Leandro… Al principio no pudo hablar pues el dolor lacerante cortó sus palabras y me dijo que me escribiría porque no podía hablar, al final me llamó y entre suspiros, largas pausas y nudo en la garganta pudo contarme lo que ella conocía de Leandro Mansilla. Se conocieron hace tantos años que ya se diluyen en el paso de la vida pero recuerda que fue en el Bingo donde ambos trabajaban y en este momento Jessica más conocida como La Yeyo con la voz cargada de sentimientos y suspirando profundo comenzó a contarme su bella historia de amor: Irama, “cuando yo lo conozco, él no había terminado el secundario y como yo soy maestra y profesora pesada le decía -dale ponete a estudiar- y bueno pues pudo volver a estudiar, terminar su secundario, tener una carrera terciaria, que no la terminó porque no le gustaba -técnico en seguridad e higiene-,  pero bueno por lo menos lo intentaba, en esta etapa conoce a mucha más gente también y no le gustaba porque se veía en una fábrica encerrado y él no nació para eso, desde entonces en cada presentación me convertí en su asesora de vestuario.

A Leandro le gustaba bailar muchísimo y todo el mundo quería bailar con él, algo que le apasionaba era bailar cumbia y decía que era negro del pueblo porque ellos eran los que sabían bailar cumbia, le encantaban Los palmeras, era de disfrutar mucho, amiguero en todos los sentidos de los viejos conocidos y de los nuevos, adónde íbamos de viaje siempre tenía amigos nuevos, tenía mucha facilidad para entablar una relación. Le fascinaba hacer asados, pan casero, empanadas, pizzas e invitar gente a casa, ser el organizador y el que agasajaba y cuando iba a otro sitio siempre participa haciendo algo. Le encantaban las pulseras en la mano tejidas a macramé, te cuento que en el último viaje a Rosario nos hizo recorrer toda la ciudad porque quería unas pulseras que había visto en internet y a sus amigos les pedía pulseras de recuerdo.

Leandro era un hombre al que le gustaba mucho la naturaleza, ir a las montañas del sur le apasionaba. Le encantaba la lluvia, amaba y anhelaba los días de lluvia, sacar fotos de cada sitio, paisaje, lugar o momento en el que estaba. Tenía por regla personal intentar siempre aprender algo nuevo cada año, algo nuevo para hacer, lo último fue aprender inglés, le gustaba perfeccionarse, cómo armar un programa, generar proyectos, era muy de la familia, juntarse con primos, organizar grupos de WhatsApp, él era el nexo de los que no se veían hacía mucho.

 

Y entre momentos durísimos por los recuerdos y el poco tiempo de haber partido Leandro, Yeyo siguió contándome sobre ellos dos: “nuestra relación era hermosa porque nos gustaban las mismas cosas,  teníamos muchas cosas en común, teníamos los mismos gustos, viajar a las montañas, recorrer, conocer, hacer amigos, siempre en todos los viajes que nosotros hacíamos teníamos amigos y nos volvíamos a encontrar, siempre estábamos en contacto con otra gente. Aprendimos a correr, nos fuimos al  cerro Champaquí y llegamos juntos, era muy compañero siempre.

Nosotros tratamos de vivir siempre como en vacaciones, donde íbamos lo tomábamos como un paseo, al médico, a cualquier sitio, disfrutábamos del paisaje, del ir y venir, y de paso íbamos al médico, yo me enojaba porque nunca pensaba en el tratamiento, primero eran los eventos… le decía que parara, que se diera un respiro, que no se sobre exigiera. Cuando se enteró de su enfermedad lo primero que le preguntó al médico era si podía seguir jugando fútbol, y cuando le dijo que si, se puso a llorar de la emoción porque podía volver a jugar el fútbol… Leandro siempre bloqueaba lo negativo… después jugó las veces que pudo, incluso en uno de esos partidos al papá le dio un infarto…y fue él quien lo llevó…

Leandro era un ser excepcional, con tantas ganas de vivir, una persona a la que nunca se le acababan las pilas, la última fiesta este año que fue en La Barcaza le dije yo te admiro por los que haces… y es que Irama,  la fiesta fue en verano, en febrero, él estaba enfermo y además una semana antes de hacerse la quimio, realmente tenía las pilas inagotables, él era muy muy carismático y era caritativo, siempre buscando que dar al otro y tratamos de ayudar.  

Cuando se fue a Salta nadie sabía que era locutor porque él no quería decir que era locutor para que no lo pusieran a laburar de eso, después la gente lo reconoció, decidió volver a Ramallo, volvió y lo hizo con todo porque inclusive volvió a hacer un montón de eventos.

Leandro  volvió a marcar su lugar aún con su enfermedad, como era su destino, y volvió a demostrar que este era su lugar. En el aniversario de Villa Ramallo me comentaba que la gente lo miraba mucho como queriendo descubrir su enfermedad, pero es que hasta ese evento él estaba muy bien –dentro de su enfermedad- no se le acababan las pilas, a las 5 de la mañana dijo que le dolían los pies y nos fuimos a descansar…

Que cosas tiene la vida

Me tocó verte partir

Cuando menos lo esperaba

Cuando te veía sonreír

El soñador: una voz que no puede silenciarse

Yeyo sigue hablándome de su gran amor, el hombre con el que compartió más de quince años de su vida y quien le dio todo y la hizo ser más guerrera que antes, Leandro le daba ese impulso de vivir minuto a minuto y de seguir luchando por el minuto que seguía, vuelve a recuperar el aliento luego de verse sumergida en los recuerdos de su ser amado y me dice: Si Irama, Leandro era un gran soñador… teníamos un sueño juntos, ir a Katmandú… miramos mucho documental del Tíbet para saber qué teníamos que hacer para viajar y nos decía a su mamá y a mi “acá me quiero ir”.

Un mes sin él

Lo que me pasa me sigue contando Yeyo,  es la ausencia de su voz, era tan bochinchero cuando llegaba, cuando hablaba por teléfono, era su esencia y eso es lo que siento, lo que falta es su esencia… era jocoso, era mi compañero, mi confidente mi cable a tierra, mi preocupación, estaba dedicada a él, que comiera sano…

Irama imagínate los sentimientos tan hermosos de Leandro que a él le preocupaba la enfermera que se ponía mal cuando no le podían encontrar la vena y era él quien calmaba a la enfermera, ella lo adoraba… era demostrativo… no se guardaba nada. Nosotros  empezamos a ir a la iglesia evangélica y comenzó a aferrarse en fe. Se fue muy tranquilo… una de sus últimas frases fue: “no me importa si fui un hombre bueno o un hombre malo, yo no quiero seguir más, hasta acá llego”… él hizo todo para irse tranquilo…

Él se operó el 10 de marzo y yo le dije, loco paraste el mundo, porque yo pedí licencia para estar con él y a la otra semana comenzó la cuarentena por la pandemia y seguimos en cuarentena y desde ese momento el mundo paró como si todos estuviesen pendientes de él, de su recuperación.

Y hoy alzo mi voz

Aunque no tenga fuerzas

Hoy alzo mi voz

Aunque no tenga palabras

Hoy alzo mi voz al viento

Dejando saber mis sentimientos

El día del sepelio no había nadie que hablara, y es que la persona que siempre tenía la voz ya no estaba, no tenía su voz… en mi casa hay un silencio terrible. Era una persona hermosa que le agradezco a la vida haber conocido y haberme encontrado con él. Me hubiese gustado verlo llegar a viejo, saber cuántas cosas locas más haría…  Ahora, yo me refugio en la cocina que era su lugar preferido, era tan casero, un mes antes de internarse estaba cocinando, haciendo empanadas, pan casero, escabeche, él tenía un juego de cuchillos hermosos y me dijo: “cuando yo me muera cuídame mucho todas mis cosas de cocina, úsenlas todas pero cuídamelas mucho”. Los muebles de la cocina, el televisor, la cocina era su cable a tierra y ahora es mi refugio… Yo me decía porque nadie me dijo que me iba a doler tanto, yo pensé que tenía elaborado el duelo por estar al lado de él pero no ha sido así, no está nada elaborado, es durísimo, no hay forma, no lo puedo cerrar… 10 meses durísimos desde que supimos de su enfermedad… su no estar es terrible… a mí me dejó un perro, en noviembre me dijo que quería tener un perro, como un niño me pidió que se lo dejara tener, yo no quería estar atada a un perro, pero él me dijo que quería tenerlo para que cuando él se fuera me quedara de compañía el perro y me dejó a Evo.  

Y aunque estés en mejor vida

Tu bella alma hoy descansa

Pero tu memoria nunca

De mi vida será borrada

 

 

 

Sol y Clara

Sus hijas Clara y Sol me hacen llegar este mensaje para su padre a un mes de su ausencia.

“Mi papá, una persona muy querida por todos, tenía esas ideas y locuras que nadie se las imaginaba, una persona que hacía amigos fácilmente, no le costaba entrar en confianza ya que él la transmitía. Siempre con su sonrisa y su humor por todos lados, por esas razones fue una persona muy querida por todos.

Un luchador de la vida que dejó todo hasta el último minuto, nos ha dejado muchas enseñanzas, pero la que más destacamos es que nos inculcó siempre a mirar para adelante aunque el mundo se nos esté cayendo a pedazos, que para todos los problemas siempre hay una solución. Nuestro papá fue un grande, no solo como papá sino como persona, y le agradecemos por todo lo que nos inculcó. 

Nunca nadie está preparado para perder a nadie, mucho menos a un papá, por eso su pérdida cada día que pasa cuesta un poco  más  al pensar que no lo veremos más. Nos consuela quedarnos con los mejores momentos, sus charlas y su maravillosa voz, nos quedan los mejores momentos guardados en nuestro corazón, agradecemos mucho a Dios por el papá que nos tocó, y también le agradecimos en vida todo lo que él hizo por nosotras.

Hoy se cumple un mes de su partida, saber que ya no va a estar más con nosotras físicamente es lo que más nos duele, pero sabemos que desde arriba nos va a cuidar y guiar siempre, el dolor está intacto, pero seguimos con las fuerzas que nos estás mandando.

Gracias otra vez por todo lo que hiciste por nosotras y por lucharla hasta el final, Nunca nos vamos a olvidar del gran papá que fuiste. Te extrañamos y amamos Muchísimo, Clarita y sol♥️

 

 

Gracias Leandro

No hay nadie que no  recuerde a Leandro, no hay nadie que no tenga una anécdota buena. Sus compañeros de la radio lo definen como un ser excepcional, que era risas, ocurrencias, charlas, compañerismo, complicidad… Leo era amistad, era quien me recibía con una gran sonrisa y me daba la bienvenida a su Macondo, y yo quiero finalizar prometiéndole cumplir uno de sus sueños: Leandro así como hasta el último momento mantuviste contigo la pulsera de Colombia, país –mi país- el que querías conocer recorriéndolo en moto, te prometo que mi próximo viaje lo miraré a través de tus ojos y tomaré las fotografías que tu querías, a Yeyo le llegará nuestro recorrido y me despido mi parcerito, mi valecito –como me decías- con un beso al cielo porque tú eres el León de Acero que la vida nos regaló.

 

“Se apagó tu voz, pero quedan los recuerdos”.

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