Los seis hijos de Jorge Salazar nos hicieron llegar este texto para compartir con la comunidad.

Nuestro papá:
Difícil de describirlo porque nos despertaba millones de emociones a la vez, un gran generador de sentimientos. Entre el silencio y la humildad vivió su vida de una forma muy particular. Los que logramos conocerlo vimos su corazón transparente, cautivador sin dudas, se hacía querer el viejo.


Si su taller hablara, más de mil anécdotas contarían esas herramientas, eran “sagradas” según sus sobrinos,  siempre deambulaba alguno fanático de su tío. Ese era su principal refugio, con su tele destartalada y algún que otro artefacto arreglado con alambre, así era feliz. El era “nuestro macgyver”. Ahora, de cobrar, ni hablemos: “Dejá, después me lo pagás con un café en el club”.

Un gran amigo lo nombró “amante del sol y del río” y lo fue con total pasión. Cuando éramos chicos amábamos mirarlo como esquiaba, se deslizaba en el agua de una manera que parecía ser parte del paisaje, se entendía con el río de una forma que ninguno de nosotros pudimos lograr, era pura conexión. Inigualable para nosotros, se nos caían las babas y lo llamábamos el “Rey del Paraná”.

Rutinario como ninguno, amiguero indiscutido, infaltable su vermut o su cafecito en el club después de almorzar. 

La política lo atravesaba, la llevaba en las venas, el legado que dejó nuestro abuelo “Tilucho” fue una raíz muy fuerte para toda la familia, esa fue su base y su fundamento que lo llevó con firmeza durante su paso en esa difícil y apasionada tarea. Muchas convicciones, no le gustaba prometer y no cumplir. Así que andaba en su famoso opel naranja recorriendo los barrios y escuchando al vecino y muchas veces ad honorem.

Su trayectoria en este mundo ha dejado muchas huellas, imposible no quererlo a nuestro padre, con una sonrisa sincera nos conquistaba mágicamente. 

Se propagará  por siempre  en nuestra familia su forma de amar, sus pasiones y sus valores,  por eso con orgullo decimos que fue un GRAN HOMBRE.

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