“Cuando pierda todas las partidas, cuando duerma con la soledad, cuando se me cierren las salidas y la noche no me deje en paz. Cuando sienta miedo del silencio, cuando cueste mantenerme en pie, cuando se rebelen los recuerdos y me pongan contra la pared…
Resistiré, erguido frente a todo, me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte, soy como el junco que se dobla,
pero siempre sigue en pie”.

Hace 7 años vivo en Villa Ramallo, provincia de Buenos Aires Argentina cuando me di una segunda oportunidad de organizar mi vida sentimental. Han sido 7 años maravillosos en los que he trabajado como periodista en este país, escribiendo crónicas sobre la gente común, la que está “invisible” para los medios, en el periódico local “Reporte Semanal de Ramallo” y dirigiendo un programa al que he llamado “La Voz de Macondo” desde el cual he tratado de unir musicalmente a Latinoamérica. Repito, han sido años maravillosos en los que afortunadamente cada año he podido viajar a Colombia a visitar a mis hijos, padres, familiares y amigos. Hoy, lamentablemente,la lejanía física que por tantos años he tratado de no sentir, (a pesar de estar a más de ocho mil kilómetros de distancia), construyendo esos lazos invisibles que me hacen sentir siempre en casa, hoy me golpea el corazón. Esta pandemia que he vivido desde enero cuando comenzó en Wuhan, -tengo un sobrino que vive en Beijing China donde se dio el inicio de todo- y su día a día conviviendo con la vorágine  de este virus “coronavirus” se convirtió en un constante sufrir para nuestra familia, pero también nos mantenía informados sobre lo que en este país hacían para combatirlo. Las drásticas medidas asumidas allá hacían sufrir a mi hermana, mi mamá lloraba constantemente al pensar en ese aislamiento al que había sido confinado su nieto en un país extraño y sin ningún familiar –pero esto lo veíamos como algo extraordinario y que jamás nos llegaría- y hoy 3 meses después, es mi sobrino desde Beijing quien nos da el paso a paso para manejarnos, es él quien ahora nos da fortaleza y nos dice: “resistan que esto pasará”.

 

“Cuando el mundo pierda toda magia, cuando mi enemigo sea yo.
Cuando me apuñale la nostalgia, y no reconozca ni mi voz. Cuando me amenace

la locura, cuando en mi moneda salga cruz. Cuando el diablo pase la factura…

Resistiré, erguido frente a todo, me volveré de hierro para endurecer la piel

Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte, soy como el junco que se dobla,

pero siempre sigue en pie”.

 

La cuarentena total obligatoria en la Argentina comenzó el viernes 20 de marzo y estará vigente hasta el 13 de abril y ese día, nuestro quehacer diario se detuvo… Aquí en Argentina, en Villa Ramallo donde vivo –que queda a dos horas y media de la capital Buenos Aires- es un pueblo pequeño, de apenas 40 mil habitantes, pero un pueblo maravilloso, a la orilla del río, donde el día a día es ir a los parques, tomar mate –yo no porque tomo café- andar en bicicleta (especialmente los mayores de edad), ir al rio a ver la puesta del sol o el amanecer, pescar a cualquier hora, vimos de repente como todo tuvo que detenerse… como periodista recibía diariamente informes que me llenaban de zozobra, me parten el alma y me hacen vivir en constante angustia porque esta lejanía hoy si me supera…

Aquí, en esta cuarentena tuvimos que suspender la edición del diario y la nueva emisión del programa que estaba en receso-. Hoy el día a día es levantarnos, revisar las noticias, rogar para que no pase nada más, contar los contagiados en todo el mundo y ver que hacen las autoridades en los países en los que tengo a algún ser querido –siento ahora que soy una corresponsal internacional de la vida-, aquí, para salir al supermercado, los mayores de 60 años pueden hacerlo entre las 7 y las 8 de la mañana –después no pueden salir-, cuando voy al supermercado debo esperar a que la encargada me dé la orden de entrar (solo se permiten cinco personas haciendo compras) sale uno y entra otro –mientras, afuera esperamos guardando una distancia de más o menos un metro- veo a los trabajadores desinfectando constantemente todo lo que tocamos, ya pasados varios días de cuarentena algunos supermercados te ofrecen llevar tu mercado a casa haciendo así que las salidas sean menos… sólo podemos transitar si llevamos una declaración juramentada, el tren ya no  circula, el transporte interdepartamental tampoco, la parálisis pública es total,pero como siempre no faltan los vivos que salen y parece que le importara poco lo que está sucediendo. En estos momentos las noticias nos llevan como en una montaña rusa en la cual subes y bajas de acuerdo al país que lees. Y como si fuera poco en este maremágnum de noticias pesimistas, yo tenía programado viajar a Colombia para el 30 de abril y recibo la notificación de Copa que mi vuelo queda cancelado hasta nuevo aviso, y consultando fuentes amigas en Copa, la situación no mejorará hasta el 15 de junio… se alarga mi viaje… y mientras tanto mi único medio de unión es el whatsApp –bendito whatsApp- que me permite acortar esta distancia que el “coronavirus” hace extenso…

Este confinamiento físico me ha hecho crear “mi Macondo virtual” en el que recorro las calles, sitios en los cuales dejo volar mi imaginación y abrazo a mis seres queridos y amigos y me olvido por un momento de este dolor que me apretuja el alma, que me hace dormir rezando el rosario pidiendo para que esto acabe y que me hace despertar en medio de la noche para seguir rezando para que el nuevo día no me entregue más noticias negativas…

Los periodistas tenemos acceso a información que el común de la gente no y por esto tal vez sufrimos un poco más lo que sucede…

El día a día en Argentina cambió –pero no faltan los inconscientes- como en todos los países que no creen en lo que pasa, que nos hacen temblar y que me llevan a pedir con más devoción para que cambien y vean la realidad de las cosas…

No sé qué pasará mañana… no sé cuándo volveré a escribir en el periódico “Reporte Semanal de Ramallo”, no sé cuándo “La Voz de Macondo” volverá a alzar su voz, por ahora solo los tengo a ustedes, mi Macondo virtual que me hace soñar con que esta pesadilla pase pronto y podamos regresar a nuestra locura habitual de caminar a las carreras, llamarnos a los gritos, saludarnos de besos y darnos ese abrazo rompe huesos… yo seguiré en cuarentena obligatoria en compañía de mi esposo argentino Néstor Ponga y mi suegra DeliaGalán, quienes me hacen sentir como en casa…

Qué difícil es vivir esto cuando tienes tantos seres queridos lejos, cada minuto reviso mi celular para saber que pasa en China, Colombia, Estados Unidos, España, Italia donde está un pedacito de mi corazón…

En Colombia, yo tengo a mi hijo médico Víctor Alfonso, luchando en primera línea en Cali para evitar que este virus cobre nuevas víctimas… a mi hija Alejandra nuevamente ve pospuesto el final del semestre de la Facultad de Licenciatura en Idiomas y por lo tanto no sabemos cuándo será su grado,   mis padres ya mayores de 80 años sufren diariamente por sus hijas y nieto fuera de Colombia, mientras,  virtualmente acompaño a mis seres queridos… hoy le doy gracias a los avances tecnológicos que son los que me mantienen con la esperanza de volverlos a ver… Cuídense mucho por favor, mientras los sigo en mi Macondo Virtual.

 

"Por fortuna, Macondo no es un lugar

sino un estado de ánimo que le permite a uno ver

lo que quiere ver, y verlo como quiere".

Gabriel García Márquez

Compartir

Comentarios