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2 de noviembre de 2026
Andrea López recibió un mensaje un miércoles, viajó el jueves con cinco propuestas y, con el vestido borgoña que diseñó en tiempo récord, llegó a la mesa más icónica de la televisión argentina. Desde su atelier de Ramallo, cuenta cómo se vive un sueño cuando llega de golpe.
Hay oportunidades que no avisan. A Andrea López, diseñadora de Ramallo, la suya le llegó en forma de mensaje de WhatsApp un miércoles. Del otro lado estaba María Fernanda Callejón, que necesitaba un vestido para su paso por La noche de Mirtha, ahora con la conducción de Juana Viale.
La respuesta no admitió demasiado análisis. “Antes realmente de pensar en qué y cómo y todo lo demás le dije que sí, obviamente fue un impulso”, recuerda.
El desafío era grande. No tenía las medidas de la figura de la televisión ni había podido verla en persona. Lo que sí tenía eran sus palabras y sus redes sociales. “Entre lo que ella me decía y lo que yo veía fuimos creando el diseño que presenté y que ella lució”, explica.
El color fue una decisión compartida con el espejo de la clienta. Entre las telas que tenía en el atelier, el borgoña fue el que mejor le sentó, por su tono de piel y por los tonos de maquillaje que suele usar. Con los escotes, Andrea fue fiel al estilo de Callejón: “Es una mujer muy sensual a pesar de tener 60 años, ella no pretende perder esa sensualidad”.
Y sobre el rol de quien diseña para una clienta de ese nivel, no dudó: “Uno tiene que respetar todo lo que en este caso la clienta propone”.
El contacto llegó a través de la red de afectos y del trabajo. Una amiga de su tía Roxana, y luego Adriana y Graciela, “esas dos personitas maravillosas”, como las define, tendieron el puente tras su paso por Argentina Fashion Week.
Cuando Callejón supo que el atelier no estaba en Buenos Aires sino en Ramallo, se preocupó por las corridas. Andrea la tranquilizó: “A mí la distancia no es un impedimento, si vos me lo permitís, yo viajo con cinco propuestas y vos decidís”.
Viajó el jueves al mediodía. Sabía que la clienta tenía un plan B con otros diseñadores y que podía pasar que nada la convenciera. Pero ya se sentía del lado de los ganadores: “Para mí, yo ya había ganado, yo ya estaba con ella frente a frente”. Y agrega: “Lo usé o no lo usé, para mí era una gran posibilidad a futuro”.
Finalmente lo usó. Según contó la diseñadora, Callejón le dijo después que lució el vestido “con mucho amor y mucha pasión” porque había quedado encantada cuando lo vio. “Realmente esas palabras para mí fueron un montón”, dice.
Tras la emisión, las redes se movieron. Andrea lo tomó con serenidad: “Cuando uno expone su trabajo también se expone a diferentes miradas y eso forma parte del mundo del diseño y de la moda”. Y sumó: “Me parece perfecto que haya diferentes opiniones”.
Es una situación que vive por primera vez, pero está convencida de que puede adaptarse rápido. Su receta es “ser objetiva con mi trabajo, ser objetiva a lo que la clienta pide, ser objetiva a mi objetivo también” y, “por sobre todas las cosas, seguir adelante”.
Frente a quienes ven en su historia un ejemplo de resiliencia, Andrea la explica con sencillez. Pensó que no podía perderse la posibilidad, y aunque había “un montón de puntos en contra”, todo quedó en “una situación mínima cuando las ganas y la pasión por lo que hacemos es mayor”.
Soñar fue siempre su refugio. “Cuando las cosas no van bien o no nos salen como queremos, lo que escapa en mi mente es seguir soñando y apostando a ese futuro”, cuenta. Había imaginado vestir a alguna celebridad del país, aunque admite que “nunca me iba a imaginar” que sería en esa mesa.
Lejos de subirse al vértigo, su prioridad es cumplir con las clientas de fin de año. “Yo me debo a mi pueblo, a mi público, a mis clientas que son las que me mantienen”, dice. Este año recibió además llamados de Arrecifes, San Nicolás y otras zonas, algo que la motivó a seguir adelante.
Detrás de esa constancia hay un sostén: “Gracias a Dios tengo una familia hermosa que siempre me apoya”.
Antes de despedirse, dejó una reflexión sobre su oficio: “Detrás de cada creación hay una historia, hay una búsqueda y un trabajo que todo el tiempo merece ser valorado”.
Para Ramallo, la historia de Andrea López es motivo de orgullo. Desde su atelier llegó a la televisión nacional, y llevó consigo el nombre de toda una comunidad.