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2 de noviembre de 2026
El estudiante de 15 años fue golpeado en un aula de la Escuela Técnica N° 1 de Villa Ramallo y debieron extirparle el bazo tras una importante pérdida de sangre. Permanece internado en terapia intensiva en el Hospital Gomendio, con evolución favorable. La Jefatura Distrital de Educación informó los protocolos de actuación y las medidas de acompañamiento, aunque evitó brindar detalles sobre lo ocurrido.
Un episodio de violencia ocurrido el último viernes en la Escuela de Educación Técnica N° 1 Bonifacio Velázquez de Villa Ramallo terminó con un adolescente de 15 años internado en terapia intensiva y sometido a una intervención quirúrgica en la que los médicos debieron extirparle el bazo. La gravedad de las consecuencias generó preocupación en la comunidad educativa y volvió a poner en primer plano la necesidad de reflexionar sobre la violencia en las escuelas.
De acuerdo con la información recabada, el hecho se produjo alrededor de las 9 de la mañana, durante un recreo. Un grupo de estudiantes se encontraba dentro de un aula arrojándose tizas cuando, en circunstancias que deberán esclarecerse, uno de ellos habría golpeado con el puño a un compañero, provocándole una lesión de consideración.
En un primer momento, el adolescente regresó a su domicilio al mediodía. Sin embargo, cerca de las 13, cuando volvió al establecimiento para participar de la clase de Educación Física, comenzó a sentirse mal. La situación motivó la comunicación con sus padres y su mamá lo trasladó a la unidad sanitaria.
Desde allí fue derivado al Hospital José María Gomendio, donde los estudios médicos permitieron determinar la gravedad de la lesión. La fisura del bazo y la importante pérdida de sangre hicieron necesaria una intervención quirúrgica de urgencia. Los profesionales resolvieron extirparle el órgano para controlar el cuadro.
Desde entonces permanece internado en la Unidad de Terapia Intensiva. Su evolución es favorable, aunque durante el domingo habría presentado un pico de fiebre, por lo que continúa bajo seguimiento médico.
La respuesta de Educación
Tras conocerse el episodio, la Jefatura Distrital de Educación, a cargo de la licenciada Alejandra Signo, difundió un comunicado oficial a pedido de los medios de comunicación.
El documento no aporta precisiones sobre las circunstancias en las que se produjo la agresión ni sobre las actuaciones particulares realizadas en el establecimiento. En cambio, presenta los lineamientos generales que rigen ante situaciones de conflicto y violencia dentro de las instituciones educativas.
Bajo el concepto de una política de cuidado hacia los estudiantes, sus familias y las comunidades educativas, el comunicado señala que se debe resguardar la integridad y los derechos de niños, niñas y adolescentes. También recuerda que, por normativa, no corresponde brindar información que permita identificar a las personas involucradas.
Entre los procedimientos mencionados, Jefatura Distrital destaca la atención inmediata de la salud de la persona afectada, la comunicación con las familias y la aplicación de los protocolos vigentes.
Asimismo, detalla que el abordaje institucional contempla la aplicación del plan de prevención de riesgo, la articulación con las áreas de Salud y Justicia, las acciones de prevención y reparación, y el seguimiento de los estudiantes y sus familias. El proceso, agrega el documento, cuenta con el asesoramiento y respaldo de los inspectores y las direcciones provinciales.
Una situación que interpela a la comunidad educativa
Más allá de las actuaciones institucionales y de la investigación que permita reconstruir lo sucedido, el episodio deja una preocupación que trasciende las paredes de la escuela.
Una agresión física durante un recreo terminó provocando una lesión de extrema gravedad. Un golpe que, en principio, pudo haber sido interpretado como una pelea entre adolescentes tuvo consecuencias que obligaron a una intervención quirúrgica y mantienen a un joven bajo cuidados intensivos.
La evolución favorable del estudiante representa una noticia alentadora en medio de la preocupación de su familia y de la comunidad educativa. Sin embargo, lo ocurrido vuelve a plantear interrogantes sobre la convivencia escolar, la prevención de las agresiones y la responsabilidad de los adultos y las instituciones en la construcción de ámbitos seguros para los estudiantes.