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LOCALES
18 de septiembre de 2026
En una charla emitida por "Conectados", la profesora ramallense repasó ocho décadas de vocación docente, amor y aprendizaje mutuo, en el marco del Día de la Ancianidad.
En una entrevista realizada en el programa Conectados, conducido por Mariela Kauffman en Radio Ramallo, con motivo del Día de la Ancianidad, participó María Aurelia Constante de Benzi, una de las figuras más queridas y reconocidas de la comunidad local.
Con 85 años y una memoria que ella misma califica de "prodigiosa", la profesora repasó su historia de vida entre anécdotas de aula, recuerdos familiares y reflexiones sobre la vejez. "Fui muy feliz haciendo lo que me gustó siempre, poniéndole mucha pasión por lo que veo y también interés en el otro", resumió.
Nacida en Rosario en 1941, María Aurelia llegó a la zona en 1969, cuando se instaló junto a su esposo en El Paraíso, para luego mudarse en 1982 a Villa Ramallo, el lugar que hoy siente como propio.
"Soy nacida en Rosario, pero tengo mucho más de ramallense que de rosarina", definió con orgullo. Y agregó: "Me siento como de acá porque acá nacieron mis hijos, pasé gran parte de mi vida".
La vocación, desde la infancia
Contó que la pasión por la docencia la acompañó desde niña, cuando jugaba a ser maestra con sus muñecos. "Siempre yo ponía los muñecos en una puerta, y ahí escribía y mandaba y ordenaba, como que fuera una maestra", recordó entre risas. Aunque su padre insistía en que estudiara bioquímica o farmacia —convencido de que la educación era la verdadera herencia que podía dejarles a sus hijos—, ella eligió el magisterio y más tarde el profesorado de Historia, su materia predilecta. "Mi papá decía: ladrillos no les voy a dejar. Lo que les voy a dejar es que estudien y sigan una carrera que les permita desenvolverse en la vida", evocó.
Para sostener sus estudios trabajó como administrativa en una cátedra de la Facultad de Medicina, dentro del Hospital Centenario de Rosario, transcribiendo historias clínicas. Fue, según relató entre risas, "la maestrita" que hasta en ese empleo corregía la ortografía de los textos que pasaba a máquina: "Esas cosas que son de maestrita", definió con humor.
El amor y la memoria del otro
Ya instalada en la región, ejerció como profesora de nivel secundario durante décadas, además de desempeñarse como vicedirectora. Nunca trabajó como maestra de grado, pero sí como educadora en la Escuela Técnica y en el Instituto Secundario, donde continuó dando clases hasta bien entrada la pandemia, cuando problemas de columna la obligaron finalmente a dejar las aulas. "No se puede dar clases sentada", explicó, y detalló el motivo con precisión: "Tenés que semblantear, saber si el chico está atento o le pasa algo".
A lo largo de la charla, destacó ese arte de leer a sus alumnos más allá de lo académico. "Casi todos los días les decía: hoy aprendí algo nuevo", recordó, convencida de que la docencia es, ante todo, un vínculo humano. "Es un servicio que se maneja con personas. Entonces las personas tenemos que comprender al otro", reflexionó.
Sobre su matrimonio con el doctor Rafael Benzi, a quien conoció en la casa de una compañera de estudios en Rosario y no, como muchos suponen, en su trabajo, fue tajante: "No, no, no, para nada. Todo el mundo piensa lo mismo". Y lo definió con cariño: "Es una persona también compañero, gran compañero. Y muy comprensivo, muy bueno".
Mirar la vejez con otros ojos
Consultada sobre los prejuicios hacia los adultos mayores, María Aurelia fue clara: prefiere no generalizar, aunque reconoció haber sentido en carne propia cierta impaciencia ajena, sobre todo en su etapa previa a la jubilación, cuando algunas compañeras jóvenes le preguntaban reiteradamente cuándo pensaba retirarse. "Por ahí me molestaba. Yo no me hubiera atrevido nunca a decirle eso a una profesora", confesó. Su respuesta, siempre, fue la misma fórmula que aplicó toda su vida como docente: "Hay que buscar el tiempo, el momento oportuno para decir las cosas. Yo te hablo bien, no te estoy hablando en forma incorrecta, te hablo bien", explicó, convencida de que "bajar los decibeles" es la mejor receta ante cualquier conflicto.
Hacia el final de la charla, remarcó que la clave de una vida plena está en disfrutar lo que se hace y en seguir aprendiendo, sin importar la edad: "Nunca es tarde para cambiar, para modificar conductas y para aprender", sentenció. Y cerró con una definición que resume su filosofía de vida: "Viví una vida y viví bien. Eso es lo más importante".
La entrevista, realizada en el marco de la conmemoración del Día de la Ancianidad, se convirtió en un homenaje espontáneo a una trayectoria marcada por la entrega, el estudio y el amor por enseñar.