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17 de septiembre de 2026
Mario Monauni, productor agropecuario y vecino criado en la zona, recordó su infancia, los domingos de fútbol, los grandes bailes y una vida rural en la que el club era el corazón de la comunidad. El 12 será el acto protocolar y el sábado 17 la cena aniversario.
El Paraje Zino se prepara para vivir una celebración que tendrá un significado especial para varias generaciones. El tradicional club de la zona rural de Ramallo cumple 100 años y la comunidad trabaja en los preparativos para festejar un siglo de historia, encuentros y recuerdos.
Para quienes nacieron y crecieron en ese lugar, el aniversario no representa solamente una fecha. Es también una oportunidad para volver a encontrarse con una parte de la propia historia.
Uno de ellos es Mario Monauni, productor agropecuario y vecino de la zona, que nació allí en 1961 y desde su infancia mantuvo un fuerte vínculo con el paraje y con el club.
“Esto da mucha alegría. Uno que se ha criado acá, a veces te digo, me lleva muchos momentos, mucha emoción”, expresó Monauni en diálogo con Radio Ramallo.
Los festejos ya tienen fecha. El 12 se realizará el acto protocolar por el centenario, mientras que el sábado 17 tendrá lugar la cena aniversario.
Mientras la comisión organiza los últimos detalles, quienes forman parte de la historia del club se preparan para una celebración que tendrá también un fuerte componente de memoria.
Monauni nació en la zona de Costa Brava, donde recuerda un paisaje rural marcado por un ombú y la presencia de una Virgen. Allí pasó sus primeros años y comenzó su recorrido escolar en la Escuela N° 2.
A los ocho años, su familia se trasladó hacia la zona de la Ruta 51, en el kilómetro 13. Sin embargo, el vínculo con el Paraje Zino continuó.
El club era parte de la vida cotidiana. Cuando llegaba el domingo, los jóvenes tenían un lugar de encuentro: la cancha y los partidos de fútbol.
“Al club, los domingos, cuando uno tenía 12, 13 años, íbamos a jugar al fútbol ahí”, recordó.
Aquellos encuentros eran parte de una rutina que hoy parece lejana. El club concentraba buena parte de la actividad social de la zona.
Monauni lo resumió con una frase que sintetiza el cambio producido con el paso de los años:
“Hoy en día vos vas al río a dar una vuelta; antes era ir al club”.
El relato de Monauni también permite reconstruir cómo era la vida rural varias décadas atrás.
Según recordó, en la zona había una importante cantidad de productores y familias que vivían en los establecimientos agropecuarios. Con el paso del tiempo, muchas de esas personas se fueron trasladando hacia Ramallo y otras localidades.
La Escuela N° 2 es uno de los ejemplos que utiliza para dimensionar aquella realidad. Monauni recordó que llegó a tener alrededor de 80 o 90 alumnos, una cifra que reflejaba la cantidad de familias que habitaban los campos de los alrededores.
Y cuando llegaban los bailes, la convocatoria era todavía mayor.
Durante las décadas del 70 y 80, los encuentros podían reunir a cientos de personas y, según sus recuerdos, en algunas ocasiones llegaron a convocar alrededor de 1000, 1200 o incluso 1500 personas.
“La zona siempre fue bastante movida”, sostuvo.
Los bailes, los partidos de fútbol y las reuniones en el club formaban parte de una vida comunitaria que tenía en la institución uno de sus principales puntos de encuentro.
Pero celebrar un siglo también significa mirar hacia atrás y recordar a quienes fueron parte de esa historia.
Para Monauni, la llegada del centenario despierta emociones porque muchos de aquellos vecinos, amigos y familiares ya no están.
“Hemos compartido muchas cosas con seres muy queridos que hoy no están”, señaló.
Entre esas ausencias aparece especialmente la de su cuñado, Mario, quien esperaba con entusiasmo la llegada del centenario pero no pudo participar de los festejos.
“Él estaba ansioso porque iban a empezar los 100 años, pero no pudo llegar a verlos”, contó.
La frase resume una parte de lo que significa este aniversario: la celebración de una institución que atraviesa generaciones y que conserva en sus paredes y en sus historias las huellas de quienes pasaron por allí.
La comisión organizadora trabaja en estos días para terminar de preparar una fiesta que busca reunir a quienes todavía viven en la zona, a quienes se fueron y a quienes mantienen ese vínculo afectivo con el Paraje Zino.
“Estamos haciendo entre todos, la comisión, preparando, creo que con mucha alegría, los 100 años. Estamos esperando”, afirmó Monauni.
Después de un siglo, el escenario rural cambió. Muchos productores dejaron de vivir en el campo, las familias se trasladaron a las ciudades y aquellas grandes reuniones de los domingos quedaron en el recuerdo.
Pero hay algo que permanece: la identidad construida alrededor del club.
Por eso, cuando el Paraje Zino vuelva a reunirse para celebrar sus 100 años, no habrá solamente una fiesta. También estarán presentes los domingos de fútbol, los bailes multitudinarios, las familias, los amigos y aquellos vecinos que hicieron de ese lugar una parte fundamental de la vida rural.
Y entre todos esos recuerdos estará la voz de Mario Monauni, uno de aquellos chicos que alguna vez fue al club un domingo a jugar al fútbol y que ahora, varias décadas después, espera volver a encontrarse allí para celebrar un siglo de historia.