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28 de Agosto de 2026
LOCALES
28 de agosto de 2026
La inspectora de la Región XII cerró una extensa trayectoria dedicada a la educación pública y eligió las redes sociales para agradecer los reconocimientos recibidos. En sus palabras aparecen los nombres que no quiso escribir, pero sí recordar, los estudiantes, las escuelas y una convicción que atravesó toda su carrera: nadie construye solo.
Hay personas que pasan por un lugar de trabajo. Y hay otras que, con los años, terminan formando parte de la historia de ese lugar.
Marcela More pertenece a la segunda categoría.
Después de 36 años de trabajo ininterrumpido, la inspectora de la Región XII se jubiló. Pero su despedida no fue solamente la de una trabajadora que llegó al final de su carrera. Fue también la despedida de alguien que durante décadas caminó escuelas, acompañó docentes, escuchó estudiantes, compartió decisiones con equipos directivos y construyó vínculos que fueron mucho más allá de una función administrativa.
Por eso, cuando decidió escribir en sus redes sociales después de los distintos reconocimientos que recibió, no habló de sí misma como una protagonista individual. Eligió hablar de todos.
“Como saben no soy de publicar, pero hoy lo veo necesario”, comenzó su mensaje. Y enseguida apareció el motivo: agradecer profundamente los actos, mensajes, abrazos, videos y audios que recibió desde que accedió a su jubilación.
“Para mí son importantes todos”, escribió. Y mencionó tanto a las direcciones provinciales, intendentes, instituciones y organismos como a sus compañeros y compañeras de todos los días, los de ayer y los de hoy.
Porque, como había dicho en los actos de los que participó, “lo hicimos juntos y juntas”.
Esa frase podría resumir buena parte de su recorrido.
More recordó que esos 36 años no fueron simplemente años de trabajo. Fueron una parte enorme de su vida.
“Este tiempo marca un momento muy especial de mi trayectoria laboral, que no es más ni menos que una gran parte de mi vida, enorme, larga, vital, feliz parte de mi vida”, escribió.
Y quizás allí esté la clave para entender la emoción de su despedida.
No se está despidiendo solamente de un cargo. Se está despidiendo de rutinas, de escuelas, de compañeros, de reuniones, de viajes, de proyectos, de problemas compartidos y de miles de pequeñas historias que terminaron formando una vida.
“Tuve la gran suerte de hacer lo que me gusta siempre”, contó. Pero inmediatamente corrió el eje de la palabra suerte y eligió otra explicación: “esa maravillosa bendición de amar y disfrutar de lo que hago y de la gente con la que estuve rodeada”.
A quienes compartieron ese camino quiso honrarlos.
Y lo hizo con una imagen especialmente potente: la de un entramado de hilos que une a las personas.
“Si pudiéramos ver el hilo que nos une en cada cosa que hicimos juntos sabemos que es muy potente y que sobre esa trama de acciones compartidas cada día se erigieron otras historias vitales, una gran comunidad”, escribió.
Su historia laboral comenzó siendo muy joven, apenas terminada la secundaria. Trabajó en una casa de regalería, después en un negocio de venta de materiales y más tarde llegó a la Municipalidad.
Allí comenzó una etapa vinculada al trabajo social y al contacto directo con las problemáticas de las familias y las comunidades.
Pasó por distintas áreas: Bienestar Social, Desarrollo Humano, Niñez, Servicio Local, Salud, Educación, Violencia y la Comisaría de la Mujer.
Fue también un tiempo en el que muchas de las herramientas institucionales que hoy existen todavía no estaban.
“Trabajamos tanto... en tiempos donde los derechos estaban llegando”, recordó.
Después llegó la educación.
La Escuela N° 4, el Jardín 902, el CEC 802 y finalmente la Escuela N° 1, donde permaneció durante 14 años.
Allí encontró a algunas de las personas que marcarían su vida profesional.
“Mientras escribía estas palabras cada rostro venía con un recuerdo”, contó.
No quiso nombrarlos a todos porque, explicó, después de tantos años seguramente sería injusta con alguien.
Pero sí dejó una enseñanza que se llevó de aquella escuela y que después aplicó en cada lugar donde trabajó: “confiar en los pibes, confiar en los equipos de trabajo como confiaron en mí”.
Llegaron después los concursos, las nuevas responsabilidades y el trabajo como inspectora de Psicología Comunitaria y Pedagogía Social.
La escuela se hizo región. Los compañeros se multiplicaron. El equipo se volvió enorme.
Y en ese recorrido More aprendió —o confirmó— algo que aparece como una de las ideas centrales de su despedida: “Nadie se salva solo... estamos todos enlazados”.
Inspectores, directivos, docentes, auxiliares, equipos de orientación, jefaturas, referentes regionales, Consejos Escolares, gremios, municipios y organismos provinciales formaron parte de ese entramado.
También los estudiantes.
Ellos aparecen una y otra vez en su relato, como destinatarios finales de buena parte de ese trabajo.
Porque para More cada escuela puede ser una oportunidad para cambiar una historia que parecía escrita de antemano.
“Desde todos los lugares se puede hacer mucho para romper con la profecía del destino de nuestros pibes, de nuestras escuelas, de nuestras comunidades”, sostuvo.
Y desde esa mirada repasó algunos de los avances que acompañó durante su carrera: instituciones que se crearon, escuelas y jardines que se ampliaron, edificios que se construyeron, mejoras edilicias, patios abiertos, atención de la ruralidad y las islas, ferias, encuentros deportivos y espacios para escuchar a los estudiantes.
También habló de la necesidad de que la escuela sea un lugar donde todos tengan un espacio.
“Que las escuelas sean espacios de paz y de convivencia, que haya lugar para todos”, escribió.
La jubilación marca un punto final en su función, pero no necesariamente en el vínculo con la educación.
Su salida deja, además, una expectativa para la comunidad educativa de Ramallo: que el próximo inspector o inspectora pueda continuar una manera de trabajar cercana a las escuelas y al territorio, acompañando a estudiantes, docentes y equipos directivos.
Porque en Ramallo la educación pública puede ser mucho más que una política de una gestión o de un espacio partidario. Puede convertirse en una bandera compartida, una herramienta de desarrollo local y una construcción que trascienda los nombres propios.
Y quizás eso sea también parte de la huella que deja More.
Una forma de entender que los resultados no pertenecen a una sola persona.
Que detrás de cada escuela hay muchas manos.
Que detrás de cada estudiante hay una comunidad.
Y que detrás de cada logro hay un equipo.
Por eso, al final de su mensaje, volvió a donde había comenzado: a los otros.
“A mis compañeros y compañeras de trabajo, a todos y a todas las que tuvimos la posibilidad de conocernos por el trabajo, por los tiempos de estudio para rendir, por transitar los distintos lugares, por todo lo que hicimos juntos y juntas”.
Y cerró celebrando ese camino compartido:
“Todo eso y mucho más que no entra en este espacio de publicación hicimos juntos y yo estoy feliz de celebrarlo con ustedes”.
Marcela More se jubiló. Después de 36 años, deja un cargo, pero también deja rostros, historias, aprendizajes y una trama de vínculos difícil de medir.
Una huella que, como ella misma escribió, no se construyó en soledad.
Se construyó entre todos.