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21 de agosto de 2026
A bordo de un Mercedes-Benz de 1982 convertido en motorhome, la pareja él brasileño y ella argentina ya recorrió más de 100.000 kilómetros por Sudamérica. Pero detrás de cada paisaje que muestran hay una búsqueda todavía más profunda: crear videos que ayuden a otras personas a relajarse, descansar y encontrar un momento de calma en medio del ruido cotidiano.
Hay viajes que se hacen para llegar a un destino. Y hay otros que, con el paso del tiempo, dejan de tener un punto de llegada.
La historia de Davi y Maira empezó con un viejo sueño familiar: tener un motorhome y salir a recorrer caminos. Encontraron un Mercedes-Benz de 1982, un colectivo que estaba lejos de ser una casa rodante, y decidieron transformarlo. Lo que inicialmente imaginaban como una experiencia de algunos meses terminó convirtiéndose en una forma de vida.
“En vez de pagar un alquiler, pagamos combustible”, contó Maira durante la entrevista con Radio Ramallo.
La frase parece sencilla, pero resume una decisión enorme. Dejaron atrás una vida más convencional para construir otra en movimiento, con menos gastos, menos certezas y muchas más historias.
Hoy están en Las Flores, San Juan, entre la precordillera y la cordillera. El viejo colectivo es su casa, su lugar de trabajo, su refugio y también el escenario desde donde cuentan sus viajes a través de Desbravando Rotas, su proyecto audiovisual.
Cuando comenzaron, Davi y Maira se dieron seis meses para probar.
Seis meses para saber si podían acostumbrarse a vivir sobre ruedas, si el colectivo funcionaba, si el trabajo remoto era compatible con el movimiento y, sobre todo, si realmente querían esa vida.
Pasaron seis meses.
Después un año.
Después dos.
Y todavía siguen.
“Realmente nos encontramos, nos gustó muchísimo”, explicó Maira.
Davi lo define de una manera todavía más contundente: “Ya no es una vida de viaje, sino un estilo de vida”.
No tienen una hoja de ruta rígida. Pueden pensar en ir hacia el norte y, al día siguiente, decidir cambiar completamente de dirección.
“¿Y si vamos para el sur?”, se preguntan mientras toman mate.
Y entonces giran.
El colectivo no tiene velocidad, pero tiene historia. Puede recorrer entre 150 y 200 kilómetros en un día y después detenerse. Si el lugar les gusta, se quedan. Una noche, tres o las que sean necesarias.
“No tenemos nada definido. Va dictando el camino”, explica Maira.
La magnitud de la aventura se entiende cuando aparecen los números.
Entre 2021 y 2022 recorrieron unos 25.000 kilómetros por Brasil. Después comenzaron a recorrer la Argentina y pasaron por sus 23 provincias. También conocieron Paraguay, Uruguay, el sur de Bolivia y Chile.
Maira calcula que ya llevan alrededor de 100.000 kilómetros recorridos.
Sin embargo, no hablan de kilómetros como quien habla de una competencia.
No hay apuro.
Hay lugares que merecen quedarse un poco más.
Hay caminos que necesitan ser recorridos lentamente.
Y hay paisajes que, una vez vistos, invitan a volver.
Entre todos esos lugares hay uno que permanece especialmente en la memoria de la pareja: Lago Posadas, en Santa Cruz, cerca del límite con Chile. Allí encontraron dos lagos de colores diferentes, separados por un pequeño istmo, en medio de un paisaje desértico que los sorprendió.
Dentro del colectivo hay una vida completa.
Y hay detalles que hablan de ellos.
Uno de los más importantes es la salamandra a leña que instalaron después de conocer a otros viajeros. Era un sueño que tenían desde que comenzaron a imaginar cómo sería su casa sobre ruedas.
Hoy, cuando afuera la temperatura puede llegar a los -12 grados, adentro pueden mantener entre 20 y 23 grados.
Allí se sientan, descansan y toman mate.
También están Neglis y Pepita, las dos gatas que acompañan a la pareja. Antes eran tres, pero la madre de ambas murió después de enfermarse. Maira recuerda que, pese a su edad, también pudo disfrutar de aquella vida viajera.
Las dos que quedaron parecen haber adoptado completamente el espíritu de la montaña.
Y tienen, además, un lugar privilegiado frente a la salamandra.
Pero la historia de Davi y Maira tiene otra dimensión.
Porque ellos no solamente recorren lugares.
También buscan que otras personas puedan recorrerlos con ellos.
Y ahí aparece Desbravando Rotas.
Sus videos son diferentes a los tradicionales contenidos de viajeros. No buscan mostrar solamente dónde estuvieron, qué hicieron o qué recomendarían.
No necesitan hablar permanentemente frente a una cámara.
La naturaleza habla por ellos.
El sonido del viento, la lluvia sobre el techo del colectivo, el fuego de la salamandra, los pasos, los paisajes, una comida preparada dentro de la casa rodante y los sonidos propios de cada lugar forman parte de una propuesta audiovisual que ellos identifican como ASMR.
La intención es generar una sensación.
Que quien mira pueda sentir, aunque esté a miles de kilómetros, algo parecido a lo que ellos están viviendo.
Y ahí aparece quizás la parte más conmovedora de su proyecto.
Davi y Maira descubrieron que sus videos podían ser algo más que imágenes bonitas de lugares increíbles.
Podían hacerle bien a alguien.
Maira lo explicó durante la entrevista con una frase que resume el espíritu del proyecto.
“En un mundo que habla tanto y tanto y tanto, y tanto ruido, es bueno bajar un poco eso”.
No quieren imponer una mirada sobre un paisaje.
No pretenden decirle a quien está del otro lado de la pantalla qué tiene que sentir.
Prefieren mostrar.
Dejar que cada persona saque sus propias conclusiones.
Que pueda observar un paisaje, escuchar la lluvia, ver cómo se prepara una comida o simplemente contemplar el fuego y encontrar allí unos minutos de tranquilidad.
Y esa búsqueda empezó a generar respuestas.
Personas que les escriben para contarles que miran sus videos antes de dormir.
Personas que llegan después de una jornada de trabajo y encuentran en esas imágenes una manera de desacelerar.
Personas que necesitan unos minutos sin noticias, sin discusiones, sin opiniones y sin el ruido permanente de las redes.
“Es como que, después de un día de trabajo, ve un video de naturaleza, que estamos preparando comida, que estamos haciendo cosas así. Entonces, baja un poquito ese ritmo para poder descansar y dormir”, contó Maira.
Davi lo compara con una sensación muy cotidiana: el sonido de la lluvia golpeando sobre el techo.
Ese ruido que muchas veces escuchamos sin prestarle demasiada atención y que, sin embargo, puede generar una sensación inmediata de calma.
Ellos intentan llevar esa sensación a la pantalla.
“Traer la sensación física a través de la imagen y del sonido”, explicó Davi al describir el objetivo de sus videos.
Tal vez allí esté la verdadera particularidad de Desbravando Rotas.
En una época en la que casi todo contenido busca llamar la atención, ellos eligieron hacer algo diferente: bajar el volumen.
No gritar.
No acelerar.
No llenar cada segundo con palabras.
Dejar espacio para escuchar.
Por eso sus videos también están pensados para personas que buscan relajarse y para quienes encuentran en los sonidos y las imágenes de la naturaleza una herramienta para descansar o atravesar momentos de estrés. Durante la entrevista mencionaron especialmente a personas con ansiedad y también a personas dentro del espectro autista como parte de quienes pueden encontrar valor en ese formato.
No necesitan explicar demasiado.
Una lluvia puede contar una historia.
El viento puede contar otra.
Una fogata encendida en medio de la montaña puede decir mucho más que una larga explicación.
Y quizás esa sea la razón por la que quienes los siguen sienten que no solamente están mirando un viaje.
Por algunos minutos, están allí.
Davi nació en São Paulo, pero después de tantos kilómetros recorridos por Argentina siente que este país también es suyo.
“Yo me siento uno más acá en Argentina”, dijo.
Y después lo explicó desde un lugar todavía más emocional: aseguró que adoptó a la Argentina como su patria.
Habla de los paisajes, de la diversidad y de la posibilidad de encontrar en un mismo país desiertos, nieve, montañas, lagos, playas y selvas.
Pero habla especialmente de la gente.
De las personas que conocieron en el camino.
De quienes los ayudaron.
De quienes les dieron un consejo para atravesar una ruta complicada o enfrentar la nieve.
Porque viajar también es encontrarse con otros.
Y en esa ruta fueron construyendo amistades con otros viajeros y una red de información que les permite conocer el estado de los caminos y las condiciones de cada región.
Ahora la idea es continuar hacia el norte. Después probablemente vuelvan a Brasil para realizar algunos arreglos en el colectivo y prepararlo para el verano. Más adelante, el desierto de Atacama aparece como una posibilidad.
Pero no hay certezas.
Porque así funciona su vida.
“Mañana no sé”, dijo Maira.
Y quizás no necesiten saberlo.
Porque hace años que descubrieron que el viaje no siempre consiste en saber hacia dónde ir.
A veces consiste en permitirse avanzar.
Davi y Maira transformaron un colectivo viejo en una casa. Transformaron una idea en una vida. Transformaron miles de kilómetros en recuerdos.
Y, casi sin proponérselo, también transformaron sus viajes en una pausa para otras personas.
Mientras ellos recorren lentamente las rutas, hay alguien del otro lado de una pantalla que, después de un día difícil, se sienta, pone uno de sus videos y escucha la lluvia.
Durante unos minutos no hay apuro.
No hay ruido.
No hay obligación de llegar a ninguna parte.
Solamente un paisaje, el sonido de la naturaleza y la posibilidad de respirar un poco más despacio.
Quizás ese sea el viaje más importante que hacen Davi y Maira: el que empieza en una ruta perdida de la Argentina y termina, silenciosamente, en la vida de alguien que necesitaba un momento de calma.
Y mientras tanto, ellos siguen.
Con sus dos gatas.
Con su salamandra.
Con su viejo Mercedes-Benz.
Con más de 100.000 kilómetros recorridos.
Y con la certeza de que, aunque no sepan dónde van a dormir mañana, encontraron algo que durante mucho tiempo estuvieron buscando.
Un lugar al que llamar hogar.
Aunque ese hogar tenga ruedas.