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14 de agosto de 2026

“La llevaba con una naturalidad que parecía una mujer de veinte años”: la historia de Mabel que conmovió al país

La doctora Camila Agotegaray, especialista en diagnóstico prenatal, acompañó parte del seguimiento del embarazo de Mabel, la mujer de 62 años que esta semana fue mamá de David en el Hospital San Felipe. En diálogo con la Radio Ramallo contó cómo fue atravesar un embarazo de alto riesgo, los controles realizados y el trabajo de un equipo que siguió de cerca cada etapa hasta el nacimiento.

Hay historias que empiezan mucho antes de llegar a una sala de partos.

La de Mabel comenzó con un deseo: ser madre. Pasaron los años, llegó la menopausia y, cuando parecía que ese sueño ya no podía concretarse de manera natural, decidió recurrir a un tratamiento de fertilidad.

A los 62 años, finalmente, quedó embarazada.

Y esta semana, en el Hospital San Felipe, nació David.

La noticia recorrió los medios nacionales, pero en Ramallo la historia tiene además una particularidad: detrás de ese nacimiento hubo profesionales de la salud de la ciudad que acompañaron el embarazo durante meses.

Una de ellas fue la doctora Camila Agotegaray, especialista en diagnóstico prenatal y ecografías, quien dialogó con Radio Ramallo y contó detalles de un proceso que tuvo controles permanentes y que fue considerado de alto riesgo desde el comienzo.

“Mabel era una paciente de 62 años que ya hacía más de diez años seguramente que estaba menopáusica”, explicó Agotegaray.

El embarazo fue posible a través de un tratamiento de fertilidad realizado en Rosario. Una vez atravesado el primer trimestre, Mabel fue derivada para comenzar el seguimiento obstétrico y eligió el Hospital San Felipe.

La doctora Romina Ruffini estuvo a cargo del control obstétrico y Agotegaray participó, junto con el doctor Federico Ensabella, de distintos controles ecográficos.

“En conjunto y con todo el servicio de Ginecología y Obstetricia del San Felipe hicimos el seguimiento del embarazo”, relató.

Hasta que llegó el momento del nacimiento.

La cesárea se realizó el miércoles. El bebé estaba en posición pelviana, es decir, sentado, por lo que no podía realizarse un parto vaginal. La edad de la madre también fue un factor considerado por los profesionales.

“Por suerte ha salido todo muy bien”, contó la médica.

Un embarazo que exigió máxima atención

La historia de Mabel es extraordinaria, pero desde el punto de vista médico también implicaba riesgos concretos.

“La edad de la paciente lleva obviamente a que la mujer tenga más riesgos”, explicó Agotegaray.

A medida que aumenta la edad materna, explicó, también crecen las posibilidades de desarrollar determinadas complicaciones durante el embarazo, como diabetes, trastornos hipertensivos o restricciones en el crecimiento intrauterino.

A eso se sumó el tratamiento de fertilidad.

“El embarazo logrado a través de una fertilización in vitro hace que ese embarazo tenga más riesgo”, señaló.

Por eso, la médica fue contundente al describir el proceso: “Fue un embarazo de riesgo durante todo el embarazo, tanto para la madre como para el bebé”.

El seguimiento incluyó controles ecográficos en los distintos trimestres y estudios específicos para detectar posibles complicaciones.

“En cuanto a la preeclampsia se pueden hacer los screening ecográficos que se hacen en el primero, en el segundo y en el tercer trimestre”, explicó Agotegaray.

También se controló el crecimiento del bebé, el líquido amniótico y la posibilidad de detectar malformaciones.

La diabetes gestacional, en tanto, fue monitoreada mediante estudios de laboratorio.

Cada control tenía un objetivo: anticiparse a cualquier complicación.

“La llevaba siempre con una naturalidad que parecía una mujer de veinte años”

Pero más allá de los estudios, los riesgos y los protocolos médicos, hubo algo que sorprendió particularmente a la profesional durante el seguimiento.

La manera en que Mabel transitó su embarazo.

“Me llamaba la atención cómo todos los cambios que una tiene durante el embarazo y lo que conlleva llevar un bebé dentro de la panza, ella lo llevó siempre con una naturalidad que parecía una mujer de veinte años”, contó Agotegaray.

Una frase que probablemente sintetiza mejor que ninguna otra el costado humano de esta historia.

Porque mientras la edad convertía el embarazo en un caso excepcional desde el punto de vista médico, Mabel atravesaba el proceso con una naturalidad que sorprendía incluso a quienes tenían la responsabilidad de controlarlo.

Y esa situación también llevó a la profesional a reflexionar sobre los comentarios y prejuicios que suelen aparecer cuando una mujer decide ser madre a una edad avanzada.

“Hay mucho juicio de valor”, señaló.

Y agregó: “Uno no puede ponerse a juzgar a ver si la madre tiene sesenta años”.

Para el equipo médico, la situación era clara: el embarazo ya estaba en marcha y había que acompañarlo.

“Una vez que ya se embarazó, uno tiene que acompañarla y tratar de cuidar la salud de la mamá y del bebé”, sostuvo.

La elección de un hospital público

Hay otro capítulo de esta historia que tiene una particular importancia para la región

Mabel eligió el Hospital San Felipe.

Según explicó Agotegaray, la paciente no solamente se sintió cómoda con la institución, sino que valoró especialmente los servicios disponibles.

“Ella elige el hospital porque se siente primero cómoda con el lugar y el nivel de la atención”, relató.

En un embarazo de alto riesgo, la posibilidad de contar con neonatología era fundamental.

“Claramente al ser un embarazo de alto riesgo tenía más riesgo de tener un bebé prematuro”, explicó la médica.

Y allí apareció una de las fortalezas del San Felipe: “El servicio tanto de maternidad como de neonatología del hospital es un servicio, un centro de derivación”.

La elección de Mabel permitió mostrar también una dimensión que muchas veces queda oculta detrás de las noticias: el trabajo cotidiano de los profesionales que sostienen la atención pública.

Ecografías, controles, estudios, seguimiento, guardias, derivaciones y un equipo multidisciplinario que acompaña cada nacimiento.

Una historia excepcional, pero no una recomendación

La historia de Mabel generó sorpresa y también abrió interrogantes sobre la maternidad a edades avanzadas.

Pero Agotegaray puso un límite claro a cualquier interpretación equivocada.

“Todo el mundo puede decir que se puede, pero no deja de ser algo riesgoso”, advirtió.

Y explicó que “cuanto mayor es la edad de la madre, mayor es el riesgo de complicaciones tanto para la mamá como para el bebé”.

Por eso, la médica aclaró que la historia de Mabel no debería interpretarse como una recomendación para buscar un embarazo a los 60 años.

“Me parece que el mensaje no sería que a los sesenta años recomendar ir a hacer un tratamiento de fertilidad”, sostuvo.

La diferencia es importante: una cosa es acompañar y cuidar a una mujer que ya está embarazada y otra muy distinta es desconocer los riesgos que implica buscar un embarazo a una edad avanzada.

Un hospital donde cada vez nacen menos niños

La conversación con Agotegaray también permitió mirar más allá de esta historia particular.

Porque mientras el nacimiento de David fue excepcional, en el Hospital San Felipe hay otra realidad que se observa todos los meses: cada vez nacen menos niños.

La médica recordó sus primeros años de residencia.

“Cuando yo hice la residencia en el hospital, hace ya como quince años atrás, nosotros teníamos al mes alrededor de cien, ciento veinte nacimientos por mes”, recordó.

Hoy el escenario es muy diferente.

“Ahora hay meses que tenemos cincuenta, sesenta”, explicó.

Es decir, en algunos períodos la cantidad de nacimientos se redujo prácticamente a la mitad.

Para Agotegaray, se trata de un fenómeno atravesado por múltiples factores.

“Es un conjunto de distintos factores”, señaló.

Entre ellos mencionó que las mujeres ya no necesariamente son madres tan jóvenes y que muchas eligen desarrollar simultáneamente una carrera profesional y una vida laboral.

“Las mujeres se han desarrollado profesionalmente y eligen por ahí no solamente quedarse en su casa y criar hijos, sino trabajar, desarrollarse”, explicó.

También mencionó el mayor acceso a los métodos anticonceptivos y otros factores sociales que modificaron las decisiones vinculadas a la maternidad.

El cambio demográfico incluso comienza a verse en instituciones educativas.

“Acá nosotros en Ramallo este año, no en todos los jardines, pero han abierto salita de un año que antes no había, por los pocos niños que van al jardín”, contó.

Y dejó una conclusión sencilla, pero contundente: “Es real que hay menos niños y más gente grande”.

El trabajo detrás de cada nacimiento

La historia de Mabel también permitió conocer un poco más de la tarea cotidiana en el San Felipe.

La maternidad cuenta con 13 habitaciones y 26 camas. Recibe pacientes de la guardia y numerosas derivaciones de distintos puntos de la región.

Ramallo, San Pedro y Baradero forman parte de esa red de atención.

“Es un hospital que continuamente recibe pacientes y así como se reciben también se derivan”, explicó Agotegaray.

El crecimiento de los servicios también hizo que el trabajo sea cada vez más multidisciplinario.

“Tenemos cardiólogo infantil que hace toda la parte de ecocardiograma”, contó.

Y resumió la transformación de los últimos años con una frase: “El servicio, la realidad, es que ha crecido, ha crecido mucho”.

Detrás de ese crecimiento hay profesionales que todos los días siguen embarazos, reciben pacientes, realizan estudios, enfrentan situaciones complejas y acompañan a las familias.

Esta vez, una de esas historias terminó de la mejor manera.

Mabel llegó al hospital después de haber buscado durante años cumplir su deseo de ser madre. Atravesó un embarazo de alto riesgo, fue controlada durante meses y finalmente ingresó al quirófano.

David nació.

Y mientras la historia recorría los medios nacionales, en la región también quedaba otra historia para contar: la de una mujer que decidió ir detrás de un sueño y la de un equipo de salud que estuvo allí para acompañarla.

Porque, como explicó Camila Agotegaray, detrás de un nacimiento excepcional también hay algo mucho más cotidiano y silencioso: profesionales que todos los días hacen su trabajo para cuidar la vida.

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