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4 de agosto de 2026
Nacido en Ramallo, Santiago Nava dialogó con la Radio Ramallo sobre las investigaciones que lidera en el INTA y el CONICET para combatir enfermedades que afectan a la ganadería. El científico destacó el papel de la escuela pública como una herramienta clave para generar oportunidades.
Hay historias que nacen en el interior profundo y terminan recorriendo el mundo.
Historias que comienzan en un banco de una escuela pública, atraviesan la universidad y encuentran en la ciencia una manera de devolverle a la sociedad todo lo recibido.
La de Santiago Nava es una de ellas.
Nacido en Ramallo, cursó la primaria y la secundaria en establecimientos públicos de la ciudad. Décadas después, su nombre aparece entre los principales referentes internacionales en parasitología veterinaria.
Es investigador principal del INTA y del CONICET en la Estación Experimental Agropecuaria Rafaela, integra uno de los laboratorios más prestigiosos del mundo en sanidad animal y participa en investigaciones que hoy resultan estratégicas para el futuro de la producción bovina.
En diálogo con Radio Ramallo, Nava explicó el alcance de un trabajo que combina ciencia básica, tecnología y producción, con un objetivo claro: encontrar soluciones para uno de los mayores problemas sanitarios que enfrenta la ganadería.
"La garrapata es uno de los parásitos de mayor impacto para la producción bovina. En Argentina, el impacto económico excede los 200 millones de dólares anuales", explicó.
Detrás de ese número existen miles de productores que conviven con pérdidas productivas, menor ganancia de peso, enfermedades y elevados costos sanitarios.
Pero el desafío no termina allí.
El investigador contó que el cambio climático podría modificar el mapa sanitario de la Argentina y favorecer la expansión de este parásito hacia zonas donde históricamente no estaba presente.
"La principal limitante es la temperatura. Un aumento de entre un grado y un grado y medio en las temperaturas promedio anuales puede expandir significativamente el área ecológica de la garrapata hacia el sur", explicó al referirse a los modelos de simulación desarrollados por el equipo del INTA.
Ese trabajo científico no es una proyección teórica. Permite anticipar escenarios y brindar herramientas para que productores y organismos sanitarios puedan tomar decisiones antes de que el problema llegue.
Uno de los aportes más importantes del laboratorio donde trabaja Nava es la producción de vacunas contra la denominada tristeza bovina, una enfermedad transmitida precisamente por la garrapata y que puede provocar pérdidas devastadoras.
"Con las vacunas producidas en el INTA se inmunizan cerca de doce millones de bovinos en la Argentina", destacó.
Argentina comparte ese liderazgo con Australia.
El laboratorio de Rafaela lleva más de treinta años desarrollando esta tecnología y hoy es considerado uno de los principales centros mundiales en la materia.
"Somos uno de los principales productores del mundo de este tipo de vacunas. Es un insumo imprescindible para hacer ganadería en las zonas infestadas", sostuvo.
Aunque su nombre aparece en cientos de publicaciones científicas y participa de redes internacionales de investigación, Nava evitó personalizar los logros.
Al contrario, insistió en que la construcción del conocimiento requiere tiempo, instituciones sólidas y trabajo colectivo.
"Es una política institucional que lleva más de treinta años. Permanentemente incorporamos mejoras tecnológicas y mejoramos la producción", señaló al describir el trabajo del INTA.
Hoy el grupo mantiene vínculos permanentes con investigadores de diecinueve países de América, Europa y África, recibe especialistas extranjeros y desarrolla proyectos conjuntos con algunos de los centros científicos más importantes del planeta.
Quizá el momento más emotivo de la entrevista llegó cuando la conversación dejó los laboratorios para volver a las aulas donde comenzó todo.
Radio Ramallo le recordó sus años como alumno en Ramallo y el recorrido que lo llevó desde la educación pública hasta convertirse en un referente mundial.
La respuesta fue sencilla, pero contundente.
"La educación pública es un instrumento fundamental y, en sociedades desiguales, es una especie de nivelador de oportunidades", afirmó.
No habló desde la teoría.
Habló desde la experiencia de quien pudo formarse gracias a ese sistema educativo y construir una carrera científica que hoy trasciende las fronteras argentinas.
Consultado sobre el presente del sistema científico nacional, Nava también dejó una definición que refleja la calidad alcanzada por investigadores e instituciones del país.
"El sistema científico argentino tiene muchas limitantes, pero posee un piso de calidad bastante elevado y está al mismo nivel que los grandes sistemas científicos de Latinoamérica", aseguró.
Para quien coordina evaluaciones científicas y trabaja junto a investigadores de distintos continentes, la articulación entre organismos públicos, universidades y sector privado resulta indispensable para generar conocimiento útil y transformarlo en soluciones concretas.
Antes de finalizar la entrevista, Nava recordó a quien marcó su formación profesional: el investigador Alberto Guglielmone.
Más que por sus logros científicos, destacó los valores que le transmitió.
"Nos marcó en la constancia, en el esfuerzo y en trabajar calladamente, con perfil bajo", recordó.
Esa definición también parece describir su propia trayectoria.
Sin estridencias, desde un laboratorio de Rafaela y con raíces profundamente ramallenses, Santiago Nava integra un equipo que desarrolla herramientas para proteger millones de bovinos, prevenir enfermedades y aportar conocimiento de alcance mundial.
Es la demostración de que la ciencia argentina sigue produciendo respuestas para el país y para el mundo. Y también de que, muchas veces, las grandes historias comienzan en una escuela pública de un pueblo del interior.