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Las heladas, la baja implantación de cultivos de invierno y los costos de producción marcan el pulso de la campaña agrícola en el norte bonaerense. El ingeniero agrónomo Mariano García analizó el presente y los desafíos de los productores.
El invierno golpea fuerte en el norte de la provincia de Buenos Aires.
Las heladas continuas y las temperaturas bajo cero generan preocupación en el sector agropecuario. Sin embargo, Mariano García, ingeniero agrónomo de la Cooperativa Agropecuaria de La Violeta, explicó que los cultivos implantados en esta época están adaptados a estas condiciones.
“Cuando hay buena humedad en el suelo, los daños se minimizan e incluso pueden no producirse”, señaló.
La humedad, entonces, se convierte en un factor clave para amortiguar el impacto del frío. Pero las lluvias, lejos de ser siempre aliadas, también han retrasado la siembra.
“Una lluvia de quince milímetros puede demorar hasta quince días la implantación”, advirtió García, subrayando la dificultad de cumplir con las proyecciones iniciales.
El trigo, cultivo mayoritario en la región, enfrenta una campaña reducida. Según García, la superficie implantada ronda apenas el 60 % de lo proyectado. Las lluvias constantes y el cierre de la ventana de siembra para los ciclos largos obligaron a recurrir a variedades intermedias y cortas, con menor potencial de rendimiento.
La cebada, por su parte, muestra una intención de siembra aún más baja. Su comercialización depende de cumplir estrictos parámetros de calidad para abastecer a la industria cervecera. “Cuando no se alcanza esa calidad, se destina a forraje y el precio cae considerablemente”, explicó el agrónomo. La arveja, en tanto, apenas registra una intención de siembra ínfima respecto al año pasado.
El panorama económico tampoco ofrece alivio. Aunque los fertilizantes nitrogenados, como la urea, bajaron de precio, el valor futuro del trigo descendió de manera significativa. “El margen esperado mejoró algo, pero no como se esperaba”, reconoció García.
A esto se suma el peso de los combustibles, que no reflejan la baja del barril de petróleo, y una presión tributaria elevada. “El inmobiliario en provincia de Buenos Aires es carísimo, y las retenciones a la soja siguen siendo altas”, denunció. La mayoría de los productores trabajan en campos arrendados, lo que reduce aún más la rentabilidad y deja escaso margen para enfrentar contingencias climáticas.
En contraste, la ganadería aparece como una alternativa más estable. Los precios del ternero y de la carne alcanzaron valores históricos, aunque los márgenes se moderaron al encarecerse la hacienda. “Tener planteos mixtos con algo de producción ganadera genera estabilidad y rentabilidades interesantes”, sostuvo García.
El ánimo del productor, sin embargo, oscila. Tras un año complicado, las proyecciones de un Niño más intenso generan expectativas de mayor humedad y cierta tranquilidad. “Siempre que se anuncia un año con más lluvias, el productor se anima un poco más”, comentó, aunque advirtió que las proyecciones no siempre se cumplen.
La conversación también derivó hacia la dependencia de insumos importados, como los fertilizantes fosforados. García destacó la necesidad de fomentar la industria nacional, aprovechando recursos como el gas de Vaca Muerta para producir urea. “Debería actuar el Estado como promotor, generando valor agregado y mano de obra”, afirmó.
El contraste con Brasil es inevitable. Mientras el vecino país impulsó políticas para reducir la importación de fertilizantes y alcanzar la autosuficiencia agrícola, Argentina permanece estancada. “Brasil nos pasó por arriba, es el segundo productor mundial detrás de Estados Unidos”, señaló García, remarcando la falta de políticas de desarrollo en el sector agroexportador argentino.
El ingeniero también destacó experiencias brasileñas en el aprovechamiento de residuos para generar energía, como digestores que transforman desechos de tambos en gas inyectado a la red. “Están a años luz de nosotros, por falta de políticas y desinterés”, lamentó.
En cuanto a proyectos de captura de carbono, mencionó iniciativas privadas como el programa ProCarbono de Bayer, que busca medir prácticas agronómicas y generar bonos de carbono comercializables. Sin embargo, aclaró que en la zona de Ramallo no existen proyectos locales de este tipo.
La campaña agrícola de invierno en el norte bonaerense se perfila con menor superficie sembrada, márgenes ajustados y un escenario económico complejo. La ganadería ofrece cierta estabilidad, pero la falta de políticas públicas y de infraestructura limita el desarrollo del sector.
El campo, una vez más, enfrenta el desafío de producir en un contexto de incertidumbre climática y económica. Como resumió Mariano García: “Siempre algún sobresalto pasamos en el campo, eso ya lo sabemos de sobremanera”.