Lunes
11 de Mayo de 2026
LOCALES
11 de mayo de 2026
En la zona de Ruta 9 y La Violeta, la audacia de los delincuentes y "la inacción judicial" agotan la paciencia de los vecinos. Raúl Fleitas, damnificado por segunda vez, apunta contra la falta de compromiso de las autoridades.
La zona rural que une a Ramallo con La Violeta ha dejado de ser ese remanso de paz que alguna vez caracterizó al interior bonaerense para convertirse, según sus propios protagonistas, en un escenario de audacia delictiva y desidia institucional. El último episodio que colmó la paciencia de los productores locales tuvo como escenario el kilómetro 194 de la Ruta Nacional 9, frente al establecimiento Santa Celestina. Allí, delincuentes que demostraron un conocimiento técnico avanzado desmantelaron y se llevaron un transformador de energía de gran porte.
Sin embargo, para Raúl Fleitas, el productor damnificado, el robo es solo la punta del iceberg de un problema mucho más profundo: el sentimiento de orfandad frente a una justicia que define como "lo peor que tiene hoy el país".
El relato de Fleitas comienza con la frialdad de quien ya ha pasado por esto antes, pero no por ello ha perdido la capacidad de asombro ante la temeridad de los delincuentes. Al llegar a su propiedad, se encontró con el transformador arrancado y los alambrados cortados. Este último detalle es el que más indignación le genera.
"Me cortaron unos alambres y había unos animales ahí que, gracias a Dios, no se salieron a la ruta, porque si no hubiese sido una tragedia", explica Fleitas. Su preocupación es legítima y escalofriante. En una arteria de tránsito incesante como la Ruta 9, un animal suelto en la oscuridad de la noche es una sentencia de muerte para cualquier conductor. Para Fleitas, esto demuestra que "los delincuentes no miden nada, no les importa qué daños causan". La audacia de los malvivientes, que se manejaron con soltura para desmontar un equipo pesado y electrificado, sugiere una logística que excede el simple arrebato; se trata de bandas que conocen el terreno y el oficio.
Lo que más duele en el sector agropecuario no es solo el daño material —que en el caso de los transformadores es costoso y de difícil reposición— sino la respuesta que reciben de quienes deberían cuidarlos. Fleitas participó recientemente de una reunión de seguridad en el paraje Zino, donde estuvieron presentes autoridades del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires y representantes policiales. Allí, se presentaron cuadros y porcentajes que, a ojos del productor, están desconectados de la realidad.
“¿Para qué tantas reuniones si después, al fin y al cabo, se termina la reunión y ya seguimos en lo mismo?”, se pregunta Fleitas con una crudeza que desarma cualquier discurso oficial.
El productor es categórico al señalar que las estadísticas de baja del delito no se traducen en tranquilidad para el que vive en el campo. "A mí no me hablen de estadística; vení, ocupate de los hechos que hay y solucionemos las cosas", reclama. Para los productores de la zona de Ramallo, participar de estas mesas de seguridad ha comenzado a sentirse como una "pérdida de tiempo productivo". Mientras ellos dedican horas a dialogar, la delincuencia parece tener vía libre apenas se cierran las puertas de las oficinas gubernamentales.
El descargo de Fleitas sube de tono cuando se refiere al Poder Judicial. Menciona casos que han quedado en la nada, como el robo a la familia Antinori o el de Carlitos Oliveros, cuyo vehículo fue recuperado de casualidad en un operativo de tránsito en San Nicolás y no por una investigación previa. La sensación de impunidad es absoluta.
"La justicia hoy por hoy es lo peor que estamos teniendo en el país", dispara Fleitas sin medias tintas. Critica que, para que una causa avance mínimamente, el productor, además de haber sido robado y dañado, debe desembolsar dinero para contratar un abogado particular que "empuje" el expediente. De lo contrario, el destino suele ser el archivo. Además, denunció la falta de sensibilidad de los fiscales: "Jamás se comunican con el productor para informarle cómo sigue la causa".
El caso del asesinato de un productor en la Ruta 188 sobrevuela la conversación como un fantasma que alimenta el temor. Fleitas mencionó que circula información sobre la posible liberación de personas vinculadas a hechos graves, lo que aumenta la impotencia: "Se entera la familia que a los dos meses hay una persona libre, y vos decís: ¿y la justicia?".
A pesar del enojo, Fleitas aclara que no se trata de un ataque personal contra los efectivos policiales de calle, sino de una crítica al sistema en su totalidad, desde los altos mandos hasta los tribunales. "Falta compromiso de puesta hacia los ciudadanos", asegura. Incluso, con un dejo de ironía y amargura, afirma: "Tengo más alma de policía yo que cierta gente que trabaja, porque uno se preocupa, anda y mira".
Para el productor de Ramallo, la solución no vendrá de la mano de más grupos de WhatsApp o mesas de diálogo vacías, sino de una presencia real y de investigaciones que lleguen a fondo. Mientras tanto, Fleitas elige no callarse. Sabe que su voz en la radio es, quizás, la única herramienta que le queda para que "los de arriba" se enteren de que en el kilómetro 194, el campo sigue sangrando.
"Hay que pelearla y decir las cosas. Con respeto, pero no hay que callarse cuando hay que decirlas", concluyó, dejando un mensaje de resistencia para sus pares en una zona que hoy, más que nunca, exige respuestas concretas.