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24 de Febrero de 2026
LOCALES
24 de febrero de 2026

El matrimonio ramallense volvió a brillar en las dos noches de corsos en Villa Ramallo. Con trajes de reyes africanos y casi cinco décadas de casados, emocionaron al público y reafirmaron que “las edades no tienen nada que ver, si uno quiere, siempre se puede”.
Las dos noches de carnaval en Villa Ramallo dejaron postales imborrables. Entre comparsas, música y una multitud que colmó la avenida, hubo una imagen que se repitió una y otra vez: vecinos y turistas deteniendo a una pareja para una foto, un abrazo o una felicitación. Eran Blanca Machado y Miguel Ángel Bolaert, históricos protagonistas de los corsos locales.
Invitados a dialogar en Radio Ramallo, compartieron la emoción todavía latente. “La verdad que fueron dos noches increíbles para nosotros, no esperábamos tantas fotos, tanta gente que se arrimaba”, contó Blanca, aún sorprendida por la repercusión. “Fue algo increíble”, resumió.
Vestidos como reyes africanos, con trajes imponentes que incluyeron coronas y capas cargadas de detalles, se convirtieron en una de las grandes atracciones del carnaval. Aunque el vestuario tenía su peso —“lo que más incomodaba era el casco”, explicó ella— nada opacó el disfrute. Miguel admitió entre risas que el calor se hacía sentir: “Transpiraba mucho, pero se podía llevar bien. Estábamos recontentos con todo eso”.
Pero detrás del brillo y las lentejuelas hay una historia que comenzó, justamente, en el carnaval. “Yo tenía catorce años cuando lo conocí, él tenía diecisiete”, recordó Blanca.
Primero fue amistad, después noviazgo y más tarde matrimonio. “Tres años de novios y ya dentro de poco, cuarenta y ocho años de casados”, contó con orgullo. Miguel completó la escena: “Ahí nos conocimos, ahí empezamos y ahí seguimos”.
El carnaval no es solo una fiesta para ellos: es parte de su identidad. “Sentimos dos o tres bombitos tocar y ya…”, dijo Blanca, dejando la frase en el aire como si el sonido mismo hablara por ella. Viven a una cuadra de la plaza y cada verano esperan escuchar redoblantes y trompetas que anuncien los corsos. “Es un disfrute impresionante”, afirmó.
En la entrevista también destacaron el acompañamiento familiar. Hijos, nietos y seres queridos estuvieron presentes, acercándoles agua y alentándolos en cada pasada. “Son incondicionales, siempre están ahí, apoyándonos”, señaló Miguel, visiblemente emocionado.
El cariño del público fue otro de los grandes regalos. “Mucha gente de acá del pueblo y también de afuera, que venían de Buenos Aires o estaban paseando. Nos felicitaban por los trajes”, relataron. Esa cercanía, ese reconocimiento en la calle, en el supermercado o en la plaza, fue lo que más los conmovió.
Tras el esfuerzo físico —“ayer fue descanso total”, confesaron— quedó la satisfacción profunda de haber sido parte, una vez más, de la fiesta popular.
Antes de despedirse, Blanca dejó un mensaje que resume el espíritu con el que viven cada carnaval: “Las edades no tienen nada que ver, sino lo que uno siente, lo que uno lleva adentro. Disfrutar cada momento que la vida te da la oportunidad. Si uno quiere, siempre se puede”.
Y ellos, sin dudas, lo siguen demostrando.
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