Sergio Supan, Campeón Argentino y Mundial de pelota a paleta, invitado por Daniel Agotegray (Coordinador deportivo del Ramallo Club de Pelota) dio una charla sobre drogadicción en la sede de la institución. En el momento de mayor éxito de su carrera Supan cayó en manos de la droga y del éxito deportivo, la fama y el dinero pasó a vivir como un linyera, tocó fondo y hoy recuperado de esa situación, cuenta sus vivencias con la intención que se útil para los jóvenes, para evitar que caigan en la adicción. FOTO: (Sergio Supan junto a Miguel Gómez DT de las inferiores de Matienzo).

En realidad fueron dos charlas las de Supan, a las 10:30 y 14:30 horas del viernes 21 de octubre. Chicos de Matienzo, junto a su entrenador Miguel Gómez a la mañana y otro grupo, también de Matienzo a la tarde, más algunos allegados a la “Cancha de Paleta”, se hicieron presentes, había instituciones y establecimientos educativos invitados que lamentablemente no concurrieron  y se perdieron la posibilidad de escuchar una historia de vida muy dura, cruda, pero que refleja el daño que puede causar las adicciones en una persona. Supan, con mucha capacidad para transmitir lo que vivió entre otras cosas señalo: “Soy deportista y quiero contarles lo muy, muy mal que estuve hace unos años y lo muy bien que estoy ahora. Haciendo una recorrida en general les cuento que empecé a jugar a la paleta a los 13 años, a los 16 años ya jugaba en primera categoría, fui tres veces campeón argentino, dos veces subcampeón del mundo y una vez campeón del mundo en España, además jugué en Francia y Cuba. Esa fue a grandes rasgos mi carrera. Cuando salí campeón del mundo tenía 26 años, creí que tocaba el cielo con las manos, era campeón del mundo, había ganado mucho dinero porque me pagaban muy bien para jugar a la pelota a paleta. Dije, soy campeón del mundo, millonario, toque el cielo con las manos, pero con el tiempo me fui dando cuenta que el éxito deportivo y el dinero no tenían nada que ver con la felicidad, que no es importante ser campeón del mundo, ni rico, que son circunstancias de la vida, que están buenas, pero que no son lo más importante, lo importante son los afectos, la familia, los amigos, lo que uno siente por las personas. A los 30 años, después de salir campeón del mundo me fui a vivir a Europa, estuve cuatro  años viviendo allá, en el último año deje de jugar, empecé a dar clases de padel, porque también soy profesor de padel y como no necesitaba el físico porque ya no jugaba, empecé a tomar alcohol, en esa época se tomaba whisky con coca, empecé tomando los sábados, los domingos me recuperaba, trabaja de lunes a viernes, después tomaba sábado y domingo y me recuperaba el lunes, trabajaba de martes a viernes, después no me alcanzaba con el fin de semana y empecé a agregar días a mi consumo de alcohol, hasta tomar toda la semana. Me volví a la argentina, a Venado Tuerto, yo soy de ahí, puse unos boliches, solo para mujeres, prohibido entrar hombres, porque venía con la cabeza media turbada de España. La policía me lo cerró, toda la plata que había ganado la perdí, terminé con una deuda muy grande, ya no jugaba tan bien a la paleta, me empezaron a ganar, no me gustaba, aparecieron grandes jugadores que me ganaban, yo no estaba acostumbrado a perder, no sabía perder, me angustie empecé a tomar cada vez más, me fui deteriorando, un día probé otras sustancias, hizo lo mismo que con el alcohol, primero fue un día, después ese día no me alcanzó, fueron dos, tres días, toda la semana, me pelee con toda la familia, ya no tenía a quién pedirle plata, algunos de mis parientes me habrían las puertas, por ahí me la cerraban, algunos me daban $ 20, otros setenta mil millones de consejos, otros me decían que tenía que hacer y otros ya no me hablaban más. Los cansé a todos, mis padres me aguantaban, pero con muy mala relación con ellos. Ya muy deteriorado, terminé de croto, durmiendo en un camino que va a San Eduardo, un pueblito cerca de Venado, no tenía amigos, no tenía trabajo, ya no jugaba a la paleta, en ese momento tomaba una botella de whisky por día y vivía en una cuneta, en invierno de noche hacía fuego para  protegerme del frío y en verano me arreglaba de otro forma. Un día, después de un mes que no me bañaba ni afeitaba, iba caminando por la ruta y para un tío mío que se llama Alfredo Pérez y me dice, que haces Sergio acá, dejate de joder, no podes vivir así, yo lo quería convencer de que estaba bien, pero era evidente que estaba recontra mal. Le pedí plata, me dio plata pero me hizo prometerle que a las cinco de la tarde iba a estar en su casa, compre sustancia, tuve un ataque de sobredosis, el corazón  se me salía del cuerpo, llegue arrastrándome a la  casa de mi tío a las cinco de la tarde, me asuste, vi que me moría, que ya no iba más, le pedí a Dios que me ayude, que me saque de esta que iba a estar con él para siempre, me escucho, se apiado de mí, me dio una nueva oportunidad de vida. Vinieron los médicos, dormí un día entero, al otro día estaba un poco mejor, vinieron mis padres, mi hermana, toda mi familia, buscamos un centro de rehabilitación, encontramos uno buenísimo en Rio Cuarto que se llama Nazaret, ahí estuve un año y medio donde trabaje todas mis actitudes negativas que no me dejaban relacionarme sanamente con los demás. Antes de eso, una noche de esas difíciles, en un boliche había una morocha que me miraba, insistentemente, yo decía debe ser una de las que le debo pensé (risas), la saqué a bailar, bailamos toda la noche, así conocí a mi mujer. Desde ese momento aparecía en todos los lugares donde yo estaba, nos pusimos de novio, nos fuimos a vivir juntos, tuvimos mil y una peleas, todo fue un infierno, después de eso fue cuando terminé en el camino como linyera. Cuando me rehabilite, donde trabajando aprendí cosas que no sabía, aprendí a mirar a los ojos, a pedir perdón, a dar un abrazo, a decir te quiero, a trabajar mi actitud soberbia, porque me creía mejor que todos los demás. Cuando salí me reencontré con mi mujer, pero ella estaba acostumbrada a vivir con el droga dependiente, no fue fácil, porque el que vino era otra persona, antes no me podía hacer cargo de nada y ahora me puedo hacer cargo de todo, porque tengo principios, tengo valores, tengo palabra, sé que hay que ganarse el mango día a día, me levanto a las siete de la mañana a trabajar, a ganarme el pan de cada día. Fue un tiempo de lucha donde mi señora tuvo que ir a psicólogo, para que le ayude a entender la nueva situación, al principio peleábamos todos los días, hoy gracias a Dios, podemos discutir una vez cada seis meses, tenemos una relación fantástica, aposté a formar mi familia con la misma mujer que había vivido mi infierno, fue una lucha pero me reencontré con la mujer que amo, hoy tengo una relación bárbara con mi papá, con mi mamá, nos queremos, nos decimos que nos queremos mucho, tengo una relación espectacular con mi familia, tengo dos hijas, una de 14 y otra de 5 años, no necesito no alcohol, no drogas para vivir y ser feliz, porque pase a ser una persona común y corriente como ustedes, que siente, antes no sentía nada, una persona o una planta era lo mismo para mí, todo fue muy difícil, pero Dios se apiadó de mí, me dio una posibilidad de vida, escucho mis ruegos, hoy vivo con él. Todo lo que hago y soy se lo debo a él. Esa fue a grandes rasgos mi historia, fue mucho más aguda, más cruda, pero hay chicos muy chicos, por eso la cuento medio suavecito. Como dice mi viejo, hay que pasar por lo malo para valorar lo bueno. Le agradezco al “Pato” (Agotegaray) que me permite transmitir todo esto acá, yo pensaba que mi problema no tenía solución, pero todo tiene solución en la vida, todo, todos los sueños se pueden cumplir, hay que tener voluntad, sacrificio, confiar en Dios”. Después los presentes realizaron un ida y vuelta muy interesante, con una enorme predisposición de Sergio para responder las preguntas de chicos y grandes. Una hermosa charla que merecía mayor presencia de público.                 

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