Este jueves en el programa “Estación Macondo” dialogamos con María Isabel Suárez, argentina, Ramallense residente en España que, tras dos partos tradicionales –uno en un hospital argentino y otro en uno español-, se animó a traer al mundo a Ivet, en su casa, junto a sus padres y hermanos.

“Había pasado toda la noche con contracciones y me sentía cansada. Llamé a Blanca; lentamente, pero el proceso estaba en marcha. Dormí un par de horas, comimos y pedí a mi mamá que llevara a mis hijos a dar un paseo. Cerré las ventanas, llené la bañera, puse velas, incienso y música. Tenía torta de chocolate y toda serie de antojos por demás. Me tomé una infusión de hojas de frambuesas, busque una posición cómoda y retomé el trabajo de parto. Jordi, mi esposo, estaba a mi lado. Cuando volvieron los niños y mi madre, Blanca ya estaba en casa. Mi hijo menor tomó la teta un momento, le dije que Ivet ya estaba naciendo y se fue a mirar la tele. La mayor hacía fotos, me traía jugos refrescantes, trapos fríos, me ayudaba a entrar y salir del agua. Por fin sentí que Ivet empujaba con fuerza, le agarré la mano a Jordi, le pedí que me diga que todo iría bien y eso hizo, entonces la dejé salir. Ivet nació en casa, en compañía de su papá, sus hermanos y su abuela. Inolvidable, inexplicable” relató María Isabel que también recordó a muchos seres queridos que residen en Ramallo.
“A Ramallo siempre se vuelve” dijo y prosiguió contando su historia desde Barcelona “el cordón de Ivet era muy cortito, tanto que no pude ponerla en mi pecho hasta cortarlo. Tal vez por eso la placenta fue repentinamente expulsada y se me produjo una hemorragia. Blanca me miró calmada y me habló; respondí con confianza, me hizo un masaje en la zona del ombligo y la hemorragia ya estaba controlada. Pidió a mi madre que ponga su mano presionando mientras ella por prevención me suministró una medicación. La mano de mi madre y la sensación de seguridad es algo que no voy a olvidar”.

 

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