Pudo haber terminado en una tragedia y de milagro no sucedió. Desde hace varios meses se encuentra instalada una familia en el polideportivo “Simón Apiza” de la ciudad de Ramallo viviendo bajo un cuadro de vulnerabilidad social. Esta familia relata los que frecuentan el polideportivo municipal, vivía debajo de la tribuna que ocupa el público visitante. Hasta ahí la vida de este grupo familiar transitaba con “normalidad” en medio de una situación social extremadamente precaria.

Una vez que finalizó el torneo de la Liga Nicoleña de Futbol y el predio que utiliza el club Social Ramallo dejó de ser utilizado ya que los jugadores ingresaron en el período de vacaciones, la familia decidió trasladarse hacia la zona de vestuarios, dicen que violentó una serie de candados y pasó a ocupar la zona donde se cambian los equipos para vivir.
En la última semana, una de las personas que se encarga de cortar el pasto se encontró con una situación inédita. La primera, la familia decidió alquilar el predio, la cancha de futbol para que allí caballos y vacas puedan pastorear y de esa forma ganarse un dinero, por los servicios prestados.
Fue entonces que la persona encargada de cortar el pasto cuando llegó hasta el lugar para cumplir con sus funciones se vio amenazada por los “ocupas” que en medio de una discusión uno de los hombres le asestó un puntazo que lo rozó sin llegar a producir heridas graves pero sin dejando en claro que la situación se había tornado violenta e insostenible. El encargado de cortar el pasto no tuvo la mejor idea que ir a su casa y volver al predio con un revólver y “tirarle un par de tiros en las patas” así lo resumió ante el atacante frente a los vecinos.
Ante este cuadro de situación debió actuar la justicia. La situación grave es y realmente parece ser una imagen o fiel reflejo de los tiempos que corren. 

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