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LOCALES
29 de octubre de 2026
En diálogo con Radio Ramallo, el ex comodoro del Club Náutico describió la situación en la zona de islas, donde algunos terrenos bajos ya están anegados y productores comenzaron a retirar hacienda. Las lluvias en Brasil serán determinantes para la evolución del río, mientras crece la atención sobre los niveles y las posibles consecuencias en la región.
El avance del agua en las islas del Paraná mantiene en alerta a productores, habitantes y personas que conocen de cerca la dinámica del río. En Ramallo, donde el paisaje isleño forma parte de la identidad local, la evolución de los niveles obliga a seguir de cerca lo que sucede tanto en la costa como aguas arriba, ante la posibilidad de que una nueva crecida complique la situación en los sectores más bajos.
Mariano Molinari, excomodoro del Club Náutico Ramallo y conocedor de la zona de islas, dialogó con Radio Ramallo luego de realizar nuevas recorridas por el Paraná y visitar la Escuela N.º 77. Durante la entrevista, describió las condiciones que observó en distintos sectores y explicó por qué resulta fundamental mantener la atención sobre el comportamiento del río.
“Hay islas que ya están abajo del agua”, señaló al referirse a las zonas que comenzaron a quedar anegadas con los niveles registrados.
Según explicó, la situación no es uniforme. Mientras algunos terrenos bajos ya están cubiertos por el agua, otros sectores más elevados, donde se encuentran cabañas y ranchos, todavía conservan cierta tranquilidad. Sin embargo, la evolución de los próximos días será determinante para conocer el alcance que puede tener el fenómeno.
Durante su recorrida por la isla Las Hermanas, frente a Ramallo, Molinari observó que algunas áreas bajas ya estaban inundadas, aunque las construcciones ubicadas en terrenos más altos todavía no presentaban el mismo riesgo inmediato.
“Hay partes que es baja, donde ya está la isla bajo el agua, pero después hay partes donde está la mayoría de las cabañas o ranchos”, explicó.
La preocupación también alcanza a los productores que tienen hacienda en las islas. La suba del río puede reducir progresivamente la superficie disponible para los animales y dificultar su traslado si el agua avanza sobre los campos.
“Cuando te agarra la creciente y te quedás sin campo, ya lo que tiene en hacienda se descomplica en grande”, advirtió Molinari.
Por ese motivo, algunos productores comenzaron a retirar animales de los sectores comprometidos para evitar pérdidas. La presencia de una importante cantidad de ganado en las islas convierte a la prevención en una prioridad, especialmente cuando las condiciones pueden cambiar en poco tiempo.
Al analizar la evolución del Paraná, Molinari remarcó que no alcanza con observar lo que sucede en la costa de Ramallo. Las precipitaciones en Brasil y los niveles registrados en puntos estratégicos de la cuenca, como Iguazú y Corrientes, son variables importantes para comprender qué puede ocurrir aguas abajo.
“Lo más importante es estar pendiente de lo que pase arriba, como siempre decimos, las lluvias de Brasil son muy determinantes para nosotros”, sostuvo.
También explicó que los vientos y las sudestadas pueden modificar la altura del agua en períodos relativamente cortos. Por eso, consideró necesario monitorear los registros oficiales y observar diariamente cómo responde el río.
Molinari aclaró que sus apreciaciones parten de la experiencia acumulada durante años de recorridas por las islas, aunque reconoció que existen especialistas que cuentan con herramientas técnicas para realizar análisis más precisos.
La incertidumbre sobre la magnitud que podría alcanzar la creciente obliga a mantener la atención, sin dar por hecho un escenario definitivo.
Durante los últimos días, Molinari también visitó la Escuela N.º 77 para conocer su situación. Según contó en la entrevista, el establecimiento se encontraba en buenas condiciones y se estaban tomando las precauciones necesarias ante una posible continuidad de la crecida.
“Las medidas de la escuelita están bien, hay una estructura que está bien armada”, afirmó.
La situación de las instituciones y las construcciones ubicadas en las islas requiere una mirada particular, ya que la evolución del agua depende de las características de cada terreno y de la distancia respecto de las zonas más elevadas.
En ese contexto, la experiencia de quienes recorren habitualmente el río aporta información sobre los cambios que se producen en distintos sectores, aunque el seguimiento de los niveles continúa siendo fundamental para anticipar posibles complicaciones.
Molinari recordó que una de las últimas crecientes importantes que tiene presente ocurrió aproximadamente entre 2018 y 2019, aunque aclaró que no recordaba con exactitud el año. En aquella oportunidad, el avance del agua provocó daños en varios paradores de la costa de Ramallo.
También señaló que el nivel registrado durante la entrevista, de 2,38 metros, se encontraba cerca de los valores que históricamente caracterizaron al Paraná en la zona.
“El normal de Ramallo es 2,20, 2,30 y hoy está 2,38”, explicó.
Su observación se vincula con los años en los que el río permaneció muy bajo, una situación que modificó el paisaje costero y la vida cotidiana de quienes tienen una relación estrecha con las islas.
Sin embargo, advirtió que el comportamiento del agua puede cambiar cuando continúa ingresando un mayor caudal. Después de períodos prolongados de sequía, el río comienza a ocupar arroyos, riachos, lagunas y otros espacios del sistema de humedales, lo que influye en la manera en que se distribuye el agua.
La entrevista también permitió conocer la historia personal de Molinari, cuya relación con las islas comenzó durante su infancia, junto a su abuelo Tona y su padre. Desde entonces, recorrer el río se convirtió en una costumbre que mantiene hasta el presente.
“Me encanta disfrutar ese lugar, porque para los que más o menos conocemos un poquitito, lo más lindo que hay es estar en la isla tranquilo y escuchando la nada”, expresó.
Esa cercanía le permite reconocer el valor natural de un paisaje que muchos habitantes de Ramallo incorporaron a su vida cotidiana, pero que para quienes llegan desde otros lugares representa una experiencia diferente.
“La mayoría nos dice: ‘Ustedes tienen algo que nosotros envidiamos’. Y sí, es la verdad”, relató.
Para Molinari, esa riqueza constituye un patrimonio que debe disfrutarse y preservarse. “Tenemos algo que es incalculable, lo que nosotros tenemos acá, así que hay que disfrutarlo y cuidarlo”, afirmó.
Mientras continúa el seguimiento de los niveles del Paraná, la atención permanece puesta en la evolución del agua, las condiciones de las zonas bajas y la situación de los animales en las islas. La experiencia de quienes recorren habitualmente el río permite dimensionar los cambios del paisaje, pero también recuerda que, frente a una creciente, la prevención y el monitoreo permanente son fundamentales.