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26 de Octubre de 2026
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26 de octubre de 2026
Norberto Acosta, trabajador rural de la zona de El Paraíso, contó en Radio Ramallo que sufrió dos episodios de abigeato en pocos días, con pérdidas que superarían los $15 millones. Aseguró que acumula más de diez robos a lo largo de los años y reclamó respuestas de la Justicia y mayor prevención en la región.
El robo de ganado volvió a encender la preocupación en la zona rural de Ramallo. Norberto Acosta, trabajador rural que desarrolla su actividad en inmediaciones de la autopista, a la altura del kilómetro 196, denunció que en dos episodios ocurridos con pocos días de diferencia le faenaron animales de su hacienda: siete terneros y tres vacas preñadas. El perjuicio económico superaría los 15 millones de pesos, aunque el propio damnificado advirtió que la pérdida podría ser mayor.
En diálogo con Radio Ramallo, Acosta relató cómo descubrió los hechos y describió una situación de inseguridad que, según afirmó, también afecta a otros productores de la zona. Su testimonio puso el foco en una problemática que trasciende su caso particular y genera inquietud entre quienes trabajan y viven de la actividad agropecuaria en el partido y sus alrededores.
“Es un ahorro de toda mi vida, el sacrificio de toda la vida. Yo, de muy chico, ando atrás de las vacas, los caballos, haciéndome un capitalcito”, expresó durante la entrevista con Leo Miranda.
El primer episodio ocurrió cuando Acosta salió a recorrer la hacienda, una tarea que realiza habitualmente. En ese recorrido encontró restos de cuatro terneros de aproximadamente 200 kilos, que habían sido faenados recientemente.
“Hace ocho o nueve días atrás voy a recorrer la hacienda, como hago habitualmente, y me encuentro con cuatro cabecitas de ternero, de doscientos kilos, fresquitas, recién carneadas”, recordó.
El trabajador rural explicó que también encontró rastros de actividad en los corrales. Sin embargo, pocos días después volvió a encontrarse con una escena similar: tres vacas grandes preñadas y otros tres terneros habían sido faenados.
Ante los hechos, realizó la denuncia correspondiente y aportó información que, según indicó, podría contribuir a la investigación. Hasta el momento de la entrevista, aseguró que no había recibido respuestas sobre el avance de las actuaciones.
Los animales estaban en un campo que Acosta trabaja mediante arrendamiento, perteneciente a Ismael Passaglia, en inmediaciones de la autopista, a la altura del kilómetro 196. El lugar donde ocurrió el episodio vuelve a poner en discusión la seguridad de los establecimientos rurales cercanos a corredores viales de circulación regional.
Durante la entrevista, Acosta explicó que lo sucedido no constituye una experiencia aislada en su trayectoria. Desde 2015, según contó, sufrió distintos hechos delictivos en los campos donde trabajó, entre ellos ingresos a viviendas rurales, faena de animales y el robo de más de cinco transformadores.
“Venimos castigados. Nos han robado más de cinco transformadores en el campo. Es una inseguridad total”, afirmó.
También mencionó situaciones que, según su testimonio, afectan a establecimientos vecinos. Entre ellos nombró a productores y firmas rurales de la zona de la autopista y sostuvo que los robos de hacienda se repiten con frecuencia.
“Si no es una vez por semana, cada quince días hay un robo”, señaló al describir lo que considera una preocupación compartida por quienes trabajan en el sector.
Acosta describió, además, una modalidad de faena que requiere conocimientos específicos sobre el manejo de los animales y las instalaciones rurales. En el episodio que sufrió, explicó que las vacas habrían sido degolladas dentro de la manga y que luego abrieron una puerta para retirar los cuerpos.
La descripción alimenta el interrogante sobre la logística necesaria para cometer estos delitos, trasladar la carne y colocarla posteriormente en circulación. No obstante, la identidad de los responsables y el destino de los productos sustraídos deberán ser determinados por la investigación judicial.
Consultado sobre la presencia policial en el área rural, Acosta dijo que suele ver a la Patrulla Rural durante sus recorridas nocturnas, aunque consideró que las dimensiones del partido y la disponibilidad de móviles representan dificultades para cubrir todo el territorio.
“Yo ando mucho de noche y la patrulla se ve, sí, pero siempre están medias detenidas en lugares puntuales”, comentó, al tiempo que reconoció que no conoce con precisión cuántos vehículos están disponibles para recorrer la zona.
El trabajador también planteó la necesidad de prestar atención a los movimientos sospechosos y a la comercialización informal de carne, aunque no aportó pruebas que permitan vincular una publicación o un vendedor determinado con los robos denunciados.
En su caso, aseguró haber acercado pistas e información a las autoridades. Sin embargo, su experiencia con hechos anteriores alimenta su preocupación por la falta de resultados.
“Las veces que me robaron, te puedo hablar de más de diez robos, jamás una sola vez encontré algo”, manifestó.
Por eso, además de reclamar medidas de prevención, pidió que la Justicia acelere los procedimientos y que las investigaciones permitan identificar a los responsables.
“Me gustaría que la Justicia acelere un poco los trámites, que te demuestren que quieren agarrar a los ladrones”, expresó.
Acosta hizo un llamado a quienes puedan aportar información sobre movimientos de vehículos o personas en las inmediaciones del kilómetro 196 durante la noche del viernes o la madrugada del sábado, en el período relacionado con los hechos denunciados. También consideró que las cámaras de seguridad de la zona podrían resultar útiles para reconstruir lo ocurrido.
“Que nos cuidemos entre nosotros y que, si alguno puede aportar un granito de arena, todo sirve”, pidió.
Su mensaje también estuvo dirigido a quienes sufren situaciones similares y deciden no denunciarlas. Para el trabajador rural, el silencio dificulta la posibilidad de reunir información y avanzar en el esclarecimiento de los delitos.
“Acá en el campo no se puede vivir así. Venís y no sabés si encontrás una puerta abierta, si te llevaron una oveja, un chancho, lo que sea. Mucha gente se calla, pero así no vamos a ningún lado”, sostuvo.
Detrás de los animales robados hay mucho más que una pérdida económica inmediata. Para Acosta, la hacienda representa años de trabajo, ahorro y esfuerzo personal, acumulados desde su juventud. Por eso, el daño también se mide en la incertidumbre de no saber si podrá conservar lo que construyó con su trabajo.
“Yo jamás vendí diez vacas juntas para hacer algo para mí, para decir: me compro un auto. Y viene y te las lleva uno de afuera. Es bravo”, lamentó.
El caso vuelve a poner sobre la mesa la preocupación por el abigeato en el norte bonaerense y la necesidad de respuestas para los productores y trabajadores rurales. Mientras espera novedades sobre la denuncia, Acosta insiste en que el objetivo no es recuperar únicamente lo perdido, sino evitar que otros atraviesen la misma situación.
“Que el que quiere trabajar o quiere vivir tranquilo, que lo dejen vivir tranquilo. Nosotros no nos metemos con nadie. Trabajamos todo el día y el fin de semana andás rompiéndote el lomo para hacer algo para vos”, concluyó en Radio Ramallo.