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13 de Agosto de 2026
LOCALES
13 de agosto de 2026
La concejal compartió en sus historias una publicación de Red Innovación Local que invita a reflexionar sobre cómo el ruido, los trayectos, la falta de espacios verdes y las características del entorno urbano pueden influir en el bienestar emocional de quienes viven en una ciudad.
La ciudad también puede cuidar. Pero también puede desgastar. Esa es la idea central de una publicación de Red Innovación Local que la concejal Cecilia Giammaria decidió compartir en sus historias de Instagram y que propone mirar el lugar donde vivimos desde una perspectiva que muchas veces queda fuera de las discusiones sobre infraestructura: la salud mental.
“El ruido, los trayectos eternos, la falta de espacios verdes: no son detalles menores”, plantea la publicación. La frase resume una mirada que pone el foco en aquellos aspectos de la vida cotidiana que, aunque pueden parecer secundarios frente a las grandes obras, terminan teniendo un impacto concreto sobre la manera en que las personas transitan y habitan una ciudad.
La propuesta de Red Innovación Local busca abrir una pregunta: ¿de qué manera el lugar donde vivimos puede apoyar o erosionar nuestro bienestar emocional?
La respuesta no parece estar solamente en los grandes parques o en las obras de infraestructura. También aparece en los tiempos que demanda llegar de un lugar a otro, en el nivel de ruido, en la posibilidad de caminar, en contar con espacios verdes, lugares de descanso y sitios de encuentro.
La decisión de Giammaria de compartir esa publicación adquiere una lectura particular en Ramallo, donde el debate público suele concentrarse en cuestiones vinculadas con el pavimento, las calles, la iluminación, los espacios públicos y las obras que transforman los barrios.
La mirada que propone el posteo permite correr por un momento el eje de la discusión. No se trata únicamente de cuánto se construye, cuánto se pavimenta o cuánto se invierte, sino también de cómo esas decisiones terminan repercutiendo en la vida cotidiana de los vecinos.
Una calle, por ejemplo, no es solamente una vía de circulación. Es el camino que una persona utiliza todos los días para ir a trabajar, llevar a sus hijos a la escuela o encontrarse con alguien. Un espacio verde tampoco es simplemente un lugar dentro del mapa urbano: puede convertirse en un sitio para caminar, descansar, encontrarse o simplemente bajar el ritmo después de una jornada.
El ruido también forma parte de esa ecuación. Los trayectos prolongados, el tránsito y la ausencia de lugares donde detenerse pueden convertirse en factores cotidianos de desgaste que muchas veces naturalizamos.
Por eso, la publicación compartida por Giammaria propone una mirada que vincula urbanismo, calidad de vida y bienestar emocional.
Y hay una pregunta final que quizás sea la más sencilla y, al mismo tiempo, la más cercana a la vida cotidiana: “¿Qué lugar de tu ciudad te ayuda a sentirte mejor?”.
En Ramallo, la respuesta podría estar en una plaza, en la costa, en un barrio, en una calle arbolada, en un espacio deportivo o simplemente en ese lugar que cada vecino reconoce como propio.
La reflexión introduce así una discusión diferente sobre la ciudad. Una discusión que no habla solamente de cemento, asfalto o infraestructura, sino de las personas que están detrás de cada obra y de cada decisión urbana.
Porque pensar una ciudad también puede significar preguntarse cómo queremos sentirnos cuando la caminamos, cuando la recorremos y cuando volvemos a casa.
Y en esa conversación, la salud mental deja de ser un tema separado de la planificación urbana para convertirse en una parte más de la calidad de vida.