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En el 118° aniversario de Pérez Millán, el Museo y Biblioteca El Inventario del Perro Azul abrió sus puertas para celebrar un año en su sede actual. La coordinadora Marina Penesi destacó que el espacio pertenece a toda la comunidad y que cada vecino aporta una parte de la historia colectiva.
No fue un aniversario más para Pérez Millán. Mientras la localidad celebraba sus 118 años de vida, otro cumpleaños se sumó a la jornada: el primer año del Museo y Biblioteca El Inventario del Perro Azul en su sede actual. Pero, para quienes sostienen el proyecto desde hace años, la verdadera celebración no estuvo marcada por una fecha, sino por el camino recorrido para convertir la memoria colectiva en un patrimonio compartido.
"Nuestra comunidad cumple ciento dieciocho años hoy y nosotros también cumplimos un año en esta locación", contó Marina Penessi durante una entrevista con Radio Ramallo. El edificio que hoy ocupa el museo, cedido por la cooperativa propietaria de La Violeta en las antiguas oficinas de la entidad, llegó después de mucho trabajo silencioso, de talleres patrimoniales, encuentros literarios y actividades que durante años mantuvieron viva la historia del pueblo sin contar con un espacio propio.
"Siempre tratamos que esta fecha no pase desapercibida", explicó Penessi. Antes de tener un museo, el grupo ya organizaba juegos, lecturas, relatos y propuestas para recordar a las personas que construyeron la identidad de Pérez Millán. Hoy, con un lugar físico donde reunir objetos, fotografías y testimonios, ese trabajo adquirió una nueva dimensión.
Sin embargo, la coordinadora deja en claro que el museo no pertenece a quienes lo administran.
"No somos los dueños de este espacio; los dueños son todas las personas de la comunidad", afirmó. Esa definición resume el espíritu del proyecto, donde conviven generaciones muy distintas. "En este momento hay unas chiquitas de cinco años y una señora de noventa y tres", relató, para mostrar que el patrimonio también se construye a partir del encuentro entre edades y experiencias diferentes. "Nuestra frase siempre es 'valoramos el proceso'".
Ese proceso tiene incluso un símbolo: el diente de león. Desde la pequeña flor amarilla hasta las semillas que el viento lleva hacia nuevos lugares, representa la manera en que las historias viajan de una generación a otra.
"Somos muy respetuosos de cada pieza, de cada historia que llega al museo y a nuestras vidas", expresó Penessi, convencida de que detrás de cada objeto hay una parte de la memoria del pueblo.
La biblioteca es otra de las grandes conquistas del proyecto. Gracias a las donaciones de vecinos, cientos de libros encontraron un nuevo hogar y, con ellos, también llegaron los lectores.
"Hoy vienen espontáneamente solos a buscar un libro, a leer, a dejar el teléfono y buscar material para llevar a la escuela", contó con satisfacción. Ver a chicos leyendo en la vereda o preparando un picnic alrededor de un libro representa, para el equipo, uno de los objetivos cumplidos más importantes.
Pero quizás el mayor logro sea descubrir que la historia sigue apareciendo donde menos se la espera.
"Muchas veces vienen y dicen 'no tengo nada para mostrar', y empezamos a conversar. Sin saberlo tenían un montón de material muy válido para la historia de Pérez Millán", relató Penessi. Cada conversación termina revelando una fotografía olvidada, un documento familiar, una herramienta antigua o simplemente un recuerdo que ayuda a completar el rompecabezas de la comunidad.
"Cuando queríamos hacer un punto de encuentro lo hemos logrado y que todos puedan sentirse parte", resumió.
Las actividades del aniversario llevaron el nombre "Torta, memoria y futuro". Aunque cuestiones de salud impidieron montar una exposición especial, el equipo decidió abrir las puertas para mostrar el detrás de escena del museo, compartir mates y tortas caseras y recibir a vecinos de todas las edades junto a concejales de distintos bloques, luego de que el espacio fuera declarado de interés legislativo.
"No tenemos intención de nada político partidario, pero necesitamos el apoyo de todos", aclaró la coordinadora, mientras destacaba una imagen que sintetizó el espíritu de la jornada: "Diferentes pensamientos, diferentes edades reunidos en un punto en común".
El museo funciona gracias al esfuerzo voluntario de quienes integran el proyecto. No hay salarios ni respaldo económico permanente. Aun así, el compromiso no se detiene.
"Se instaló la palabra museo, se instaló la palabra patrimonio", aseguró Penessi. Y agregó: "Es un trabajo muy comunitario, muy respetuoso y muy de día a día... el trabajo es inmenso y lo hacemos a voluntad".
A un año de abrir las puertas de su sede, El Inventario del Perro Azul ya dejó de ser únicamente un lugar donde se guardan objetos antiguos. Se transformó en un espacio donde las historias vuelven a contarse, donde los recuerdos encuentran nuevos protagonistas y donde un pueblo entero sigue escribiendo, entre todos, su propia memoria.