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23 de Junio de 2026
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23 de junio de 2026
El profesor Roque Corbalán y sus alumnos de la Escuela Técnica N°1 trabajan desde 2018 en el aprovechamiento de la naranja amarga. El proyecto despertó el interés de una empresa de Vietnam vinculada a la industria farmacéutica y podría abrir nuevas posibilidades productivas.
Lo que comenzó como una experiencia educativa dentro de un laboratorio escolar hoy se transformó en una investigación con proyección internacional. Desde la Escuela de Educación Técnica N°1 "Juan Bautista Zopardo" de San Pedro, el profesor Roque Corbalán y sus alumnos desarrollan desde hace varios años un trabajo sobre el aprovechamiento de la naranja amarga, un fruto que forma parte del paisaje urbano de la ciudad y que hasta ahora tenía escaso valor productivo.
En diálogo con la Radio Ramallo, Corbalán recordó que el proyecto comenzó en 2018 como parte de las prácticas de laboratorio vinculadas a técnicas de extracción química.
"Empezamos trabajando con los chicos en la extracción de aceites esenciales y después fuimos sumando nuevas experiencias. Cada año incorporábamos algo distinto y el proyecto fue creciendo", explicó.
La investigación permitió obtener aceites esenciales, licores y otros derivados del fruto. Sin embargo, el interés tomó otra dimensión cuando una empresa vinculada al sector farmacéutico se contactó con el docente para conocer las características de la naranja amarga producida en la región.
"A mí me contactaron por Instagram después de que se difundiera una nota sobre el proyecto. Al principio pensé que no era algo real, pero después la conversación avanzó y vimos que había un interés concreto", relató.
La empresa busca analizar la presencia de hesperidina, un compuesto utilizado en suplementos alimenticios y otros productos medicinales. Según explicó Corbalán, la escuela no cuenta con el equipamiento necesario para realizar ese tipo de determinaciones, por lo que las muestras deben ser analizadas en laboratorios especializados.
Más allá del posible desarrollo comercial, el docente destacó el impacto educativo de la experiencia y el entusiasmo que genera entre los estudiantes.
"Los chicos están orgullosos. Cuando ven que un trabajo que hicieron en la escuela empieza a ser conocido en otros lugares, sienten que todo el esfuerzo valió la pena", señaló.
El proyecto también abrió oportunidades para otros productores. Tras la difusión de la iniciativa, una familia de Misiones dedicada a la producción de cítricos se comunicó con Corbalán para explorar posibles alternativas de aprovechamiento de la naranja amarga.
Para el profesor, el mayor logro no pasa únicamente por la posibilidad de un negocio futuro, sino por la visibilidad que adquiere la educación pública.
"Lo que más me emociona es que se vea el trabajo que se hace en la escuela pública. Hay muchísima capacidad, compromiso y proyectos que merecen ser conocidos", afirmó.
Después de más de 17 años como docente en la institución, Corbalán considera que este reconocimiento es también un reconocimiento al trabajo colectivo realizado junto a generaciones de estudiantes.
Mientras continúan las investigaciones y los contactos con distintos actores interesados en el fruto, la experiencia demuestra cómo una idea nacida en un aula puede transformarse en una oportunidad para la comunidad y en una muestra concreta del potencial que existe dentro de las escuelas técnicas argentinas.