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LOCALES
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Fue uno de los fundadores de la filial Ramallo de Federación Agraria, impulsor de Mutual Federada y protagonista clave en la lucha contra la fiebre hemorrágica argentina junto al doctor Julio Maiztegui. Falleció en 2017, pero su historia sigue viva en el norte bonaerense, donde supo unir el campo, la salud y el compromiso social.
La voz pausada, el recuerdo intacto y la emoción que todavía atravesaba cada palabra. Así apareció Ildefonso Olego en una vieja entrevista del programa Tres Puntos TV, repasando una vida que estuvo íntimamente ligada al crecimiento de Ramallo y a la defensa de los productores agropecuarios.
Hablar de Olego es hablar de una generación de dirigentes rurales que nacieron desde abajo, entre caminos de tierra, escuelas rurales y trabajo duro. Pero también es hablar de alguien que entendió temprano que el progreso colectivo no podía construirse en soledad.
Nacido en Villa Ballester, pero criado desde niño en el campo ramallense, hijo de inmigrantes españoles llegados desde León, Olego recordaba aquellos años de infancia caminando kilómetros para ir a la escuela rural número 10 de Sánchez.
“Era a pie la cosa, no había otra”, contaba en aquella entrevista, mientras repasaba las jornadas interminables atravesando campos y barro para llegar a clases.
La vida rural de entonces estaba marcada por el sacrificio, pero también por el sentido de comunidad. Olego evocaba a las familias numerosas, los panes caseros compartidos y los juegos bajo el viejo ombú de la escuela. Esa memoria campesina lo acompañó toda la vida y moldeó su forma de entender el gremialismo.
En 1952 fundó la filial Villa Ramallo de Federación Agraria Argentina. Desde allí comenzó una extensa trayectoria de representación de los pequeños y medianos productores. Eran tiempos de disputas por la tierra, de tensiones por el avance industrial y de debates sobre el futuro de la región.
“Nosotros nunca tuvimos problemas ni con los militares, ni con los conservadores, ni con los radicales, ni con los peronistas. Al que teníamos que aplaudir, lo aplaudíamos; y al que teníamos que criticar, lo criticábamos”, decía con la firmeza de quien entendía la independencia gremial como un principio innegociable.
Pero si hubo una causa que terminó marcando profundamente su vida fue la lucha contra la fiebre hemorrágica argentina.
A comienzos de los años 60, la enfermedad golpeaba con crudeza al norte bonaerense. Ramallo, Pérez Millán, La Violeta y Pergamino convivían con el miedo y las muertes provocadas por el llamado “mal de los rastrojos”. En ese contexto, Olego comenzó a trabajar junto al doctor Julio Maiztegui, una de las figuras científicas más importantes del país.
“Junto con el doctor Maiztegui yo hice estudios de campo para decirse los rastrojos, anduve junto con él. Era una persona muy derecha… pero al cual le debemos que hoy tenemos la vacuna”, recordaba.
La relación entre ambos trascendió lo institucional. Cuando Maiztegui enfermó, le expresó a Olego un deseo que luego se convertiría en realidad: la creación de una fundación que respaldara al instituto que investigaba la enfermedad.
Tras la muerte del médico, Olego fue uno de los impulsores de la Fundación Maiztegui, entidad que ayudó a sostener el trabajo científico y sanitario en momentos donde el respaldo estatal era escaso.
“Empezamos con el aporte de cien pesos por cada entidad… y a los diez años dejamos a la Fundación con edificio propio”, relataba con orgullo sereno.
La misma lógica solidaria aplicó años más tarde en el mutualismo. Fue asociado fundador y presidente durante 37 años de Mutual Federada 25 de Junio, además de presidente fundador de FAMSA, la Federación Argentina de Mutuales de Salud.
Desde esos espacios impulsó una visión profundamente humana del cooperativismo y la economía solidaria.
“Yo siempre pensé en los que menos tienen. En los que más precisan. Pero en la gente honrada”, afirmaba.
Quienes lo conocieron coinciden en que Olego no fue solamente un dirigente. Fue un articulador social. Un hombre capaz de sentar en una misma mesa a productores, cooperativas, comerciantes, municipios y entidades intermedias para impulsar proyectos comunes.
Entre esos recuerdos aparece la histórica Feria Rural de Ramallo, organizada en plena década del 70, que logró reunir a miles de personas y mostrar el potencial productivo de la región.
“Ramallo lo tiene todo”, repetía orgulloso, recordando aquellos banderines que sintetizaban su mirada sobre el distrito.
Con el paso de los años recibió innumerables reconocimientos. Fue declarado Ciudadano Ilustre de Ramallo y distinguido por entidades mutualistas nacionales. Sin embargo, en la intimidad seguía emocionándose al recordar los comienzos humildes.
“Yo conozco cómo nacimos. Es igual que un chico que nace desnudo. Lo que va a lograr en la vida depende de él”, reflexionaba.
Ildefonso Olego falleció el 7 de mayo de 2017 en Villa Ramallo. Tenía detrás una vida atravesada por el trabajo, la militancia rural, la solidaridad y la construcción colectiva.
Su historia quedó enlazada para siempre al campo del norte bonaerense, a la pelea contra la fiebre hemorrágica argentina y al crecimiento de instituciones que todavía hoy continúan su legado.
En tiempos donde muchas veces prevalece lo inmediato, su figura vuelve a emerger como la de aquellos dirigentes que entendían que el verdadero progreso se construía pensando en el otro.