En una charla atravesada por la pasión, la ciencia y el arte, el paleoartista Miguel Ángel Lugo compartió su recorrido y su mirada sobre la prehistoria durante una entrevista en un programa radial de Ramallo, en la antesala de la presentación de su libro Therion, guía de las bestias.
Con más de 25 años de trayectoria en la reconstrucción de megafauna, Lugo explicó de manera didáctica cómo era el territorio que hoy habitan los vecinos de la región. “En el tiempo de los dinosaurios, la provincia de Buenos Aires estaba debajo del agua. Todo esto era mar”, afirmó, y sorprendió al detallar que esa condición se extendió “hasta hace unos tres millones de años”.
A partir de allí, trazó un puente entre la ciencia y la imaginación: “Hoy cierro los ojos y me imagino una sabana africana llena de animales… eso era acá, en Ramallo”.
Su vínculo con el dibujo comenzó desde muy chico. “Tenía cuatro años cuando me regalaron unas acuarelas. Desde ese entonces comencé a dibujar todo lo que veía”, recordó. Esa vocación temprana, según remarcó, fue clave en su desarrollo: “Cuando un niño tiene una pasión, hay que motivarla. Eso es lo que después lo va a formar”.
El artista también relató cómo, sin formación académica inicial, comenzó a explorar el mundo de los fósiles en arroyos de la zona. “Mi segunda pasión era recorrer los arroyos en busca de fósiles”, contó. Con el tiempo, ese interés derivó en un aprendizaje más profundo junto a especialistas y en el hallazgo de restos de especies prehistóricas, como gliptodontes y otros mamíferos de gran tamaño.
En ese sentido, destacó la riqueza paleontológica de la región: “La provincia de Buenos Aires tiene sus habitantes particulares. Había mamíferos gigantes, como perezosos de cuatro toneladas”.
Sin embargo, Lugo hizo una aclaración clave sobre la actividad: “La búsqueda y extracción de fósiles es ilegal. Es parte de nuestro patrimonio. Lo correcto es dar aviso a especialistas para que hagan una campaña paleontológica”.
Además de su trabajo de campo, el artista desarrolló reconstrucciones a tamaño real para espacios expositivos y museos. “Muchas veces son desafiantes, porque hay que lograr precisión anatómica. El mayor trabajo es la investigación previa”, explicó.
Sobre su libro, detalló que se trata de una guía técnica basada en sus propios registros: “Hacía dibujos del fósil y al lado la representación del animal vivo, como una libreta de campo”. Y agregó: “No llega a ser un libro tradicional, sino una guía de los animales que estuvieron acá, en Ramallo”.
Finalmente, Lugo subrayó la importancia de acercar este conocimiento a la comunidad: “La idea es que la gente entienda lo que hubo en este suelo y se apropie de esa historia”.
En tiempos donde la divulgación científica gana terreno, su trabajo se presenta como un puente entre el pasado remoto y las nuevas generaciones, combinando rigor, creatividad y una profunda identidad local.