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POLITICA
22 de abril de 2026
El exintendente de Pergamino Héctor “Cachi” Gutiérrez analizó la crisis económica, cuestionó la falta de conducción en el radicalismo y advirtió sobre el deterioro del clima social.
En una extensa entrevista radial, el exintendente de Pergamino, Héctor María Gutiérrez, trazó un diagnóstico crítico del presente económico y político del país, con especial foco en el impacto sobre la vida cotidiana y el entramado social. Con la experiencia de haber gobernado su ciudad durante cuatro mandatos y una larga trayectoria en la Unión Cívica Radical (UCR), el dirigente no evitó definiciones contundentes.
“Es muy complicado”, sintetizó al referirse al contexto actual. Si bien reconoció algunos aspectos positivos en materia macroeconómica, como el orden fiscal, puso el acento en lo que ocurre a nivel de la gente. “El tema es la microeconomía. Ahí estamos muy mal”, advirtió.
Para Gutiérrez, el impacto de las políticas económicas se refleja con claridad en el deterioro del poder adquisitivo. “Los ingresos van por debajo de la inflación”, señaló, y explicó que esta situación no es circunstancial sino parte de una concepción: “El gobierno sostiene que si hay más dinero, aumentan los precios. Tiene una obsesión con la inflación”.
En ese marco, consideró poco realista la posibilidad de una mejora rápida. “Casi ningún país del mundo bajó la inflación a cero en dos años”, afirmó, al tiempo que recordó experiencias regionales que demandaron procesos más largos.
Pero más allá de los indicadores, el exintendente puso el foco en el humor social. “La gente está enojada, la gente está muy mal”, describió. Y alertó sobre las consecuencias de ese malestar: “Eso genera otro tipo de violencia. No es la del 2001, pero produce conflictos intrafamiliares y altera las relaciones sociales”.
El diagnóstico se apoya también en lo que observa en el territorio. “Empiezan a aparecer locales vacíos, comercios que no resisten”, relató. Y agregó un dato que considera clave: “La gente no se compra ropa porque no puede terminar de pagar la tarjeta”. En ese sentido, explicó que el endeudamiento se vuelve una trampa difícil de revertir: “El banco cobra tasas muy altas, el que paga el mínimo no sale más”.
La caída del consumo, según su mirada, golpea especialmente a sectores tradicionales. “La confección está muy mal, no solo por importaciones sino por falta de demanda”, indicó. Y lo vinculó directamente con la pérdida de ingresos en la clase media: “Hay gente que no llega a fin de mes”.
En paralelo, Gutiérrez cuestionó la desconexión entre el discurso oficial y la realidad percibida. “Cuando escucho que los próximos meses van a ser los mejores de la historia, digo que alguien está fuera de foco”, expresó. Y planteó una disyuntiva: “O el gobierno vive en otro país, o se engaña y nos quiere engañar”.
En el plano político, el dirigente radical también fue crítico con la situación de su propio espacio. “El partido está absolutamente atomizado”, afirmó sobre la Unión Cívica Radical. Según su visión, la falta de conducción y de debate interno debilitó al partido: “No discute, no se expresa, no sabemos qué piensa”.
Esa fragmentación, sostuvo, se traduce en estrategias dispersas de cara al futuro. “Cada uno atiende su juego, algunos acuerdan con el peronismo, otros con el gobierno”, explicó. Y fue aún más contundente al definir el momento actual: “Lo que fue la gloria del radicalismo hoy es su ocaso”.
A pesar de ese panorama, reivindicó el rol histórico del partido. “Es el que defiende la república, la democracia y la tolerancia”, señaló, marcando la necesidad de recuperar esos valores en un contexto que describió como desafiante.
Consultado sobre la posibilidad de volver a competir electoralmente en Pergamino, Gutiérrez dejó abierta la puerta, aunque con reservas. “No me parece que deba hacerlo, pero no me den media vuelta porque arranco”, dijo, en tono distendido. Sin embargo, advirtió sobre las dificultades del escenario local: “Hay una desigualdad muy grande en la competencia”.
En ese punto, denunció prácticas que, según su mirada, afectan la transparencia. “La corrupción no solo deprecia la democracia, también genera desigualdad en la competencia electoral”, afirmó. Y ejemplificó con el uso de recursos en campañas: “Si uno pone 500 carteles y el otro 10.000, la cancha está inclinada”.
Finalmente, Gutiérrez llamó a observar con atención la evolución del país en los próximos meses. “Habrá que ver cómo evoluciona este querido país”, expresó, sin ocultar su preocupación pero apelando también a una mirada de futuro.
En un contexto atravesado por tensiones económicas, incertidumbre política y malestar social, su diagnóstico combina experiencia, crítica y una advertencia que resume el clima actual: “La gente está muy mal”. Una frase que, más allá de los números, refleja el pulso de una realidad que sigue en transformación.