En un escenario industrial atravesado por cambios tecnológicos, exigencias ambientales y vaivenes económicos, el Instituto Argentino de Siderurgia (IAS) continúa sosteniendo un rol clave, aunque menos visible, en la mejora de procesos productivos. Desde San Nicolás, con fuerte presencia de profesionales de Ramallo, la institución se mantiene vigente gracias a su capacidad de adaptación.
Así lo expresó su gerente, el ingeniero Héctor Sbuttoni, quien acumula más de 40 años de trayectoria en el sector: “Hace unos 31 años que estoy en el IAS, pero arranqué en Somisa en el ‘80, así que hace más de 40 que ando dando vueltas por la siderurgia”.
El IAS nació en la década del 70 con un objetivo claro: fortalecer el desarrollo tecnológico de la industria siderúrgica nacional. “Fue creado como apoyo a la industria, en una época donde se formaban profesionales y se los enviaba al exterior para capacitarse en los lugares más avanzados”, recordó.
Sin embargo, los cambios estructurales de los años 90 obligaron a redefinir su rumbo. “Después de los 90 nos tuvimos que reinventar. Las empresas cambiaron, y nosotros también. Nos volcamos mucho a los servicios, aprovechando el equipamiento y el conocimiento del personal”, explicó.
Hoy, el instituto trabaja principalmente en ingeniería aplicada, controles de calidad, análisis de materiales y servicios vinculados al medio ambiente. “Investigación se hace muy poco, salvo en colaboración con productos nuevos, pero sí hay una fuerte ingeniería aplicada en distintos temas”, detalló.
Uno de los desafíos centrales es sostener estándares internacionales en un contexto económico complejo. “Mantener laboratorios con exigencias cada vez mayores requiere renovar equipamiento constantemente, y eso depende de importaciones, dólares, repuestos. Es un trabajo permanente”, señaló.
A pesar de ese escenario, el IAS se financia mayormente con sus propios recursos. “Desde los años 90 vivimos de lo que vendemos. Esa frase resume bastante bien lo que hacemos”, sintetizó Sbuttoni.
El capital humano aparece como uno de los pilares fundamentales. Profesionales de la región no solo integran el instituto, sino que también son referentes en distintas áreas. “Tenemos gente muy reconocida, como la ingeniera Silvia Camelli en materiales refractarios o "Wadi" Chaparoli en conformado de chapas. Ramallo está muy presente acá”, destacó.
Esa impronta también se refleja en la formación de nuevas generaciones. “Muchos jóvenes pasaron por el IAS y hoy están en lugares importantes. Algo debemos haber aportado para su desarrollo”, valoró.
En ese sentido, la capacitación y la articulación con la industria siguen siendo ejes centrales. “Estamos viendo cómo ser en esta etapa de renovación de gente. Todo el área de capacitación sigue trabajando muy bien, y también el vínculo con empresas y proveedores”, explicó.
Más allá de los cambios, hay algo que permanece intacto: la vocación. “Cada uno cuenta apasionadamente lo que hace. Eso se nota cuando vienen visitas, cuando recorren el instituto. Nos gusta lo que hacemos”, afirmó.
En tiempos donde la industria busca eficiencia constante, el IAS se posiciona como un actor silencioso pero estratégico. “Las empresas están en un desarrollo continuo de optimizar todo. Cada presupuesto hay que justificarlo, cada trabajo tiene que demostrar valor”, concluyó Sbuttoni.
Desde esa lógica, entre la experiencia acumulada y la necesidad de adaptarse, el instituto sigue encontrando su lugar en una cadena productiva que no deja de transformarse.