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20 de marzo de 2026
Darío Paoloni, presidente de la subcomisión de fútbol, puso en números el impacto del club en Ramallo: viajes millonarios, alquileres y sueldos, en un esquema que se apoya en la dirigencia y el trabajo colectivo.
Detrás de cada partido hay una estructura que no siempre se ve. En el caso de Defensores de Belgrano de Villa Ramallo, esa trama invisible combina logística, inversión y, sobre todo, un fuerte trabajo dirigencial que sostiene al club desde hace casi dos décadas en el Federal A.
“Acá hay entre plantel y cuerpo técnico 40 personas que están cobrando un sueldo, hay hoteles, restaurantes y un movimiento enorme que muchas veces no se dimensiona”, explicó Darío Paoloni en diálogo radial.
El dirigente no dudó en definir al club como una unidad económica en sí misma: “es casi una pyme más dentro del partido de Ramallo”, sostuvo. Pero aclaró que detrás de ese funcionamiento hay una tarea diaria silenciosa que recae en un grupo amplio de dirigentes.
Una estructura que se organiza todos los días
Sostener esa estructura implica números concretos y una gestión permanente. Solo en traslados, la cuenta es contundente. “Estamos hablando de unos 3.000 pesos por kilómetro. En esta primera parte hicimos entre 5.000 y 6.000 kilómetros, son unos 18 millones de pesos nada más que en viajes”, detalló.
A eso se suman alquileres —entre 12 y 13 viviendas para jugadores—, alimentación, sueldos y gastos operativos. En ese engranaje, Paoloni destacó nombres propios que sostienen el día a día.
Sebastián Briata aparece como una de las piezas clave en la coordinación cotidiana, en contacto permanente con el plantel y la logística, mientras que Patricio Pasquali lleva adelante la compleja tarea administrativa, desde contratos hasta reservas y organización general.
“No es fácil, hay un grupo de chicos que viene atrás y todos ayudan. Esto lleva muchísimo tiempo”, remarcó el dirigente, al poner en valor la tarea colectiva que muchas veces no se visibiliza.
Costos altos, modelo colectivo
El esquema se sostiene sin depender de un único aportante, algo que Paoloni considera central. “No hay una sola persona que ponga todo el dinero. Hay muchos que aportan un poco y eso hace más sostenible el proyecto”, explicó.
También subrayó un punto clave que se sostiene con orden y compromiso: “Sabemos que se pagan sueldos bajos, pero se paga. Y eso es importante para que los jugadores vengan”.
Ese cumplimiento, sumado a la organización interna, le permitió al club construir una reputación dentro de la categoría.
Un trampolín que también se gestiona
Más allá de lo económico, Defensores se consolidó como vidriera para futbolistas. Por el club pasaron jugadores como Emiliano Vecchio o Guido Herrera, que luego dieron el salto a categorías superiores.
“Siempre les decimos que esto es un trampolín”, explicó Paoloni. Pero detrás de esa oportunidad también hubo decisiones estratégicas: contratos más largos y negociaciones que permitieron ingresos para sostener la estructura.
“Cuando vas a AFA te preguntan cómo hiciste para vender jugadores desde el Federal A. Eso nos dio un respeto grande”, recordó.
El valor de sostenerse
Con casi 20 años en la categoría, el mayor logro no es solo competir, sino mantenerse. Cada temporada implica empezar de nuevo, con recursos limitados pero con una base dirigencial consolidada.
“Nos costó mucho llegar hasta acá como para decir ‘no jugamos más’”, reflexionó.
Y dejó un mensaje que resume el espíritu del club: “Invitamos a la gente a que acompañe. Armamos un buen equipo y esperamos estar a la altura de las circunstancias”.
En Villa Ramallo, el fútbol no solo se juega: se construye todos los días, con gestión, compromiso y el esfuerzo de muchos.