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20 de marzo de 2026
El ingeniero agrónomo Mariano García advirtió sobre el impacto de la sequía estival en los cultivos y anticipó una campaña por debajo del promedio, con preocupación creciente entre los productores por los costos y la incertidumbre climática.
La campaña agrícola transita su tramo final en la región con un escenario atravesado por contrastes productivos y una marcada cautela por parte de los productores. Así lo describió el ingeniero agrónomo Mariano García, quien en diálogo radial brindó un panorama detallado sobre el estado de los cultivos y las perspectivas para el cierre del ciclo.
En plena recorrida de lotes, y a la espera de nuevas lluvias, el especialista señaló que la cosecha de maíz temprano se encuentra prácticamente finalizada, mientras que la soja de segunda atraviesa la etapa final de llenado de granos. Sin embargo, el balance general dista de ser homogéneo.
“El comportamiento fue muy variable”, explicó, al referirse a la falta de precipitaciones durante buena parte del verano. A diferencia de otras regiones donde las lluvias llegaron a tiempo para revertir el deterioro de los cultivos, en esta zona el estrés hídrico y las altas temperaturas dejaron secuelas, especialmente en sojas de primera, maíces sembrados en diciembre y planteos de segunda.
En ese contexto, García remarcó que las diferencias productivas dentro de una misma área se profundizan cada vez más. Factores como la calidad de los suelos, la ocurrencia de lluvias aisladas y, sobre todo, el manejo agronómico previo —con rotaciones y fertilización— terminan siendo determinantes en los resultados finales.
De cara al cierre de la campaña, el diagnóstico es prudente. El profesional anticipó que los rindes se ubicarán por debajo del promedio de los últimos cinco años, con mayor impacto en soja de primera y en los maíces tardíos. Paradójicamente, los maíces tempranos podrían mostrar un desempeño relativamente mejor en comparación con otros ciclos, algo poco habitual en la zona.
Pero más allá de lo estrictamente productivo, el foco también está puesto en el frente económico. “El productor está asustado”, resumió García, al describir el clima de ánimo en el sector. Los márgenes ajustados, el aumento de los costos y el atraso relativo de los precios de los granos frente a la inflación configuran un escenario complejo.
Según detalló, mientras los costos de producción —fuertemente dolarizados— continúan en alza, los valores de la soja y otros cultivos se mantienen prácticamente estables en términos nominales, lo que erosiona la rentabilidad. En ese marco, consideró que una eventual baja de retenciones podría representar un alivio, aunque advirtió que el objetivo en esta campaña será, en muchos casos, “perder lo menos posible”.
La mirada hacia adelante tampoco está exenta de incertidumbre. La próxima campaña de invierno, especialmente el trigo, dependerá en gran medida de la evolución de las reservas de humedad en el suelo. A esto se suma el fuerte incremento en el costo de los fertilizantes, con subas cercanas al 40%, lo que impacta de lleno en la estructura de costos.
En paralelo, comienzan a ganar espacio algunos cultivos alternativos como la camelina y la carinata, impulsados por la demanda de nuevos mercados vinculados a biocombustibles y usos industriales. Aunque todavía presentan desafíos técnicos, aparecen como opciones a considerar en un contexto donde diversificar puede ser clave.
Con un clima incierto, costos en alza y márgenes bajo presión, el cierre de campaña deja una señal clara: la cautela volvió a instalarse en el campo. El desafío será atravesar este ciclo con equilibrio y prepararse para un nuevo escenario productivo que exige cada vez mayor precisión en la toma de decisiones.