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8 de Octubre de 2026
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8 de octubre de 2026
El histórico dirigente de la Unión Cívica Radical, profesor de Educación Física y referente de la vida social y comercial del partido falleció este jueves a los 90 años. Desde Radio Ramallo lo recordamos a través de la entrevista que le realizó Ariel Ribak en el ciclo Patrimonio Ramallense, donde repasó una vida atravesada por la educación, el trabajo, la política y el compromiso con su comunidad.
Hay personas cuya historia se confunde con la de un pueblo. Hombres que, a lo largo de los años, construyen vínculos, abren caminos y dejan recuerdos que permanecen en la memoria colectiva. Miguel Ángel Torello, conocido por todos como el Negro Torello, fue uno de ellos. Su fallecimiento, este jueves, a los 90 años, invita a recorrer una vida profundamente ligada a Ramallo y a las instituciones que contribuyeron a darle identidad.
Desde Radio Ramallo queremos recordarlo a través de aquella charla cálida y llena de recuerdos que mantuvo con Ariel Ribak en Patrimonio Ramallense, el ciclo de entrevistas publicado en YouTube que recupera las historias de quienes forman parte del patrimonio humano y cultural de la ciudad.
En el Club de Pelota Ramallo, rodeado de recuerdos y con la familiaridad de quien vuelve a encontrarse con un amigo, Torello fue reconstruyendo su historia. Lo hizo con sencillez, humor y una memoria que le permitió viajar por distintas épocas, desde los primeros años de su infancia hasta su participación en la educación, el comercio, la industria y la política local.
La historia de Miguel también era la historia de su familia. Su abuelo llegó a la Argentina desde Italia en el siglo XIX y encontró en Ramallo el lugar donde echar raíces. Según recordó durante la entrevista, quedó impresionado por la organización del pueblo y sus calles. Tanto fue así que, al llegar, les dijo a sus paisanos que había conocido un lugar que, con el tiempo, podía llegar a ser más grande que Buenos Aires.
La familia se instaló y comenzó una actividad comercial que atravesaría generaciones. El almacén de los Torello, ubicado en la esquina de San Martín y Santiago del Estero, se convirtió en una referencia de la vida cotidiana ramallense. Allí transcurrieron buena parte de sus recuerdos de infancia y, más adelante, una etapa fundamental de su propia vida.
Su vínculo con aquel lugar iba mucho más allá de la actividad comercial. El almacén también estaba relacionado con la historia deportiva de la ciudad. En ese predio había funcionado la cancha del club Unión y Cultura, una de las primeras instituciones futbolísticas de Ramallo, de la que su padre había sido fundador.
Miguel recordaba las tardes de vacaciones, cuando después de almorzar salía rumbo a la cancha para jugar con otros chicos. También evocó un episodio doloroso de aquella infancia: a los 10 años se quebró una pierna mientras jugaba al fútbol. Pero ni siquiera ese recuerdo logró opacar el cariño con el que hablaba de aquellos años.
La historia familiar estaba marcada, además, por el esfuerzo. Su abuelo murió a los 43 años y su abuela quedó al frente del negocio, acompañada por sus hijos. Su padre, que tenía apenas 13 meses cuando falleció su progenitor, continuó ligado a esa tradición. Décadas después, Miguel asumiría la responsabilidad del almacén y estaría al frente durante los últimos 25 años de su actividad comercial.
Torello cursó sus estudios primarios en la Escuela N.º 1 de Ramallo. Como todavía no existía un establecimiento secundario en la ciudad, debió trasladarse a San Nicolás para continuar su formación. Primero vivió con unos tíos y luego completó sus estudios viajando diariamente.
Aquella experiencia formativa coincidió con una etapa de transformación para Ramallo: la creación del Instituto Secundario Ramallo, una institución que respondió a una necesidad histórica de las familias del partido.
Miguel participó de sus primeros años como profesor de Educación Física, cuando el establecimiento comenzaba a recibir estudiantes de distintas localidades. Recordó que se organizaron dos grupos de aproximadamente 30 alumnos y que, para desempeñarse, recibió orientaciones de un docente de San Nicolás.
Su paso por las aulas dejó una marca que se extendió durante años. En la entrevista, contó que había trabajado allí en distintos períodos, incluido uno posterior a su servicio militar, y que durante una década acompañó la formación de numerosos estudiantes.
La docencia fue uno de los capítulos de una vida laboral que también lo llevó a la industria. Trabajó en Villa Constitución antes de ingresar a Fiplasto, donde desarrolló una extensa trayectoria y llegó a desempeñarse en el área de tesorería.
Sin embargo, los distintos trabajos nunca lo alejaron del todo de sus raíces ni de la actividad comunitaria. Su recorrido parecía enlazar, una y otra vez, los espacios donde se construía la vida de Ramallo.
La participación política fue otra de las dimensiones centrales de su trayectoria. Militante de la Unión Cívica Radical, Torello fue protagonista de una etapa en la que la vida institucional local encontraba en el diálogo una herramienta para resolver diferencias.
Al recordar los años de la recuperación democrática, evocó la convivencia entre dirigentes de distintas fuerzas políticas y sintetizó aquella experiencia con una reflexión que conserva especial valor:
“Nunca había choques muy fuertes. Lógicamente que se discutían las ordenanzas, sí, pero siempre con prudencia”.
Sus palabras recuperaron una manera de entender la política en la que las diferencias podían expresarse sin impedir el trabajo compartido. Una convivencia que, según contó, tuvo entre sus protagonistas a referentes radicales y peronistas de la ciudad.
En 1987 fue candidato a intendente de Ramallo, en una elección en la que compitió con Alejandro Ballester. La contienda electoral no impidió que ambos mantuvieran una relación respetuosa.
También recordó su participación en el Concejo Deliberante y un hecho que lo llenaba de orgullo: en 1984 confeccionó y presentó la ordenanza que proponía destinar el antiguo edificio municipal a la construcción del Museo Municipal. Una década después, en 1994, el museo fue inaugurado durante la intendencia de Ballester.
Al rememorar aquel momento, quedó en evidencia que su compromiso con Ramallo trascendía las diferencias partidarias. Le importaba la historia de la ciudad y entendía que conservarla era también una forma de construir futuro.
El 24 de octubre de 1970, en coincidencia con la fecha de fundación de Ramallo, quedó constituido el Centro de Comercio local. Torello fue uno de sus impulsores y asumió inicialmente la presidencia provisoria para organizar la asamblea fundacional.
Después, con Horacio Moreira al frente de la institución, se desempeñó durante diez años como tesorero.
Durante la entrevista, recordó el esfuerzo colectivo que permitió adquirir una propiedad en el centro de la ciudad, gracias al aporte mensual de comerciantes locales. Aquella experiencia volvió a mostrar una característica de su recorrido: la convicción de que las instituciones se construyen con participación, compromiso y trabajo compartido.
Su actividad comunitaria también incluyó su participación en la Sociedad Italiana, una faceta que quedó pendiente para una segunda conversación con Ariel Ribak. Como suele suceder en las entrevistas que recuperan una vida entera, siempre quedaban historias por contar.
Los últimos años de su trayectoria laboral lo llevaron a Rosario, donde trabajó durante 14 años en el PAMI, como jefe de División de Compras y Suministros. Allí encontró una nueva etapa profesional, aunque mantuvo su vínculo con Ramallo, donde conservó su casa y a donde regresaba.
Al hablar de aquel período, recordó el acompañamiento de sus compañeros y amigos, que lo ayudaron cuando el almacén atravesaba dificultades. La emoción apareció al evocar esos gestos de solidaridad, una muestra de los lazos que había construido a lo largo de su vida.
En el tramo final de la entrevista, entre agradecimientos y anécdotas, Ariel Ribak destacó el aporte de Torello a la comunidad. Miguel, fiel a su estilo, todavía encontró espacio para agregar algo más: su participación en la Sociedad Italiana y la historia de otros integrantes de su familia ligados al Instituto Secundario Ramallo.
Era una manera de entender la vida: siempre había otra historia, otra persona o alguna memoria que merecía ser recuperada.
Hoy, con su partida a los 90 años, Ramallo despide a un hombre que formó parte de su historia desde distintos lugares. Fue docente, trabajador, comerciante, dirigente político y promotor de instituciones. Pero también fue el hijo y el nieto de una familia profundamente arraigada en la ciudad, el vecino que conservaba sus recuerdos y el amigo al que muchos conocían simplemente como el Negro.
Desde Radio Ramallo lo recordamos a través de su propia voz, de sus anécdotas y de esa conversación que permitió acercarnos no solamente a su trayectoria, sino también al hombre detrás de cada función que desempeñó.
Porque el patrimonio de una comunidad no está únicamente en sus edificios, sus calles o sus documentos. También vive en las personas que dedicaron su tiempo a construirla y en las historias que dejan para las generaciones que vienen.
Miguel Ángel Torello fue parte de esa memoria. Y su historia seguirá siendo, para Ramallo, una forma de reconocerse en su propia identidad.