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28 de Septiembre de 2026
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28 de septiembre de 2026
La 21ª edición del festival transformó durante el fin de semana la costanera de San Pedro en un escenario multitudinario. Entre músicos, turistas y trabajadores del espectáculo, José, Marcos, Leo y Toto Pescio volvieron a poner el sello de una familia de Ramallo que lleva décadas detrás de los grandes escenarios de la región.
Durante dos jornadas, la costanera de San Pedro volvió a convertirse en una gran fiesta. La música country ocupó el escenario, el público se acercó desde distintas localidades y la ciudad volvió a vivir uno de esos fines de semana en los que la actividad se siente también en las calles, los comercios, los restaurantes y los hoteles.
La 21ª edición del San Pedro Country Music Festival volvió a reunir a músicos y seguidores del género y tuvo como uno de sus principales protagonistas a la propia ciudad, que durante viernes y sábado recibió a quienes llegaron para disfrutar de una propuesta que ya forma parte de su calendario cultural.
El domingo, la lluvia cambió los planes. Las precipitaciones fueron intensas y obligaron a suspender el cierre previsto. Pero para entonces, buena parte de la fiesta ya había quedado registrada en la memoria de quienes pasaron por la costanera.
Y entre los nombres que trabajaron para que esa fiesta pudiera suceder apareció, una vez más, uno que tiene fuerte identidad ramallense: Pescio.
José, Marcos, Leo y Toto Pescio fueron parte del equipo que estuvo detrás del escenario. Para ellos, sin embargo, no se trató simplemente de otro festival.
El trabajo de los Pescio tiene una historia que viene de varias décadas atrás, cuando José Pescio padre comenzó a construir un camino ligado a los espectáculos, la música y la técnica. A su lado, Mirta Capozuca fue también una figura fundamental dentro de esa historia familiar.
Con el paso del tiempo, aquella actividad se convirtió en un oficio que atravesó generaciones.
Hoy son José, Marcos, Leo y Toto quienes continúan ese recorrido. Cambiaron las tecnologías, crecieron los escenarios y aumentaron las exigencias de los espectáculos, pero detrás de cada presentación continúa existiendo la misma necesidad: que el sonido, las luces y la estructura funcionen cuando llega el momento de que los artistas salgan a escena.
En un festival de estas características, buena parte de ese trabajo ocurre lejos de los aplausos.
El público ve al músico, escucha la canción y observa las luces. Detrás de todo eso hay horas de preparación, equipos, cables, estructuras, pruebas y una tarea técnica que debe funcionar con precisión.
En San Pedro, esa tarea volvió a tener acento ramallense.
La presencia de los Pescio en el San Pedro Country permite mirar el festival desde una perspectiva diferente.
No solamente desde quienes suben al escenario, sino también desde quienes hacen posible que el escenario exista.
Durante años, distintas generaciones de trabajadores y productores de Ramallo fueron acompañando los grandes eventos de la región. Fiestas populares, espectáculos musicales y escenarios que fueron creciendo junto con una industria que muchas veces permanece detrás de escena.
Los Pescio forman parte de esa historia.
Por eso, cuando las luces se encienden y comienza la música, también hay una parte de Ramallo que está allí.
La propuesta impulsada por Gustavo Laurino volvió a encontrar en la costanera sampedrina el lugar para una celebración que ya tiene identidad propia. Durante viernes y sábado, el público ocupó el espacio, la música se extendió sobre el río y la ciudad vivió el movimiento propio de una fiesta que trasciende lo estrictamente musical.
El domingo, la lluvia terminó modificando el cierre. Pero no alcanzó para borrar lo que había ocurrido durante las jornadas anteriores.
Entre el sonido de las guitarras, las luces sobre el escenario y una costanera colmada, los Pescio volvieron a escribir un capítulo de una historia que comenzó en Ramallo y que, con el paso de los años, siguió recorriendo los escenarios de toda la región.
Esta vez fue San Pedro.
Y detrás de la música, otra vez, estuvo el sonido de Ramallo.