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29 de Junio de 2026
LOCALES
29 de junio de 2026
Cristian "Pini" Fabrizzi convirtió las degustaciones en una estrategia para acompañar a los gastronómicos de Ramallo. Los encuentros se realizan en restaurantes durante los días de menor actividad y generan movimiento económico y social.
En tiempos donde las noticias económicas suelen hablar de retracción del consumo, persianas que bajan antes de tiempo y comerciantes que hacen cuentas para llegar a fin de mes, todavía existen historias que muestran otra manera de hacer empresa. No se trata solamente de vender un producto. Se trata de construir comunidad.
Eso ocurre en Ramallo desde hace varios años con las degustaciones organizadas por Decanter, la vinoteca que conduce Cristian "Pini" Fabrizzi. Lo que comenzó como una propuesta para acercar bodegas a los consumidores terminó convirtiéndose en algo mucho más profundo: una herramienta para acompañar al comercio gastronómico y generar encuentros entre vecinos.
La lógica parece sencilla, aunque rompe con la costumbre del rubro. En lugar de organizar los descorches dentro de su propio local, Decanter lleva cada evento a un restaurante distinto de la ciudad.
El motivo tiene una explicación tan simple como solidaria.
"Nosotros lo que hacemos es una devolución a nuestros clientes de gastronomía. Atendemos casi el 80 por ciento de la gastronomía de Ramallo y, en vez de hacer la degustación en nuestro local, preferimos llevarla a ellos", explica Fabrizzi.
La elección tampoco es casual. Los encuentros se organizan los martes, un día históricamente difícil para la actividad gastronómica.
"Pedimos que sea un martes porque generalmente el restaurante no está en actividad. Poder llevarle treinta o cuarenta personas ese día es un golazo."
En una economía donde cada mesa ocupada hace la diferencia, esas cuarenta personas representan mucho más que una cena. Significan trabajo para cocineros, mozos, proveedores y productores locales. También ofrecen la posibilidad de que nuevos clientes descubran un restaurante al que quizás nunca habían ido.
Pero el impacto no termina en la economía.
Cada degustación se transforma en una mesa compartida donde desconocidos terminan conversando, donde las bodegas cuentan la historia de sus vinos y donde los cocineros muestran el talento que muchas veces permanece oculto para quienes no frecuentan esos espacios.
"El objetivo es comer bien, conocer nuevos vinos y pasar una noche de amigos", resume Fabrizzi.
No habla de clientes. Habla de vínculos.
"Nosotros no tenemos clientes. Hemos generado un culto a la amistad con la gente que entra al local."
Esa mirada explica por qué las degustaciones siempre son con cupos limitados. No buscan multitud ni espectáculos masivos. Buscan cercanía.
"Nos gusta trabajar con grupos pequeños, compartir una mesa, descubrir las propuestas gastronómicas de Ramallo y disfrutar del momento. A veces te sentás al lado de alguien a quien solamente saludabas en la calle y terminás pasando una noche espectacular."
En una época donde gran parte de los encuentros ocurren detrás de una pantalla, esas cenas recuperan algo que parecía perdido: el tiempo para conversar.
Las experiencias ya pasaron por Viandas Saludables, Palena y Terruño, y el calendario continuará durante todo el año con nuevas propuestas en Lo de Bocha, Nodo, Ramos Generales, Pasadena, la vermutería Cariboni y otros espacios gastronómicos de la ciudad.
Cada restaurante aporta su identidad; cada bodega acerca nuevos vinos; cada encuentro deja nuevas relaciones.
Paradójicamente, mientras el consumo de vino atraviesa cambios de hábitos y una caída sostenida, Fabrizzi cree que la respuesta no está solamente en vender más botellas, sino en ofrecer experiencias.
"La industria del vino se adaptó. Hoy se hacen vinos más fáciles de tomar, más amigables. Nosotros tratamos de que la gente también descubra bodegas boutique y pequeños productores."
Detrás de Decanter también hay una historia familiar.
La vinoteca nació hace casi trece años con la indemnización laboral de su esposa, Estefanía (Correa). Las cajas de vino primero ocuparon el comedor de la casa y luego se transformaron en un emprendimiento que hoy abastece a gran parte de la gastronomía local.
"Sin el apoyo de mi familia esto no hubiera sido posible", reconoció.
"Pini" contó de los actos escolares que se perdió, de las noches de Navidad cerrando el local al límite del brindis familiar y de unas vacaciones siempre condicionadas por el trabajo.
Quizás por eso entiende que un comercio puede ser mucho más que un lugar donde se compra y se vende.
Puede ser un punto de encuentro.
Puede ayudar a que un restaurante tenga una buena noche un martes cualquiera.
Puede hacer que un vecino descubra un nuevo vino o una nueva amistad.
Y puede demostrar que, incluso en tiempos económicos complejos, todavía hay proyectos que eligen crecer junto a otros.
Porque, al final, las degustaciones de Decanter sirven vino. Pero, sobre todo, sirven mesa compartida, trabajo local y comunidad.