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27 de Abril de 2026
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27 de abril de 2026
El periodista especializado analizó el fenómeno social detrás de Franco Colapinto, destacó el regreso del deporte motor al centro de la escena argentina y dejó definiciones cargadas de emoción sobre Traverso, Fangio y las oportunidades que marcaron a ciudades como Ramallo.
Hay voces que no solo informan: interpretan épocas. Y Roberto Ghiorsi, con la autoridad de quien hizo del automovilismo una forma de entender al país, puso en palabras algo que millones percibieron el fin de semana: Franco Colapinto ya dejó de ser solo una promesa del deporte para convertirse en un fenómeno popular.
“Estamos ante la presencia de uno de los deportistas más carismáticos de los últimos años”, afirmó, al describir la dimensión de una convocatoria que transformó a Buenos Aires en una verdadera fiesta del motor. Para Ghiorsi, lo ocurrido no fue casual ni pasajero: fue la confirmación de una conexión emocional profunda entre un piloto, su gente y una historia nacional atravesada por la velocidad.
Con la mirada de quien conoce el detrás de escena, fue todavía más allá: “Hoy después de Messi, salvando las enormes distancias, el segundo deportista individualmente más reconocido en la Argentina es Franco Colapinto”.
La frase no fue solo un elogio; fue una definición del tiempo presente. Porque lo que Colapinto generó en las calles, en los medios y en la conversación pública devolvió al automovilismo una centralidad que parecía reservada a otras épocas. Para Ghiorsi, especialmente en el interior, donde el deporte motor conserva una raíz identitaria, este resurgimiento tiene un peso aún mayor.
“Ayer quedó claro que se alinearon todos los planetas”, sintetizó, en referencia a una combinación excepcional de talento, carisma, contexto internacional y oportunidad estratégica para la Argentina.
Ese análisis incluyó un punto clave: la posibilidad concreta de que el país vuelva a ser sede de grandes categorías internacionales. Ghiorsi explicó que las reformas en el Autódromo de Buenos Aires y las conversaciones con Liberty Media forman parte de una apuesta mayor. “Argentina está teniendo reuniones para generar un espacio el año que viene o en 2028”, señaló, encendiendo una expectativa que excede lo deportivo y toca lo económico, turístico y cultural.
Sin embargo, el periodista también eligió detenerse en el costado más humano de este fenómeno. En medio de la idolatría, advirtió sobre el enorme desafío mental que enfrenta un piloto de elite. “La mente es tanto más importante que la condición natural”, explicó, recordando que la presión, la exposición y la exigencia pueden ser tan determinantes como el talento.
Y con crudeza, definió la lógica emocional argentina: “Si andás bien, sos un crack; si andás mal, te crucifican”.
El recuerdo de Juan María Traverso aportó uno de los pasajes más conmovedores. Ghiorsi vinculó al Flaco con Colapinto desde el legado, el orgullo y esa herencia emocional que sigue viva. “Hoy lo hubiese llenado de orgullo y Juan María hubiese sido el hincha número uno”, expresó, en una frase que conectó generaciones.
También apareció Fangio, como figura tutelar de toda esta historia. “Fangio es el patriarca de todos los pilotos”, sostuvo, reafirmando que cada nuevo ídolo argentino del volante inevitablemente dialoga con esa leyenda inmortal.
Pero quizás uno de los momentos más profundos surgió cuando la charla bajó a Ramallo, a lo cercano, a lo propio. Allí, Ghiorsi dejó una autocrítica que resonó más allá del deporte: “No supimos cuidar ni sostener”, dijo sobre la oportunidad perdida de capitalizar en su tierra el legado de Traverso.
Así, entre la euforia por Colapinto y la memoria de los gigantes, Roberto Ghiorsi construyó mucho más que una entrevista sobre automovilismo: ofreció una reflexión sobre identidad, pasión y futuro. Porque cuando un país vuelve a emocionarse frente a un motor, quizá también esté buscando reencontrarse con una parte de sí mismo.