Urquiza: “Hoy la dirigencia cuida la estética y no decide lo que hay que hacer”

Con tono pausado, memoria larga y sin rodeos, Jorge Urquiza volvió a mirar hacia atrás para explicar el presente. En diálogo con Estación Macondo, el exconcejal y dirigente radical reconstruyó los años en que Ramallo empezó a pensar el turismo como política de Estado, recordó la gestación del actual Paseo al Río y lanzó una crítica directa a la dirigencia actual: “actúa por lo que queda bien y no por lo que realmente hay que hacer”.
La charla arrancó con una postal de los años noventa, cuando —según describió— casi todo estaba por hacerse.
“En aquella época se discutía mucho el tema del turismo, tal vez de una forma muy artesanal, de pueblo”, evocó. Nombró a Omar Butara impulsando la Cámara de Turismo, a los primeros debates en el Concejo y a una ordenanza de su autoría que buscaba ordenar el sector.
Después llegaron los distintos gobiernos que, de a poco, incorporaron el tema a la agenda. Primero, el área de turismo con Pablo Boñá. Luego, la decisión política que, para Urquiza, fue determinante.
“La decisión política de desarrollar la costa es de Ariel Santalla. Muchos hablan, pero no deciden ni actúan. Él tomó la decisión firme de hacerlo”, afirmó, en referencia al proyecto que derivó en el actual Paseo Vivo al Río.
Antes se discutía el modelo
El exconcejal marcó una diferencia clara entre aquella dirigencia y la actual. Para él, más allá de las disputas partidarias entre radicales y peronistas, había un rasgo común: se discutía el rumbo.
“Había mucha discusión política, tanto del lado del peronismo como del radicalismo, donde se discutían modelos del Ramallo que queríamos”, explicó.
Según su mirada, hoy eso cambió.
“Estamos en presencia de una dirigencia que actúa por lo que queda bien, o por lo que la gente opina que está bien, y no por lo que realmente hay que hacer”, sostuvo.
Y fue más allá: “Luego de ese cuidado estético, cuando llegan al poder viene la frustración porque no saben cómo utilizarlo, no saben cómo gobernar”.
El puerto y el silencio
Uno de los puntos más fuertes de la entrevista giró en torno al proyecto portuario en la zona de Costa Pobre. Urquiza cuestionó la falta de definiciones públicas.
“Yo no escuché demasiadas posiciones por la cuestión del puerto”, señaló.
Para él, el debate se reduce a aspectos menores mientras se dejan de lado las variables de desarrollo.
“Hay una inversión de 200 millones de dólares, crecimiento, puestos de trabajo directos e indirectos, posicionar a Ramallo como un lugar de logística internacional. Todo eso hay que ponerlo en la balanza”, remarcó.
En cambio, criticó que la discusión quede atrapada en gestos simbólicos: “No puede ser que solamente se ponga un carpincho, tres laureles o la gente que vive ahí hace muchos años. Esa no puede ser la única razón de la discusión”.
Su diagnóstico fue tajante: “Quieren quedar bien con todo. Es la cuestión estética. Nadie dice blanco o negro”.
Política y decisiones
Urquiza insistió en que la política exige tomar posiciones, aun cuando generen costos.
“Cuando uno llega a la función tiene que decidir y tiene que opinar. Y quienes quieren llegar también tienen que opinar”, afirmó.
Recordó que en otros tiempos las diferencias eran más explícitas. “Nosotros teníamos discusiones permanentes, pero lo hacíamos desde una idea, desde la voluntad de contribuir”.
Para él, esa falta de convicciones claras debilita la gestión y termina paralizando proyectos estratégicos.
“Si un grupo inversor no lo hace acá, lo van a invitar a otro lugar. Así funciona el mundo”, advirtió.
La pandemia y el recambio
Sobre el presente político local, también analizó la experiencia del último gobierno no peronista. Reconoció que la pandemia condicionó fuertemente la gestión.
“Le tocaron dos años de pandemia, con poca recaudación y muchos gastos de salud. Eso arrolló con todo ejercicio político”, dijo.
Sin embargo, consideró que después faltó impulso. “Tal vez le faltó decisión para relanzar el gobierno y no mirar tanto lo estético”.
Entre recuerdos de debates intensos y la actualidad más cautelosa, Urquiza dejó una idea que atraviesa toda su reflexión: para transformar un pueblo no alcanza con buenas intenciones.
