11 de febrero de 2026

“Te armás y desarmás la cabeza mientras pedaleás”: crónicas de una joven que hizo del camino su sanación

Lorena del Pardo, viajera nacida en San Pedro, transformó el duelo por la pérdida de su pareja en una travesía de 6.500 kilómetros en bicicleta entre Francia y Noruega. De esa experiencia nació Sobre ruedas y recuerdos, un libro de crónicas personales que presentó este mes y que, como ella dice, fue “más un homenaje para mí que para nadie”.

Hay viajes que empiezan en un mapa y otros que nacen en una herida. El de Lorena del Pardo empezó en el dolor.

Sanpedrina, mochilera desde hace una década y con el mundo como casa, convirtió una pérdida íntima en movimiento. Su pareja falleció en un accidente practicando wingsuit, el deporte extremo conocido como “hombre pájaro”. Frente al vacío que dejó esa ausencia, eligió no quedarse quieta. Tomó una bicicleta, cargó alforjas que pesaban casi 50 kilos y se lanzó a pedalear desde la frontera de Francia con España hasta Noruega. Casi 6.500 kilómetros.

En ese trayecto escribió. Primero para sobrevivir. Después, sin saberlo, para crear un libro.

“Este libro no se escribió rápido. Me llevó tiempo, preguntas y varias versiones de mí”, cuenta ahora, del otro lado del mundo, desde Japón, en diálogo con Radio Ramallo.

Sobre ruedas y recuerdos reúne esas páginas. Son crónicas personales atravesadas por el duelo, el cansancio, el frío, pero también por la decisión de seguir.

El viaje como horizonte

Lorena recuerda que la idea del recorrido no nació sola. Era un proyecto compartido.

“Este viaje lo habíamos planeado juntos y había quedado como una idea para hacer. Me pareció un homenaje para él o para la relación de completarlo por mi cuenta”, explica.

Pero en el camino entendió otra cosa: “Después me di cuenta de que fue más que nada un homenaje para mí, en el sentido de darme ese espacio de decir: bueno, me pongo a pensar en mí y me doy para adelante con lo que sea”.

El viaje se convirtió en una fecha límite emocional. Un objetivo concreto para no desmoronarse.

“A partir de ahí busco como un punto en el futuro para seguir esa chispa que necesitaba para decir: hasta esa fecha tengo que hacer lo que sea para seguir adelante”.

Salió a fines de marzo, con temperaturas amables. Llegó a Noruega en septiembre, ya con clima hostil. Lluvia, viento y frío. El último tramo fue el más duro.

“Obviamente pasé por un montón de estados de ánimo. Era una lucha externa e interna, pero apuntando siempre al punto de cuidarme y de avanzar”.

La cabeza pedaleando

No había entrenado demasiado. Tampoco tenía un plan detallado. Sólo sabía el destino.

“No tenía ninguna planificación antes, ni siquiera estaba preparada para la bici. Pero sabía que de alguna forma lo iba a lograr”.

El verdadero trayecto, admite, sucedía adentro.

“La cabeza en la bicicleta es una locura. Te va a mil por hora. Empezás a pensar en algo y tratás de desarmarlo, como desatar los nudos. Te cansás por lo que pensás, pero a la vez estás cada vez más aliviada”.

Cada día buscaba lugares seguros para dormir. Era su manera de no agregar más peso al momento que ya estaba atravesando.

“Sabía que la vida en sí ya estaba siendo muy complicada para mí. Trataba de no buscar que algo más se me complique”.

Escribir para poder hablar

La escritura apareció antes que la bicicleta. Cuando ocurrió el accidente, no podía hablar de lo que sentía.

“Arranco a escribir porque no podía contar lo que me pasaba. Encontré en la escritura una forma de hablar”, relata.

Primero fueron cartas. Después, diarios de viaje. Cada noche, una página.

El libro no estaba pensado como libro. Era una herramienta para sostenerse.

“Cuando lo mostré, fue para que mi familia y mis amigos entendieran mi proceso. Yo no había podido comunicárselo”.

Sin embargo, esas palabras terminaron convirtiéndose en una obra que presentó el 5 de febrero en San Pedro, su ciudad. Un regreso cargado de emoción.

“Presentar un libro en tu ciudad es de las cosas más lindas. Compartirlo con los tuyos fue hermoso”.

Seguir en movimiento

Hace diez años que Lorena dejó de vivir de manera fija en un lugar. Desde entonces viaja. África fue su siguiente desafío en bicicleta y ya está corrigiendo otro manuscrito.

Ahora recorre Japón y pronto seguirá hacia China. Más liviana, sólo con mochila. Pero con el mismo hábito: escribir.

“A mí escribir me gusta mucho, me ayuda. Es parte de cómo proceso lo que vivo”.

Si algo aprendió, dice, es que el movimiento también cura.

Su historia no busca épica ni hazañas deportivas. Es más íntima. Más humana. Una mujer pedaleando contra el viento y contra sí misma.

Y esa frase que resume todo: “De esta salgo, como sea”.


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