“No pedimos venganza, pedimos paz y libertad”

La voz de Mariflor Villavicencio suena firme, pero cargada de una historia que atraviesa el dolor, el exilio y la esperanza. Venezolana, administradora de empresas y residente en el Partido de Ramallo desde hace varios años, Mariflor puso palabras a lo que viven miles de familias que debieron abandonar su país en medio de la crisis política y social que atraviesa Venezuela.
Su testimonio, brindado a la Radio Ramallo, se da en un contexto de máxima tensión internacional y con hechos recientes que volvieron a colocar al país caribeño en el centro de la agenda mundial.
“Gracias a Dios mi familia está a salvo. Estaban en Caracas y pudieron salir a las cuatro de la mañana a un lugar seguro”, relató al comienzo del diálogo, todavía con la angustia latente por las horas de incertidumbre vividas por sus seres queridos.
“Estamos atentos a todo lo que pueda suceder. Esperemos que esto termine de la manera que queremos los venezolanos: con paz, transición y un país libre”.
Mariflor llegó a la Argentina junto a su esposo y sus hijos cuando eran pequeños. Hoy, aquellos niños son jóvenes que crecieron, estudiaron y se formaron en suelo argentino. Por eso, cuando se le pregunta si volvería a Venezuela ante un escenario democrático, la respuesta es inmediata, pero no exenta de contradicciones.
“Sí, sí volvería. Me gustaría muchísimo estar en la reconstrucción de mi país”, afirmó. Y enseguida agregó: “Voy a estar dividida, porque mis hijos se criaron en este hermoso país. Argentina me dio la mano en los momentos más difíciles de mi vida y de la vida de muchos venezolanos”.
El exilio no fue una decisión sencilla ni voluntaria. Mariflor recuerda con crudeza los motivos que la obligaron a irse y que todavía hoy pesan sobre su familia.
“Mis hijos tuvieron que vivir los momentos más difíciles, como ver que a una madre le pusieran una pistola en la cabeza para que entregara pruebas de un padre fotógrafo que podía mostrarle al mundo lo que estaba pasando”.
Aunque aclara que no se considera exiliada formalmente, sí reconoce que fue forzada a huir.
“Tuve que sacar a mis dos hijos menores con un permiso judicial por tres meses y no regresé. Desde 2015 no pude volver a entrar a mi país. No pude abrazar a mi familia. Vi morir y enterrar a un hermano a través de una cámara”, dijo.
El relato se vuelve colectivo. “Así como estoy yo, hay muchos venezolanos que vieron morir a su familia, que no pudieron despedirse, que viven lejos de sus padres. No digo ‘pobrecitos venezolanos’, es lo que nos tocó vivir por una mala decisión que se tomó”.
Consultada sobre el escenario político y la intervención internacional, Mariflor fue contundente. “Pedimos ayuda a todos: Naciones Unidas, OEA, organismos internacionales. Nadie nos ayudó”, sostuvo. Y agregó una definición tajante: “Un presidente es electo legalmente. Este hombre robó elecciones. No es presidente, es un narcotraficante que destruyó Venezuela”.
También se refirió al Helicoide, uno de los centros de detención más denunciados del país. “Es un sitio de tortura, para políticos y personas inocentes que están en contra del gobierno”, afirmó.
Desde Ramallo, Mariflor observa con respeto las opiniones diversas que surgen en Argentina. “Lo bueno de este país es que hay democracia y libertad de expresión. Acá nadie va preso por decir lo que piensa. Pero el que es venezolano y lo vivió, siente lo que pasó”.
Hoy es ciudadana argentina y agradece las oportunidades recibidas. “Argentina me dio la posibilidad de estudiar y salir adelante. Un país se levanta trabajando”, resumió.
Su deseo personal sigue intacto: volver. Pero la decisión ya no es solo suya. “Mi sentimiento es regresar, pero vine con niños y hoy tengo hombres. Es una decisión familiar”.
Una historia que, desde Ramallo, pone rostro humano a una crisis que todavía espera una salida en paz.
